ARCHIVO DE VETAS

Revista Cultural Vetas. Santo Domingo, República Dominicana. Edición impresa y digital. Archivo de la Edición Digital.

Nombre: pedsarod
Lugar: santo domingo, Dominican Republic

15.2.07

VETAS DIGITAL / Edición 4-77

BIENVENIDOS/WELCOME/BIENVENUE .
.
INFORMACION CULTURAL ACTUALIZADA:
Notas y noticias
Agenda / Convocatorias
Páginas amigas
APARTADOS ESPECIALIZADOS, SECCIONES FIJAS:
Reseñas de libros
De autores
Surtidor de Espejos
Voces de la Diáspora
Clásicos Caribeños
Enlaces / links
Archivos/Files/Fichiers
.
Revista Cultural Vetas:
Pedro Samuel Rodríguez-Reyes, Director/WebMaster Vetas Digital:
vetasdigital@gmail.com
(Santo Domingo)
Rocío Rodríguez-Reyes, Coordinadora Internacional:
vetas.internacional@gmail.com (Madrid/España)
Clodomiro Moquete, Director/Fundador Revista Vetas, Ed. Impresa:

revistavetas@yahoo.es (Santo Domingo)
.

31.7.06

TERESITA MARTINEZ-VERGNE / ENTREVISTA





.
Teresita Martínez-Vergne, PhD,
Univertsity of Texas at Austin, USA.
Autora del libro:
.
"NATION AND CITIZEN IN THE DOMINICAN REPUBLIC, 1880-1916"
.
"Es sorprendente que haya tomado tanto tiempo para que la historiografía dominicana venga a tomar el lugar que le corresponde al lado de la de otros países americanos" : T.M.V.
.
(Teresita Martínez-Vergne acaba de poner en circulación en Estados Unidos el libro "Nation and Citizen in the Dominican Republic, 1880-1916" e inmediatamente fue contactada para esta entrevista desde Madrid, España, por Rocío Rodríguez-Reyes. La autora, es una distinguida académica nacida en Puerto Rico que ha desarrollado su carrera docente e investigativa en Estados Unidos. Como lo indica su título, el libro fue escrito en idioma inglés. Desde ya quedamos a la espera de la correspondiente edición en idioma español).
.
Entrevista
.
Rocío Rodríguez-Reyes:
¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?
.
Teresita Martínez-Vergne:
Este libro surge de mi experiencia investigando y escribiendo Shaping the Discourse on Space hace varios años. Me di cuenta entonces de que controlar el espacio en que los grupos subalternos podían actuar era otra manera de restringir sus acciones de una manera política, en el sentido en que tiene que ver con el ejercicio del poder. De esto, a construir la ciudadanía ideológicamente había una distancia muy corta. Dominicana entró en mi panorama investigativo porque siempre he pensado que el Caribe hispano se repite, como dice Antonio Benítez Rojo, y por esa razón hay mucho que aprender usando métodos comparativos. Habiendo ya escrito por años sobre Puerto Rico y prohibida la entrada a Cuba, me dirigí con gusto a Quisqueya, la bella.
.
¿Cuáles fueron sus hipótesis o cuestionamientos de partida?
.
Yo buscaba las manifestaciones de nacionalidad según las expresaran diferentes grupos sociales en el momento en que la muerte de Lilís permitió el repensar la trayectoria del país. Ya había varias libros sobre este tema para otros países de América Latina, y todos indicaban grandes conflictos entre las expectativas de la clase alta y las aspiraciones de los hombres y mujeres de clase trabajadora. Mi sorpresa en la República Dominicana fue encontrar los valores burgueses de la élite (la inviolabilidad de la propriedad privada, el valor de la educación, la ética de trabajo, la obsesión con el honor) en el seno de la clase trabajadora.
.
¿Cómo se planteó la búsqueda de datos? ¿Visitó Santo Domingo a tal fin? ¿Qué encontró allí que no buscaba (respecto a la temática del libro)?
.
Fui a Santo Domingo muchas veces entre 1994 y 2003, y vivi allí por siete meses en 1996. Varios amigos historiadores, notablemente Roberto Cassá y Raymundo González, me orientaron en el Archivo General de la Nación, donde consulté revistas y libros, y la documentación de los municipios de San Pedro de Macorís y de Santo Domingo.
.
Este tipo de investigación puede ser muy aburrida –informes sobre la distribución de lotes urbanos, listados de animales realengos, discusiones sobre el recogido de basura, quejas sobre la falta de maestros– hasta que una se encuentra con un relato que le da color a la vida urbana de la clase trabajadora que hasta el momento ha sido estudiada desde una perspectiva institucional.
.
Este es el caso con, por ejemplo, la documentación sobre el rompimiento del compromiso entre Lucila Abreu y Manuel Ortiz, cuya separación y división de bienes terminaron siendo eventos públicos y escandalosos. Las vidas que reconstruyo en mi libro se me parecen mucho a las vidas de la gente entre la cual viví durante mi estadía en la capital.
.
Su investigación se centró, al parecer, en el estudio de las ciudades de Santo Domingo y San Pedro de Macorís (y no en Santiago de los Caballeros la segunda ciudad más poblada). ¿Qué características sociológicas encontró en las primeras que no encontró en ésta última?
.
La razón para concentrarme en San Pedro de Macorís y en Santo Domingo es que uno nació y el otro renació a raiz del despegue de la industria azucarera. Santiago, la ciudad señorial, no parecía ser el lugar idóneo para estudiar las nociones modernas de ciudadanía.
.
A grandes rasgos, ¿cómo definiría la sociedad dominicana de finales del siglo XIX?
.
A grandes rasgos y en dos palabras, en transición. Pero claro, ninguna sociedad es estática. Sí creo que la convergencia de varias circunstancias (la apertura política, los avances en la educación, el progreso económico) contribuyó enormemente a la idea de que éste era el momento para dejar atrás los obstáculos del pasado y mirar hacia un futuro prometedor –el llamado muy apropiadamente "discurso del progreso."
.
¿Cuáles eran las ideas nucleares (incluyente/excluyente) que sustentaban la noción de "nación/ciudadanía" de la élite urbana dominicana de principios del siglo XX?
.
La definición era burguesa y europea, y estaba basada en las ideas ilustradas de finales del siglo XVIII. Se privilegiaba el derecho a la propiedad, la libertad de expresión, el valor de la educación, el acceso al mercado de trabajo, y la participación política, entre otras cosas. En la medida en que los ciudadanos ejercieran estas prerrogativas, el país y cada uno de los individuos que componían la nación se consideraban en vías de la modernidad.
.
En las relaciones cotidianas, ¿se percibía alguna tensión especial entre "dominicanos" y ciudadanos de color y/o haitianos? ¿Pudo conseguir algún testimonio de ello?
.
Sí, al igual que hoy día. El calificativo "negro" es de aplicación exclusiva para los haitianos, cuando hay dominicanos del mismo color. La construcción social de la raza es algo que me interesa mucho. En nuestros países, una "emblanquece" y obtiene status social de acuerdo al grado de educación, el nombre de familia, su comportamiento, el dinero del que dispone. Es preocupante que el color, una cualidad tan subjetiva, se utilice para calcular el valor de una persona.En pleno debate hoy en día, está la definición (re-definición) de la "dominicanidad", por parte de nuestros intelectuales.
.
¿Cuáles serían, según su criterio, los elementos necesarios para terminar de conformar dicha definición? ¿Qué aspectos "cohesionadores" han estado (están todavía) ausentes? ¿Cómo integrar diversidad y representatividad con unos objetivos comunes?
.
La dominicanidad, cualquier concepto de nacionalidad, es a mi parecer algo fluido, que se presta para los usos que la sociedad, varios niveles de ella, quieran darle en cualquier momento histórico. El día en que se fije o se concretice, para nunca más cambiar, jamás vendrá –y por suerte, en mi opinión. Uno de los aspectos más interesantes de mi investigación es la noción de la identidad nacional como una creación de diferentes grupos sociales con sus agendas correspondientes y sus intereses definidos, en conflicto o colaborando con otros grupos, deliberada o inconscientemente.
.
Creo que el concepto de "etno-nación," según lo usa Frances Negrón-Montaner para referirse a la población puertorriqueña que se ha establecido en los Estados Unidos, es aplicable igualmente al éxodo dominicano, inclusive a Europa, en años recientes. De acuerdo a esta historiadora, dónde se encuentren los puertorriqueños, y por extensión los dominicanos, en la isla o en el extranjero, tiene poco que ver con su capacidad de entenderse como parte de la comunidad nacional puertorriqueña (o dominicana).
.
¿Continúa el discurso de la élite dominicana, un siglo después, "divorciado" de la realidad?
.
Solamente en el sentido en que no se reconoce, porque no conviene, que hay muchas fuerzas sociales que contribuyen a las definiciones que cualquier grupo dominante quisiera controlar totalmente. La dominicanidad se hace día a día, no se impone desde arriba y de una vez por todas.
.
¿Cree que existió mayor cohesión social, una idea mejor definida de "ser dominicanos" durante la primera mitad del siglo XIX, en tanto la sociedad dominicana era, todavía, básicamente rural? ¿Cómo cambió éste concepto, durante el proceso de urbanización e industrialización, a partir de finales del mismo siglo?
.
Buena pregunta. No creo que existan dos Dominicanas, una rural y otra urbana, una atrasada la otra moderna, una caudillista la otra democrática, una tradicional la otra contemporánea. Creo que los mismos conflictos, las mismas divisiones, existían y existen en la una y en la otra, si es que se deban o puedan distinguir. La noción de ciudadanía moderna, burguesa, y occidental que se dio en Santo Domingo y en San Pedro de Macorís expuso, igual que conceptos similares en el campo, las divergencias de clase, de raza, y de género que existían y existen en los entornos urbano y rural.
.
En los últimos años, hemos visto un inusitado interés de parte de investigadores y profesores norteamericanos por el estudio de nuestra historia y sobre la construcción y los conflictos de nuestra sociedad, plasmado en libros tales como "Why the cocks fight?" de M. Wucker, "Race and Politics in the Dominican Republic" de Ernesto Sagás, "The dictador next door: The good neighbor policy and the Trujillo regime in Dominican Republic" de Eric Roorda, etcétera. ¿A qué se debe? ¿Es la sociedad dominicana un "caso atípico" en lo histórico y sociológico respecto de la región?
.
Es sorprendente que haya tomado tanto tiempo para que la historiografia dominicana venga a tomar el lugar que le corresponde, al lado de la de otros países americanos. Estos autores que mencionas (y hay muchos más, tanto norteamericanos como dominicanos) estudian los mismos procesos, las mismas personalidades, que otros en América Latina. Y por alguna razón, nunca ha habido una conversación, un intercambio en ambas direcciones entre la República Dominicana y el resto de América Latina en los escritos que salen de los Estados Unidos.
.
Dominicana no es una anomalía; es otro ejemplo más, con circunstancias diferentes, de la misma trayectoria histórica que observamos en el resto de América. Estas investigaciones recientes, al igual que las anteriores, nos sirven bien a los estudiosos de América Latina para establecer comparaciones, y así entender mejor los procesos y eventos que caracterizan a nuestros países. Dada la calidad de la obra académica colectiva que se origina en Dominciana, no hay nada que me explique a mí por qué el interés es reciente, como tú bien notas, y no histórico.
.
------
Teresita Martínez-Vergne, PhD.
Curriculum Vitae:
-----
Ir a la página principal de Vetas Digital: http://vetasdigital.blogspot.com
Ir al inicio de esta página: http://archivodevetas.blogspot.com

Cristina Huerta / Poema Siete

28.3.06 / Vetas 3-76



CRISTINA HUERTA,
POEMA

Siete

I
Coge mi mano,
piedra asimétrica,
llena de pasión,
mi mano,
cicatrices coge.

II
Enseñoréate de mi mirada,
de aletargada a inquieta,
pronta a columpiarse en la línea del pájaro,
apenas convocada.

III
Piérdete en el espacio inabarcable entre tu mano y mi mirada,
mis ojos y la firmeza de tu mano,
pierde el tiempo que dedicas a servirle a la idea
y ásete a la liviandad de saber que me he perdido del hombre y de ti,
en la anchura del moho que me recubre y me recobra
coróname de asfalto.

IV
Enervado lo que fue ahínco,
la esencia de las cosas dilapida.

V
Caracola y mediatinta cojo tus ojos,
absorbo tus manos,
te baño de café sabor a mártir,
la nervadura de mi lengua escancia lisura
sobre el mármol que se agrieta.

VI
Lo ignorado siempre aviene,
viene a ser lo que mejor sabes.

VII
Siéntete libre,
y no apuesto al imperativo,
siéntete libre,
ya lo sabías,
soy toda oídos y calavera,
obsecuencia reencontrada,
perdida.

Cristina Huerta (foto arriba, der.) es una muy joven escritora perteneciente a la generación del nuevo milenio. Es autora de cuentos y poemas de innegable calidad literaria, algunos de los cuales han sido ya insertados en ediciones anteriores de esta revista. Ella cursa la carrera de cinematografía en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Auguramos de ella grandes aportes a la literatura dominicana.

Ir a la página principal de Vetas Digital:
http://vetasdigital.blogspot.com
Ir al inicio de esta página:
http://archivodevetas.blogspot.com

POEMA DE AMOR PARA PERDERTE / César Zapata

27.3.06
CESAR ZAPATA,

POEMA

Poema de amor para perderte


Entonces fue cuando descubrí el cadáver decorado.
A la derecha del sueño se humedeció la noche y levantó alas la añoranza
que puse en el pulso sin latido de otra sombra.
Yéndose, la mano del adiós es bandera de derrotados.
Subir a la cima de los huesos rotos
y dejar allí las vestimentas del principio:
Oh, la felicidad que orinaste en mis zapatos.
Cuánto espanto puede goce ondear sobre este viento de hostias pisoteadas.
Y sin cumplir su día la rana salta a otra rama.
Un número mira por las hendijas del susto,
Está esperando la espera que se tarda
Como esclerosis que corrige el curso de las horas.
No te detengas en la desembocadura de lo perdido,
No pienses ni oigas, sólo baila en tu mosaico sado,
Que un río de cuerpos empujará tu fantasma a su destino.
La fiesta durará hasta el próximo movimiento
de la abierta posibilidad de quedarnos ungidos
por la triste mirada de un semáforo.
Hay mala noche para comer dulces tirados por la luna
Y llorar luego por el que pediste a gritos que muriera.
Hay sollozos que excavan con uñas en el cuerpo
Y felices danzamos con la sangre de nuestro propio corazón.
Pero no te detengas, sigue mirando por la ventana que abriste
A la carne hecha de besos,
Sigue afilando tus garras contra el otoño roto de la ternura.
Aposentarse en la ligereza es el sentido de tu vida
Reclamada por la muerta de miedo que es tu imagen.
Escrita la biografía de estas frutas podridas,
No queda más que saltar la barandilla, hundirse en los estertores,
Adherirse a la ciudad.-

César Zapata es escritor y poeta dominicano

-----

Ir a la página principal:
http://vetasdigital.blogspot.com
Ir al inicio de esta página:
http://agendaculturaldevetas.blogspot.com

Edic. 4-77 HISTORIA DE SANTIAGO DE CUBA (II)

HISTORIA DE SANTIAGO DE CUBA.
.
Reanimación económica. Primeros rasgos de autoctonía. (1700-1808)
.
Por Lic Luis Acosta Brehal
.
Introducción.

Desde su fundación en 1515, la villa y luego ciudad de Santiago de Cuba vivió un período de auge de varias décadas, que distintos factores hicieron colapsar, hasta el traslado de la capital de la colonia a La Habana. Así, desde mediados del siglo XVI y durante todo el XVII vivió la ciudad en un estado de aletargamiento profundo, apenas perturbado, -para su beneficio-, por el despoblamiento forzado de Gonaibes, la conquista inglesa de Jamaica, y un ciclón que con sus lluvias provocó inundaciones cuyos arrastres cerraron la navegación por el río Cauto, con lo que buena parte del contrabando de Bayamo vino a efectuarse en Santiago.

No obstante estos siglos de desventuras sirvieron para que en el territorio santiaguero se constituyera una oligarquía patricia dueña de los mecanismos de poder en su entorno, es decir, del cabildo y de cuya influencia no podía sustraerse la autoridad departamental española. Además, en lo fundamental ya estaba constituida la estructura social del territorio: ricos oligarcas y comerciantes en su mayoría criollos, altos funcionarios españoles, y el obispo y los eclesiásticos integrantes del cabildo catedralicio, como sector privilegiado. El resto de la población estaba integrado por blancos pobres, mulatos y negros libres, dedicados casi todos a la agricultura, y por supuesto los esclavos, negros o mulatos, parte de los cuales servían a sus amos como sirvientes domésticos.

La economía, muy pobre, se sustentaba en la explotación extensiva de la tierra en grandes hatos ganaderos con bajo aprovechamiento del ganado, una agricultura de subsistencia y un comercio mayormente de contrabando que generaba pocas ganancias, y por lo tanto no daba lugar a la formación de grandes capitales invertibles en el crecimiento económico. Para Santiago, este comercio de contrabando perfilaba ya vínculos importantes con otras tierras del Caribe colonias o no de España, así como un intercambio humano y cultural que siglos después tendrá particular significación. Baste señalar que como atestiguan los archivos coloniales, ya desde entonces era frecuente que santiagueros, dominicanos, jamaicanos y otros habitantes de las islas caribeñas vivieran temporadas más o menos largas en una u otra isla.

El gobierno colonial regional. La oligarquía santiaguera y el fracaso de su aspiración desarrollista.

Con el siglo XVIII, se abre para Santiago un período de acumulación de fuerzas que se extiende hasta más o menos el 1790, y nace en España la dinastía borbónica enfrentada a la necesidad de modernizar el atrasado estado español y su sistema colonial. Con el apoyo francés, debía también hacer frente a la liga de Portugal, Inglaterra y Austria, que deseaban reinstaurar en el trono español a la dinastía austríaca.(1) Esta fue la llamada Guerra de Sucesión.

La actividad gubernamental borbónica se caracterizó, entre otros hechos, por su política sistemática de centralización del poder, extendida a sus colonias. En octubre de 1729 el coronel Pedro Ignacio Jiménez asumió el gobierno del Departamento dispuesto a aplicar la política borbónica. Por ello prohibió al cabildo otorgar mercedes de tierras y solares urbanos, trató de aplicar con rigor el monopolio del tabaco, impedir el contrabando, etc. todo lo cual le otorgó la enemistad de la oligarquía.(2) Provocó además, un serio conflicto con los esclavos del Cobre en 1731 al pretender someterlos a su voluntad, lo que condujo a la insubordinación de dichos esclavos.

El cabildo santiaguero se quejó continuamente al Rey de la actuación de su gobernador, quejas que apoyó el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz. Se alegaba que el descontento generalizado podía ser aprovechado por los ingleses desde la cercana Jamaica para arrebatar Cuba a España, y la corona, presionada de esta forma y necesitada del apoyo de la oligarquía para sostener su poder colonial, prefirió sacrificar a su gobernador deponiéndolo en 1734. Este fue un triunfo de la oligarquía santiaguera frente a la política centralizadora de los Borbones, demostrativo de su fuerza en el territorio, sustentada en sus 600 mercedes de hatos y corrales, en la dependencia que respecto a ellos tenían los campesinos arrendatarios, en su dominio del cabildo, etc.

Sin embargo el gobierno de Pedro I. Jiménez marcó el inicio del lento pero progresivo declinar del poder oligárquico, como prueba el hecho de que desde entonces perdió el derecho de mercedar tierras. La monarquía también ratificó la dependencia de Santiago de Cuba a la Capitanía General, por lo que la oligarquía, deseosa de un mayor espacio de poder y oportunidades de desarrollo, pidió al Rey la conversión del Departamento en Capitanía General, petición rechazada entre otras cosas por la fuerte oposición de la oligarquía habanera.

Pese a perder poder, la oligarquía mantuvo el control del Cabildo, su preeminencia económica, social y cultural, e incluso, logró acceso a puestos importantes del aparato de gobierno colonial.

Los enlaces matrimoniales reforzaban su alianza con gobernadores y funcionarios, así como con la Iglesia y su Cabildo. A tono con su preeminencia, comienza a preocuparse por su status cultural, y sus hijos son enviados a estudiar en La Habana y España, así como a Méjico.

Por otra parte, la política centralizadora de los Borbones requirió gobernadores más capaces para el desempeño de sus funciones. En este plano se destacan los gobiernos de Francisco Antonio Cagigal de la Vega (1738-1746), el brigadier Alonso Arcos y Moreno (1746-1754), y el de Fernando Cagigal (1763-1769). Algo después, destacan los gobiernos de Nicolás de Arredondo (1782-1788), el brigadier Juan Bautista Vaillant (1788-1796), el coronel mejicano Juan Nepomuceno Quintana (1796-1798), el brigadier santiaguero Isidro Limonta (1798-1799), y Sebastian Kindelán (1799-1810). Todos, se esforzaron en aplicar la política centralizadora de los borbones, pero tratando de no entrar en conflictos con la oligarquía, que en su mayor parte estaba integrada por criollos. Por eso propiciaron el contrabando, apoyaron las demandas y peticiones de los ricos santiagueros al Rey, se opusieron al monopolio comercial habanero, defendieron el comercio con Cartagena y otros puertos de Tierra Firme y el Caribe, lucharon contra las trabas al comercio, reclamaron la libre obtención de fuerza de trabajo esclava, denunciaron los impuestos abusivos que frenaban el comercio y la producción, etc. A los cinco últimos de estos gobernadores se les conoce como Ilustrados, entre otras razones, por su vinculación con lo más avanzado de la oligarquía local, deseosa de cambios que condujeran al progreso.
.
Nicolás Arredondo, promovió la creación de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, la que desde su fundación en 1787 desarrolló una importante labor promoviendo la publicación de un periódico, el estudio de plantas medicinales, la introducción de nuevos cultivos y técnicas agrícolas, mejoras en la enseñanza, el uso de la litografía, el acercamiento a las ciencias y nuevas formas de pensar.(3)
.
Todos estos gobernadores se ocuparon de mejorar la situación de la ciudad con construcciones de mayor calidad y prestancia, tanto civiles como religiosas y administrativas, se mejoraron las comunicaciones especialmente con Bayamo, perfeccionaron la administración del Departamento, crearon escuelas e instituciones benéficas, reforzaron las defensas y mejoraron las condiciones de estancia de las tropas, fortalecieron las milicias, se empedraron calles y se mejoró el alumbrado público, mejoraron las condiciones portuarias, la Plaza de Armas y el edificio del Cabildo o Ayuntamiento, gobierno y cárcel, se enfrentaron a la proliferación del juego y otros vicios, etc.
Todo este período fue de un crecimiento lento en las primeras décadas, pero más acelerado en las finales; período durante el cual el territorio disfrutó de la ilustrada labor del obispo Pedro A. Morell de Santa Cruz, promotor de la cultura y de los oficios, introductor o iniciador de renglones económicos como la apicultura y el cultivo del café. También en esta época Santiago se benefició de la ilustrada y liberal actividad y pensamiento de Nicolás Joseph de Ribera, nacido en Santiago de Cuba en 1724, tenaz defensor de las aspiraciones de progreso del territorio y de Cuba.(4)
.
Pese a todo, la ciudad y su territorio seguía siendo durante el siglo XVIII bastante pobre, razón por la cual la Iglesia gestionó ante el Rey el traslado de la sede del obispado a La Habana, donde los diezmos serían más abundantes. A tenor de las realidades de la Isla en 1789 la corona la dividió en dos obispados con sedes en La Habana y Santiago de Cuba.(5)
.
Esta pobreza no pudo ser vencida por los intentos desarrollistas de la oligarquía. Por ejemplo, la idea y propuesta de colonizar la zona de la bahía de Nipe, que podría usarse como puerto bien situado para competir en las rutas comerciales del norte; la de crear en Santiago de Cuba una compañía comercial de carácter monopolista para competir en el comercio caribeño, o la idea de colonizar la región de Santa Catalina, (Guantánamo) con un buen puerto y una importante producción de sal, fueron proyectos ninguno de los cuales prosperó, pese al apoyo y gestión del Cabildo, y de gobernadores como Carlos de Sucre y Juan de Hoyos Solórzano. Chocaron con el desinterés de la corona, la oposición de los capitanes generales, de la oligarquía habanera, de la Real Compañía de Comercio de La Habana (creada en 1740), y con la falta de capitales propios. Además, la ausencia o pequeñez de los situados fue otro obstáculo.(6)

Evolución económica. Influencias externas.

La llamada Guerra de Sucesión dio lugar a que el entonces gobernador departamental Juan Barón de Cháves, embargara los bienes del asiento portugués para el comercio de esclavos, negocio que España entregó en 1702 a la Compañía de Guinea de nacionalidad francesa, la que estableció una factoría en Santiago de Cuba. En 1713, el negocio pasó a la inglesa nombrada Compañía de los Mares del Sur, que mantuvo la factoría santiaguera por espacio de unos 25 años.(7)
.
Esta factoría permitió que la oligarquía viera satisfecha su vieja demanda acerca de la fácil y barata adquisición de esclavos, necesaria para el desarrollo de la economía y la producción de azúcar. El crecimiento fue sin embargo lento por la falta de mercados de gran demanda, ya que los principales: Inglaterra y Francia tenían sus necesidades cubiertas con la producción de sus propias colonias. El comercio legal que se tenía con los puertos de Tierra Firme demandaba poca azúcar aunque la pagaba a buenos precios. Por esto, y por la ausencia de capitales, la industria azucarera se mantuvo con lento crecimiento, técnicamente atrasada, con mala organización del trabajo esclavo, poco productiva y onerosa. No pudo ser como en otras partes, el motor impulsor de la economía a pesar de la disponibilidad de fuerza de trabajo.
.
Las compañías no sólo tenían derecho a traer y vender esclavos, sino que se les permitía introducir ropas y géneros con destino a la factoría, lo que aprovechaban para encubrir un activo comercio de contrabando con comerciantes de Barbados, Las Trece Colonias y Jamaica.
.
Compitiendo con la compañía inglesa también se relacionaba con Santiago la española llamada Compañía Guipuzcoana de Caracas, que además de contrabandear, tenía la ventaja de poder realizar el comercio legal y de dar protección armada al comercio, ofreciendo mejores precios de compra y venta. La actividad de ambas compañías fue beneficiosa para Santiago, pues creció su comercio legal e ilegal, se realizaron negocios con buenos dividendos y de magnitud mayor a la acostumbrada, para beneplácito de la oligarquía. Esto provocó una mayor circulación monetaria, el crecimiento del mercado interno y de la producción artesanal, la que se consolidó y comenzó a crear una tradición y estilo propios, ajustado a las condiciones de vida y a la cultura que emergía en la ciudad.
.
La pequeña mejoría económica que se experimentaba estimuló el crecimiento poblacional y con él, el de la producción de frutos menores, legumbres, huevos, y aves, dentro de la tradicional economía de autoconsumo.
.
El importante renglón de la ganadería mantuvo sus características, aunque aumentaron las ventas de cueros, sebo, y carne salada. Se inició con Jamaica la venta de ganado vivo.

En los primeros 70 años del siglo XVIII el sector económico más dinámico fue el comercio -legal o ilegal- siempre vinculado a la actividad corsaria. Legalmente se desarrollaba con Jamaica y Saint Domingue -cuando no había guerra con Inglaterra o Francia- y era ventajoso por los precios, calidad y variedad de las mercancías que se obtenían, y que no pocas veces se reexportaban a Porto Bello, Cartagena, Santa Marta, el Golfo de Honduras, Campeche e islas del Caribe. Se comerciaba también con La Habana y España. Pero este reducido comercio legal era inestable debido a las frecuentes guerras que desarticulaban las relaciones mercantiles y el sistema de flotas. Además, la monopólica ciudad de La Habana, frecuentemente impedía la llegada a Santiago de los buques de la flota destinados a esta ciudad, al punto de que en 1719 el Cabildo santiaguero se quejaba al Rey porque en once años no se había recibido nave de registro en este puerto.(8)

Pese a todo, Santiago de Cuba tuvo una mejoría sensible si se le compara con la situación de siglos anteriores, avance en que tuvo un papel destacado la actividad corsaria, ligada al comercio y el abundante contrabando.(9)
.
Durante las guerras, las naves corsarias usadas contra los enemigos de España, también hacían el comercio cuando podían. Los buques mercantes por su parte cuando les era posible se dedicaban al corso también. Las acciones corsarias eran un gran negocio ya que con pocos gastos se podía obtener un rico botín en mercancías, dinero, esclavos, etc. del cual se beneficiaban el capitán corsario, el armador o financiero de la nave, y el gobierno. El corso permitió a parte de los potentados de la ciudad acrecentar sus fortunas.(10)

En 1704 durante la Guerra de Sucesión, dos fragatas salidas de Santiago, tripuladas mayormente por voluntarios y bajo el mando del gobernador departamental, atacaron las islas inglesas de Providencia y Siguatey, en Las Bahamas y regresaron con un enorme botín. El éxito fue tan grande y sonado, que en recompensa el Rey Felipe V le otorgó a la ciudad en 1712 el título y escudo de Muy Noble y Muy Leal.(11)

Para 1747 eran muy conocidos los capitanes corsarios santiagueros Francisco Veranes, Bartolomé Valladón, Vicente López, Pedro Acosta, Luis Pavón y Joseph González,(12) destacados en la llamada Guerra de la Oreja de Jenkins que se inició en octubre de 1739, durando hasta 1748.

El escenario principal de esta guerra con Inglaterra fue el Mar Caribe, y tuvo una fuerte incidencia en la ciudad de Santiago de Cuba por varias razones. Entre ellas, las riquezas traídas por sus corsarios, lo que motivó que fuera esta época la más feliz de Cuba. Por ejemplo en 1740 se capturaron dos ricos cargamentos y más de cien prisioneros.(13)

También la guerra dio lugar a que el Gobernador del Departamento, Francisco Cagigal, se ocupara de reforzar las defensas de la ciudad. Reparó y mejoró los castillos del Morro y La Estrella, construyó parapetos, trincheras, y torreones en la costa y playas cercanas como Aserradero y Guajaibón; las trincheras y parapetos de Aguadores fueron convertidas en una fortaleza y se construyó y artilló la batería de Cabañas.(14)
Los ingleses por su parte renovaron el plan de apoderarse de Cuba, comenzando por Santiago de Cuba, para lo cual alistaron en Jamaica 5 000 hombres y 57 buques al mando del almirante Vermont y del general Wenworth. En 1741 bloquearon el puerto de Santiago de Cuba mientras las tropas desembarcaban en las cercanías de Guantánamo, desde donde avanzaron sobre Santiago.

Cagigal alistó las milicias y todas las tropas disponibles, repartió armas a los voluntarios, reforzó la guarnición de las fortalezas, pidió refuerzos al resto de la Isla, y formó varios destacamentos, con los cuales realizó un continuo hostigamiento a las fuerzas invasoras desembarcadas, tan efectivo, que obligó a las tropas inglesas a regresar a su punto de partida -Guantánamo-, donde el general Wenworth construyó un campamento fortificado con el nombre de Nueva Cumberland. Allí se estableció en espera de refuerzos, y continuamente hostilizado por los destacamentos de Cagigal.

Mientras, los corsarios santiagueros incrementaron sus ataques a las líneas de comunicaciones y comercio ingleses, obligando a la flota a dispersarse para protegerlas, y aflojar el bloqueo sobre Santiago.

Las cuantiosas bajas que sufrían y la falta de abastecimientos y refuerzos puso a las fuerzas de Wenworth en situación difícil luego de cuatro meses de estancia en tierra, por lo que se vieron forzados a retirarse, derrotados por las fuerzas de Cagigal.

Durante la guerra, entre 1739 y 1742 los corsarios causaron a Inglaterra pérdidas por 31 millones de libras, gran parte de ellas por los de Santiago de Cuba, actividad corsaria que también encubrió un amplio contrabando.(15)

Por sus éxitos Cagigal fue ascendido y nombrado Capitán General en 1746 y lo sustituye Alonso Arcos y Moreno, el cual enfrentó un nuevo ataque inglés en 1747, cuando las fuerzas de Charles Knowles trataron de conquistar Santiago con un ataque por mar el 9 de abril y otro terrestre el día 10, teniendo que retirarse en ambos casos con graves pérdidas.(16)
.
Cagigal desde la Capitanía General, y muy vinculado entonces a la oligarquía habanera y a los accionistas de La Real Compañía de Comercio, se convirtió en un tenaz enemigo del comercio de contrabando, aceleró la implantación de la centralización, limitó las libertades de la oligarquía oriental, y dictó órdenes diversas, impuestos y medidas, que perjudicaban seriamente a los potentados santiagueros y al territorio. Esto provocó enérgicas protestas del cabildo alegando los perjuicios que sufría esta ciudad, se denunció a la Real Compañía por los males que causaba a la ciudad y su zona agrícola, y cómo los productores de tabaco abandonaban el cultivo por la política de la misma. Se explicó que la desatención de la Real Compañía al no abastecerlos de mercancías y esclavos obligaba al contrabando, etc. La corona, que no deseaba enemistarse con la oligarquía santiaguera y oriental, atendió parte de sus reclamos y ordenó la venta de 500 esclavos en Santiago de Cuba.(17)

Las protestas no pudieron evitar la continuidad del fortalecimiento de la política centralizadora y la consiguiente pérdida de preeminencia de la oligarquía, y aún cuando se mantuvo el contrabando, las aspiraciones de crecimiento económico independiente y acelerado no se realizaron.
.
Parte destacada de la política centralizadora era la modernización y fortalecimiento de las finanzas del estado español. Se acudió a varias medidas para incrementar los ingresos en un proceso que duró varias décadas y que terminó con el perfeccionamiento de La Real Hacienda hacia 1760. Entre esas medidas figuró La Composición, mediante la cual las tierras mercedadas que eran propiedad del Rey, se vendieron a sus usufructuarios. Con ello quedó establecida la propiedad capitalista de la tierra, y se eliminó el impuesto de La Rueda.
.
La Real Hacienda modernizada, significó un mayor orden y claridad en el sistema tributario, la disminución del número de impuestos y mayor facilidad para las labores comerciales y productivas.

El 11 de junio de 1766 la ciudad sufrió un desbastador terremoto, seguido de una epidemia de viruela y fiebre amarilla. Al iniciarse la década de 1770 la ciudad está restableciéndose de esas calamidades, y la oligarquía continúa su batallar por mejoras. Así lo muestra la fundamentación de las peticiones al Rey, que realiza el síndico del Cabildo doctor Tomás Creach el 30 de enero de 1775, en la cual alega que la ciudad posee un importante puerto situado en posición ventajosa, un vecindario numeroso, un comercio en el que participan buques españoles y de otras naciones, tierras fértiles y abundantes, útiles maderas, gran producción de azúcar, granos, frutos y ganado. Añade que el tabaco exportado tuvo un valor de 150 mil pesos, etc.(18)

A juzgar por estos planteamientos puede afirmarse que la ciudad y su entorno tienen condiciones y potencialidades económicas para crecer. En realidad, hasta esa década el crecimiento ha sido relativamente grande comparado con siglos anteriores, se ha crecido en la producción ganadera, el azúcar, la producción agrícola en general, y se incorporó un rubro: el tabaco, que pese a las trabas monopólicas de la corona y la Real Compañía, fue importante, sobre todo porque sustentó la actividad económica de un grupo numeroso de pequeños y medios campesinos, arrendatarios o dueños de la tierra.
.
Para esta década la producción azucarera se realiza mediante pequeños ingenios y trapiches, sujeta a los vaivenes de los precios que en los 70 tienen tendencia a la baja por los menores costos de producción de las colonias inglesas y francesas. Precios bajos, altos impuestos, y altos precios de la fuerza de trabajo esclava, impiden a la oligarquía capitalizar.

Al firmarse una nueva paz con Inglaterra en 1763, se crea un nuevo monopolio en la trata negrera, al otorgarse el asiento del negocio a la Compañía General de Negros, que vende su mercancía a altos precios. Esto, unido a la poca productividad del trabajo esclavo y al costo que representaba su manutención, incrementó la tendencia que ya existía en la zona oriental, a convertirlos en arrendatarios.
.
Por su parte la producción ganadera mejoró al pasarse de la cría extensiva a la intensiva mediante el uso de los potreros, y aumentarse el número de hombres dedicados a la atención del ganado que fue entonces más sistemática. Este cambio lleva a la división de los grandes hatos en propiedades más pequeñas: potreros o explotaciones agrícolas que producen para el abasto de la ciudad y las dotaciones de esclavos. La producción agrícola tiende a diversificarse con un discreto avance de la apicultura y la producción de café.

En 1783 una nueva guerra con Inglaterra, la independencia de Las Trece Colonias, y la Revolución Industrial, provocaron grandes cambios y problemas en el comercio de esclavos, seria dificultad para la oligarquía, que demandaba insistentemente a la corona la libertad de la trata. En 1783 el Rey autorizó la compra de esclavos en las colonias francesas, y en 1789 decretó la trata libre o libre comercio de esclavos,(19) importante paso en la ruptura del monopolio comercial español. La trata libre sirvió para amparar un intenso contrabando de los buques santiagueros, que en otros puertos compraban unos pocos esclavos y realizaban una intensa compraventa de mercancías, lo que ocurría también con barcos de otras naciones, llegados a Santiago.(20)
.
Legal o ilegal, el comercio exterior crecía, pero no ocurría así con el interior. La escasez de monedas de pequeña denominación, los pequeños situados destinados a Santiago y otros factores limitaban el mercado interno, pese a la existencia de numerosas pulperías, tabernas, talleres artesanales, y tiendas, dispersos por la ciudad, a los que se unían los vendedores ambulantes que la llenaban con sus pregones. Este mercado cayó en crisis hacia 1781 y las autoridades tuvieron que poner en circulación 30 000 pesos en monedas de cobre de la época del gobierno de Cagigal, y que fueron sacadas de la circulación cuando se puso en uso el peso fuerte, equivalente a cuatro reales.(21) Al año siguiente se tuvo que poner en circulación monedas de cartón, naipes o barajas francesas, las que se conocieron como monedas de necesidad, y que pronto fueron falsificadas y dieron lugar a una fuerte especulación.(22) Estos hechos muestran que la economía del territorio, si bien crecía, también afrontaba serias dificultades, por lo que los alegatos al Rey en demanda de reformas no cesaban. Presionado por ellas, y obligado por el acelerado afianzamiento en Europa del capitalismo y su Revolución Industrial, e incluso, por la fuerza que en algunas regiones de la península tomaba el capitalismo, el estado español se vio obligado -más allá de lo que suponía su política centralizadora-, a modernizar su estructura económica y sus relaciones con las colonias, adoptando diversas medidas que significaron en la práctica la ruptura del monopolio comercial, entre las cuales se destacan la creación de la Intendencia de Hacienda, la eliminación en 1767 de la Real Compañía de Comercio, la autorización al puerto de Santiago para comerciar directamente con España en 1778, etc.(23)
.
El efecto acumulativo de estas medidas se hizo patente en los últimos 20 años del siglo XVIII. Comercio exterior y producción interna se estimulaban uno a otro, y la economía tomaba el rumbo de producir para el mercado exterior; disminuyó el contrabando a pesar de los altos impuestos al producto no español, y la actividad de la Intendencia de Hacienda facilitó las operaciones comerciales.
Estos factores positivos no deben conducir al espejismo de una bonanza económica grande para el territorio. Más bien se trata de que los mismos ayudan a confirmar las potencialidades económicas territoriales. La real situación la retrata el doctor Joaquín Osés de Alzúa y Cooperacio, arzobispo de Santiago de Cuba en informe al Rey de noviembre de 1794, en una de cuyas partes dice:
[...] habiendo logrado La Habana tantos auxilios para su incremento y grandeza, lejos de haberlos participado, Cuba se miró lastimosamente aniquilada y destruida, se habrá creído tal vez por los que han dirigido los intereses de la Isla, que La Habana no podía ganar sin que perdiese Cuba, o que no podría enriquecerse aquella, sin que empobreciese esta pretendiendo levantar una grandeza propia o con la ruina de otra, sin hacerse cargo que no pueden perder las partes sin que pierda el todo de que se compone, sin considerar que si una parte crece demasiado, aunque sea la cabeza, si toda la sangre acude, y se fixa en ella el cuerpo queda apoplético, toda la máquina se descompone y perece.(24)

El desarrollo propio de la región, los cambios en la política española, el acceso al mercado caribeño de la nación norteamericana, las influencias de la Revolución Industrial, y de la Revolución Burguesa en Francia, y principalmente los efectos de la Revolución Haitiana, se unirán para que en el territorio santiaguero se produzca una verdadera explosión en el crecimiento económico.

El conflicto en Haití creó un vacío en el mercado de azúcar y café favorable a la oligarquía cubana y santiaguera. Provocó además, -y entre otras cosas-, una fuerte inmigración de haitiano franceses a la zona oriental de Cuba, especialmente a Santiago de Cuba y sus zonas inmediatas, los que llegaron en varias oleadas entre 1791 y 1803, estableciéndose aquí un elevado número de ellos, que algunas fuentes cifran en 30 000 personas.(25) En este número se incluyen esclavos traídos por sus dueños. Fue una inmigración de calidad, integrada por grandes hacendados y comerciantes, administradores experimentados, médicos, buenos artesanos, técnicos, trabajadores asalariados, campesinos, etc. muchos de ellos hombres de buena cultura, conocimientos técnicos, y experiencia en el manejo y organización de empresas agrícolas y comerciales, con arreglo a las prácticas capitalistas.
.
Varios efectos produjo en lo inmediato y mediato este arribo de inmigrantes: el aumento de la población y por tanto del consumo para beneficio del mercado interno, el reforzamiento de la ideología reaccionaria pues eran en su mayoría enemigos de la revolución y el abolicionismo, un influjo cultural renovador, y un potente impulso a la economía de la ciudad y sus alrededores, que llevó además a la ruptura de viejas costumbres en este campo del quehacer social, con una mentalidad utilitaria, emprendedora y ágil.

Sebastián Kindelán, -Gobernador del Departamento-, apoyó el establecimiento de los inmigrantes y les dio todas las facilidades que pudo; gestionó y consiguió que la corona mediante medidas fiscales les beneficiara en los negocios que iniciaban. Los que disponían de dinero, -no muchos-, como Luis de Belle, Wanton, Prudencio Casamayor, y otros, compraron tierras. Por ejemplo, Casamayor compró a la Real Hacienda y a particulares una buena extensión de tierras en el partido de Limones, que dividió en lotes de 10 caballerías, y los arrendó a otros inmigrantes de menor fortuna. Fue una novedad la constitución en 1803 de sociedades o compañías para la adquisición de tierras. Luis de Belle Garde creó una que adquirió tierras en Santa Catalina (Guantánamo), y cada socio recibió un lote de 20 caballerías para explotar a su gusto. Otros lotes hasta 130 caballerías se arrendaron para beneficio común de los socios. Estas sociedades emitían acciones que se vendían incluso en Europa, revendían tierras, etc.(26)

Las tierras adquiridas por los inmigrantes se dedicaron fundamentalmente a la producción de café, caña de azúcar, y en menor cuantía al algodón y el añil. Estas explotaciones agrícolas se caracterizaron por el empleo de modernas técnicas y la explotación intensiva y mejor organizada de la fuerza de trabajo esclava. Los productores arrendatarios entregaban el grano de café a los grandes propietarios de tierras en concepto de pago de la renta o en venta, y éstos lo sometían al proceso de beneficiado y lo comercializaban.

Estas explotaciones cafetaleras lograron el despegue de la economía territorial, cuya explosión productiva se produjo a partir de 1800. Así entre 1795 y 1805 la producción de café creció 10 veces.(27)
.
Los haitiano franceses también usaron el contrabando por puntos como Baitiquirí y Aserradero.

Importantes fortunas comenzaron a formarse en estos años y surgieron grandes haciendas y mansiones señoriales como Providencia, La Isabelica, Prosperidad, Sidonie, Fortune, etc. En la serranía de la Gran Piedra, al noreste de Santiago de Cuba, la riqueza y el lujo aparecieron basados en el trabajo esclavo.

En alguna menor medida, los haitiano franceses también triunfaron en la producción azucarera. En los ingenios que compraron o en los que fomentaron, mejorando e intensificando el trabajo esclavo, aplicando el uso de fertilizantes, mejoras técnicas que hicieron más eficiente a la industria, etc. Ingenios como Veguitas, Espanta Sueño, Santa Cruz, Cuabitas, Loma de Quintero, Cuaba, Boniato, y otros, daban apreciables ganancias.

La producción para el mercado internacional provocó mejorías en la navegación comercial y la marinería, así como el desarrollo portuario. La explotación de tierras más alejadas de la ciudad o en lugares de difícil acceso llevó al desarrollo de las vías de comunicación por donde llevar los abastecimientos a las grandes plantaciones y extraer la producción de las mismas hasta la ciudad y el puerto.
La presencia de los haitiano franceses inauguró en Santiago de Cuba la economía de plantaciones, pero fue en el café y no en el azúcar, como en el resto de Cuba, donde tuvo mayor desarrollo.

La sociedad santiaguera y la cultura.

En el siglo XVIII la sociedad santiaguera alcanza plena madurez, define por completo sus clases y grupos sociales, así como las diferencias entre ellas y el lugar de cada una en la sociedad. La oligarquía continúa y confirma su preeminencia social, económica, política, y cultural. El Cabildo continúa bajo su control, incluso tiene acceso a ciertos puestos o cargos en la administración colonial del Departamento. Mediante enlaces matrimoniales refuerza sus vínculos políticos y económicos con gobernadores, altos funcionarios y oficiales del ejército colonial.

Sin embargo, la política centralizadora tenazmente aplicada por el gobierno español, poco a poco fue sujetando a esta oligarquía al imperio de su ley, de las directrices del estado peninsular. Por lo tanto, aunque no perdió sus privilegios como clase, perdió progresivamente la libertad de acción que tuvo en épocas anteriores cuando la monarquía apenas se ocupaba de este territorio.

Por otra parte, dicha clase buscó confirmar su predominio mediante su ascenso cultural, afán a partir del cual muchos hijos de ricos estudiaron en La Habana, España, Méjico, o Europa, retornando a la ciudad para desempeñar con más eficacia su predominio de clase.
.
Políticamente se sentían españoles y eran fieles a la corona, pero siendo en su mayoría criollos era fuerte ya en ellos el sentimiento de pertenencia al territorio; el concepto de que Patria era esencialmente Santiago de Cuba, la tierra en que han nacido y donde poseen tierras, trapiches e ingenios, ganado, vivienda, etc., es decir, donde radican los factores que les permiten sus privilegios, su posición social. Era el sentimiento de patrilocalidad o Patria Chica que se desarrolló básicamente en este siglo, pese a la fidelidad a España.

Formando parte de la oligarquía por su poder ideológico y superior cultura, estaba el clero, muy vinculado al resto de este grupo social por lazos de parentesco ya que muchos eran criollos. En el importante Cabildo Eclesiástico se contaban hijos o miembros de las familias más ilustres de la ciudad.

Formando un grupo más reducido, pero más orgulloso y celoso de sus prerrogativas, estaban los españoles propiamente dichos, los que ocupaban cargos gubernamentales, eran oficiales de la guarnición, hacendados, grandes comerciantes, o eclesiásticos. Constituían un fuerte grupo de poder con los oligarcas criollos.
.
En esta élite de la sociedad sólo se contaban blancos. Distinto ocurría con el grupo o clase media de la sociedad, en el cual se encontraban blancos, mulatos, y negros en algunos casos. Este segmento social cuyo número creció con relativa rapidez a tono con el crecimiento económico, y sobre todo del mercado interno, lo integraban criollos y peninsulares, profesionales, comerciantes, oficiales de barcos mercantes, oficiales menores de las tropas, campesinos acomodados, etc.
Aún dentro de los hombres libres, estaba el grupo más numeroso de blancos, descendientes de indios, mulatos y negros, que formaba el sector de la población pobre, dedicados a la agricultura como arrendatarios o propietarios de pequeñas parcelas, trabajadores agrícolas, capataces y/o monteros en ingenios y hatos, artesanos, marinos, porteadores, taberneros, tenderos, regatoneros, sastres, maestros de obra, jornaleros, soldados, braceros, aprendices, vendedores ambulantes, y otros.(28) En esta clase pobre existía un pequeño número de inmigrantes catalanes dedicados al comercio, algunos de los cuales -merced al sostenido esfuerzo en el trabajo-, llegan a enriquecerse y dar esmerada educación a sus hijos, creando familias de renombre y prestigio.(29)
Los numerosos esclavos, -negros y mulatos-, eran el escalón más bajo y preterido de aquella sociedad, privados de todo derecho como no fuera el de trabajar para sus amos.
.
Para atender las necesidades de esta población y de la ciudad, el Cabildo contaba con un presupuesto integrado por los situados, las rentas de las propiedades por él adquiridas desde la fundación de la ciudad, y los diferentes arbitrios o impuestos locales, vendidos muchas veces a los llamados rematadores de propios.

Para mediados de siglo la ciudad había mejorado su urbanización y tiene un crecimiento poblacional visible. Nicolás Joseph de Ribera la describe así en 1757:
Santiago de Cuba es Ciudad, está a treinta y cuatro leguas al lest-sudeste de Bayamo y cuarenta casi al sur-sueste de Holguín en la costa sur. Tiene un gran puerto con la entrada al sur que esta mui defendida de dos buenas fortalezas. Es pueblo grande de gente bien civilizada, goza de buen temperamento y de fertil terreno: esta situada legua y media de la boca de su puerto y a sus orillas en la parte de Oriente. En ella recide la Iglesia Cathedral de la Isla.

[...] Santiago del Prado (comunmente el Cobre) es poblado pequeño de negros y mulatos, parte libres y parte esclavos del Rey. Está cuatro leguas al occidente de Cuba, en la falda de un monte en que hai abiertas muchas minas de cobre, en cuya cima hai una Iglesia en que se venera una Imagen de María Santísima con el título de la Charidad á donde de todas partes van en romería, y se han experimentado algunos milagros.
.
San Luis de los Caneyes, es pueblo chico de Indios, sito a una legua al nordesde de Santiago de Cuba: es mui pobre.(30)

El pequeño poblado de la reserva indígena de San Luis de los Caneyes -El Caney- fue en 1758 escenario de un importante conflicto social. Según el obispo Morell de Santa Cruz, en 1756 los 500 aborígenes del poblado formaban 83 familias, y en las cercanías había 8 ingenios, 75 estancias y un pequeño hato. Estos aborígenes, protegidos por la legislación colonial disfrutaban en usufructo de las tierras realengas y sostenían su organización social propia encabezados por un cacique. La Iglesia, el Cabildo y un funcionario de éste con el título de Protector de Indios, tenían la responsabilidad de velar porque se respetaran los derechos de los aborígenes. Sin embargo, la oligarquía local que controlaba al Cabildo, aliada a la Iglesia y a los funcionarios gubernamentales, poco a poco se fue apoderando de las fértiles tierras del Caney, por lo que en 1756 el cacique Marcos Rodríguez en carta al Rey le expuso la terrible situación de miseria en que estaban, y que los indios escapaban del pueblo y se desorganizaba la compañía de milicias que integraban, debilitándose la vigilancia de las costas, etc. Pedía al Rey que señalara tierras suficientes para sus necesidades.
.
En noviembre de 1756 el Rey ordenó que se les devolvieran las tierras a los aborígenes, orden que fue burlada por la oligarquía, lo que provocó que en 1758 los aborígenes se sublevaran con armas tomadas en la cárcel del pueblo, sublevación que fue violentamente reprimida por el gobernador Lorenzo de Madariaga. Todavía en el siglo XIX los aborígenes continuaban sus protestas y reclamaciones, pero no tuvieron éxito frente al poder de la oligarquía.(31)
.
Los esclavos, cuyo número creció durante el siglo XVIII y que desempeñaban un importante papel económico, por la explotación a que eran sometidos se rebelaban, rebeldía expresada por lo general en el apalencamiento. La más grave y significativa manifestación de rebeldía del negro esclavo se produjo precisamente en el lugar donde mayor concentración de los mismos había, es decir, en las minas del Cobre. Para 1781 el número de estos esclavos propiedad del Rey había crecido hasta la cifra de 1065,(32) los que vivían prácticamente libres cultivando tierras realengas o arrendadas del hato de Barajagua.
.
Desde 1760 las familias santiagueras de los Mancebo y los Garzón, herederos de los antiguos asentistas de las minas, después de pagar sus deudas a la corona, reclamaron la propiedad de los esclavos y tierras con el objetivo de vender tierras y esclavos, los que tenían gran valor: las tierras por estar cultivadas, y los esclavos por ser diestros en el trabajo.

Enterados de la situación y rústicamente armados los esclavos se rebelaron y se apoderaron del pueblo, marchando después a las montañas y al palenque Loma de la Cruz. Contaban desde antes con el apoyo de los apalencados y de negros y mulatos libres de Santiago de Cuba. La represión lanzada sobre los rebelados fue tenazmente resistida y no pudieron ser derrotados.

En 1781 los cobreros nombraron a Gregorio Cosme Osorio como su representante ante la corte, el que se dirigió a España provisto de una carta de presentación que le dio el presbítero Bernardo Antonio del Pico. La situación se mantuvo estática hasta que en 1795 el Capitán General le dio a los cobreros seis meses de plazo para presentarse, pero el Gobernador del Departamento le informó que los sublevados no lo aceptaban y continuaban reclamando su libertad y la propiedad de las tierras que por 150 años habían trabajado, por lo que se había activado la represión, la que tampoco esta vez pudo derrotar la resistencia de los cobreros.
.
En el propio año de 1795 fue descubierta y desbaratada en virtud de una delación, una conspiración de mulatos y negros libres de Bayamo y Santiago de Cuba, los indios de Jiguaní y algunos blancos, los que lidereados por el pardo Nicolás Morales, proyectaban una sublevación armada en reclamo de la igualdad estamental con los blancos, la supresión de alcabalas e impuestos, y el derecho a las tierras realengas.

Esta conspiración, la resistencia de los cobreros, la convulsa situación del Caribe por la Revolución de Haití, y el creciente número de esclavos en la zona santiaguera, fueron un conjunto de factores que atemorizaron a las autoridades, las que suspendieron la represión a los cobreros, hasta que el 7 de abril de 1800, el Rey firmó en Aranjuez la Real Cédula que declaraba libres a los 1 065 esclavos reales de Santiago del Prado, merecido triunfo tras 20 años de resistencia.(33)
.
Para inicios del siglo XIX, la situación social de la ciudad se complica por dos factores principales: el crecimiento poblacional y la inmigración procedente de Haití, que inyecta un elevado número de blancos, pero también de negros y mulatos libres, así como esclavos, los que crecen numéricamente con rapidez al iniciarse por los inmigrantes el fomento de plantaciones cafetaleras y azucareras.
.
El crecimiento poblacional de la ciudad y su Jurisdicción de Cuba se aprecia en los siguientes datos. Hacia 1689 la ciudad tenía 3 702 habitantes mientras Bayamo tenía 4 180. Para 1757 ya Santiago supera a Bayamo en 2 000 personas.(34)

En 1774 Santiago tiene 11 793 habitantes, cifra que asciende a 13 476 con El Cobre y El Caney.(35)

El siguiente cuadro ayuda a conocer cual fue la evolución demográfica de la ciudad y su Jurisdicción.(36)

Población de Santiago de Cuba. (Jurisdicción de Cuba.)

Año. .........Población. .........Crecimiento.
1689.........3 702---
1757.........13 476...............+ 9 774
1761.........16 102...............+ 2 626
1774.........18 374...............+ 2 272
1778.........15 672................- 2 702
1781.........20 000...............+ 4 328

Fuente: Comité Estatal de Estadísticas: Los Censos de población y ... Resumen del autor.

En 1791-92 se efectuó un nuevo censo de población o padrón según el cual la situación demográfica de Santiago de Cuba -sin los entonces sublevados esclavos del Cobre-, incluía 8 212 blancos, 4 288 mulatos libres, 2 224 negros libres, 922 mulatos esclavos, y 5 115 negros esclavos, para una población total de 20 761 personas. En esta fecha también hay 12 templos, 4 hospitales, un colegio, 48 ingenios, 58 hatos, 48 corrales, 218 estancias y vegas.(37)
.
Con el arribo de los haitiano franceses, la ciudad y sus barrios tuvieron un rápido crecimiento del que da idea el hecho de que si en 1791 la Jurisdicción tenía 20 761 habitantes, ya en el censo de 1808 se refleja que sólo la ciudad de Santiago de Cuba alcanzaba la cifra de 33 893, distribuidos de la siguiente forma:

Población de la ciudad de Santiago de Cuba en 1808.

Categoría.. Blancos..Mulatos./.Mulatos../..Negros./.Negros...TOTAL GENERAL
.............................Libres.../..esclavos../.libres../.esclavos
Españoles..8 148.....5 729......748........3 510....8 309.........26 444
Franceses..2 651.....1 891......307.........450......2 150...........7 449
TOTAL .....10 799....7 620.....1 055.......3 960...10 459........33 893

Fuente: Comité Estatal de Estadísticas: Los censos de población y viviendas ... volumen II, p. 27.

Como se observa la población de color es de 23 094 personas, lo que representa más del 68% del total.

El crecimiento de la ciudad hizo que en 1800, a los efectos de las elecciones al Cabildo, se le dividiera en ocho barrios en cada uno de los cuales fue electo el correspondiente Alcalde de Barrio.(38) Sin embargo, para atender las necesidades de la ciudad el presupuesto del Cabildo contemplaba gastos para fiestas y solemnidades religiosas, así como salarios a empleados municipales por un total de 1 270 pesos fuertes, y en cambio, para el abasto de agua y un maestro de escuela sólo se destinaban 325, lo que indica que poca atención le daba el gobierno a la ciudad.(39)

El auge de la población y el crecimiento económico con sus nuevas características se combinaron para dar lugar a un crecimiento de la miseria y una mayor polarización de la sociedad en ricos y pobres, y en consecuencia, que aumentaran las contradicciones sociales. La oligarquía local -tradicionalista, parte de ella al menos-, aliada al clero español, no acogió con beneplácito a los inmigrantes haitiano franceses cuyos hábitos, costumbres, y modos de vida y de hacer negocios, desconocían casi por completo. Temían al cambio, a perder o compartir sus privilegios con los nuevos potentados, temían sobre todo a las nuevas ideas, temor que compartía el gobierno de la Isla cuyo Capitán General Somerruelos advertía al Gobernador del Departamento Sebastián Kindelán sobre el peligro, advertencia a la que éste respondió en 1802 con el siguiente análisis:
Cada francés de los que aquí permanecen, por el interés de su reposo, por la conservación de las cortas fortunas que les va haciendo rempinar su industria favorecida del Gobierno, y por el sumiso reconocimiento que prestan a su benéfica obra, es un atalaya contra aquella estirpe sanguinaria que ha causado tanta desolación en sus familias y Haciendas, y cada cual se disputaría la gloria de descubrir y extinguir la menor parte de aquella que osase tentar el paso en el territorio que les ha asimilado [...].(40)
.
En efecto, estos hombres pese a conocer y ser portadores de las ideas del iluminismo, de la Revolución Francesa -las más avanzadas de su tiempo-, fueron en la región un bastión de la reacción y el esclavismo aliados al gobierno español.

A su pesar sin embargo, difundieron esas ideas, ese pensamiento político del que eran portadores, lo que se mostró entre otras cosas en el crecimiento cultural que insuflaron a la ciudad y sus alrededores, acelerado desde su presencia aquí. Mas no sería justo decir o pensar que hasta la llegada de los haitiano franceses la actividad cultural de la ciudad era nula o muy pobre como lo había sido durante los siglos XVI y XVII. El lento y dificultoso crecimiento económico durante el siglo XVIII se reflejó en la evolución cultural local, y lo hizo desde las décadas iniciales del mismo.
.
Un hecho de gran significación fue la fundación en 1722 del Colegio Seminario Conciliar de San Basilio el Magno, adscrito directamente al obispado y a la Catedral, estimable como el primer centro de enseñanza superior que tuvo Cuba. Fue creado por el obispo Gerónimo Valdés en el lugar donde se unen las actuales calles Corona y San Basilio, con el propósito de preparar alumnos para la carrera sacerdotal. Toribio de la Bandera fue su primer rector.

A lo largo del siglo sufrió este centro diversas vicisitudes, incluso la de cesar en sus actividades desde 1738 por espacio de algo más de diez años. Sin embargo, obispos como Morell de Santa Cruz, Santiago Hechavarría -santiaguero y exalumno del propio colegio-, y Oses Alzúa y Cooperacio, se ocuparon de introducirle diversas mejoras, ampliar el número de alumnos y becas, incluso con jóvenes que no seguirían la carrera sacerdotal, aumentaron sus cátedras y asignaturas, mejoraron y remodelaron el local, etc. Se hicieron con el apoyo del Cabildo varios esfuerzos por elevarlo a la categoría de universidad, fracasados principalmente por la oposición habanera.(41) Sólo se logró a fines del siglo XVIII la categoría de Instituto Universitario.
.
El Colegio Seminario le permitió a la juventud rica de Santiago de Cuba iniciarse en estudios superiores, pese al carácter escolástico y atrasado de la enseñanza que allí se impartía, estudios que muchos continuaron en Europa donde entraron en contacto con lo mejor de la cultura de la época, conocimientos y experiencias que al retornar, difundieron en la ciudad. Fueron entre otros, los casos del ya mencionado obispo Santiago José Hechavarría y Elguezua, Manuel María Pérez Ramírez, poeta, y Manuel de Justo Ruvalcaba, poeta, pintor, y escultor.
.
Durante el siglo XVIII la enseñanza primaria casi no existía. Para los niños pobres en algunas parroquias los curas párrocos asistemáticamente, enseñaban algo de primeras letras y fundamentalmente rezos y cantos religiosos. Los hijos de familias ricas recibían mejor enseñanza mediante maestros particulares. Sólo existía una escuela pública creada por la Sociedad Económica de Amigos del País en 1788.(42)
Entre 1790 y 1808 la enseñanza experimentó notables avances por la influencia de los inmigrantes de Haití. Ellos modernizaron la enseñanza mediante escuelas privadas y clases particulares donde introdujeron materias como bordado, dibujo, francés, baile, geografía, piano, geometría, matemáticas, etc.

Pocas manifestaciones artístico culturales se conocen del siglo XVIII en su primera mitad. Desde 1764 se destacaba al frente de la capilla de música de la Catedral el presbítero Esteban Salas, fallecido en 1803 y sepultado en la Iglesia del Carmen.(43)
.
Para las fiestas de la Cruz de Mayo, San Juan y Santiago, desde mediados del siglo los curas enseñaban coplillas, las que también surgían espontáneamente en la población, y se armaban grupos o murguillas con guitarras, bandolas, flauta y pífano. En las casas pobres se efectuaban bailes de consuelo, calificados por las autoridades y el clero de licenciosos, y por ello perseguidos.(44)

En 1764 existía una banda de música militar. José Antonio de Armas y Murga, dice que el 20 de enero de ese año se efectuó un baile de la alta sociedad por el cumpleaños del Rey, y que se presentó también el la Plaza de Armas una comedia titulada El maestro de Alejandro.(45)
.
Durante el siglo XVIII la ciudad creció especialmente hacia el Este y el Norte, y mejoró la arquitectura en general. Se destacaban por su calidad las construcciones militares como el Castillo del Morro que en 1780 se estaba reconstruyendo. También las construcciones religiosas, la Casa de Gobierno del Departamento, la sede del Ayuntamiento, y las viviendas de los potentados. Estas construcciones eran de piedra, ladrillos, y tejas; de alto puntal, espaciosas, muy ventiladas e iluminadas, y con amplios patios. La influencia morisca se modificaba con la impronta de elementos típicos del territorio, ajustados al clima y condiciones del lugar. Sin embargo, la generalidad de las viviendas eran pobres y las condiciones higiénicas muy malas en toda la ciudad, por lo que en 1771 el Gobernador y el Cabildo acordaron un plan para su composición y aseo.(46) El gobernador Vaillant reconstruyó en 1788 el Ayuntamiento y también construyó una alameda en Loma Hueca, e inició el empedrado de las calles principales.(47)
.
En 1780 se inició la construcción de la Iglesia de la Santísima Trinidad, y el 1785 se construyó la Iglesia del Carmen.
.
Los emigrantes de Haití, y también algunos de Santo Domingo como el juez José María Francisco Heredia Mueses, padre del insigne poeta José María Heredia, nacido en esta ciudad el 31 de diciembre de 1803, tuvieron mucho que ver con el desarrollo cultural y artístico de Santiago de Cuba. En sus mansiones de la ciudad y el campo, estos inmigrantes atesoraban valiosos objetos de arte, la mejor literatura de la época, y celebraban tertulias a las que se integró la élite criolla. Estos contactos les produjeron el gusto por las buenas lecturas y estimularon la producción literaria local en la prensa de esos tiempos, como el periódico El Dominguero, producción en la que emergía una cultura local y el particular modo de ser del santiaguero.(48)
.
Los inmigrantes construyeron un teatro -el primero de la ciudad-, en la calle Santo Tomás baja No. 8 donde se presentaron obras de Rasine, y otros importantes autores franceses. También construyeron en la altura de Loma Hueca una especie de Café-Concert que con el nombre de Tívoli alcanzó fama y dio nombre a la barriada.(49)
.
Simultáneamente, la mal llamada cultura popular nacida del pueblo, se manifestaba en la música, el canto, décimas, modas, el habla común, y hábitos culinarios, y especialmente en las populares fiestas de mamarrachos, embrión de los carnavales. Como expresiones culturales de las masas pobres de la ciudad y el campo, pocas veces mereció el privilegio de la publicación y el aprecio valorativo justo, y, salvo por las tradiciones conservadas, gran parte se ha perdido. Músicos populares formaban agrupaciones que amenizaban los bailes, existiendo aficionados a la ejecución de distintos instrumentos, y una banda de música de las milicias pardas.
.
En general este período de la historia santiaguera está poderosamente marcado en sus finales por la presencia haitiano francesa que revolucionó a la sociedad local. Pero la ciudad no sufrió un afrancesamiento. De la cultura francesa tomó nuevos rasgos, pero fue siempre criolla y cada vez más, cubana.
.
NOTAS.
1.- César García del Pino: “Corsarios, piratas y Santiago de Cuba.” En: Revista Santiago. Universidad de Oriente, No. 26-27, julio-septiembre, 1977, p. 159.
2.- Julio Le Riverend Brussone: Historia económica de Cuba. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1971, pp. 92-93.
3.- Jacobo de la Pezuela y Lobo: Diccionario Geográfico, Estadístico, Histórico de la Isla de Cuba. Imprenta del establecimiento de Mellado, Madrid. 1863, tomo II, pp. 179-180 y 196-197. Ernesto Buch López: Historia de Santiago de Cuba. Editorial Lex, La Habana, 1947, pp. 124-125.
4.- Respecto a esta extraordinaria personalidad del siglo XVIII de Santiago de Cuba y de Cuba, existe un excelente trabajo de la Dra. Olga Portuondo Zúñiga titulado Nicolás Joseph de Ribera, publicado en 1986 por la Editorial de Ciencias Sociales.
5.- Laureano Fuentes Matons: Las artes en Santiago de Cuba, apuntes históricos. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1981, p. 23.
6.- Olga Portuondo Zúñiga: La Jurisdicción de Cuba durante los siglos XVIII y XIX. Conferencias del curso de post-grado de igual título, mecanografiadas por la Comisión Provincial de Historia del PCC. Santiago de Cuba, 1985, conferencia # 3. pp. 9-11. Los situados eran partidas de dinero que se enviaban a Cuba desde el virreinato de Nueva España (Méjico), para satisfacer las necesidades financieras del gobierno de la Isla, y que la Capitanía General empleaba preferentemente en la zona habanera y matancera con olvido del resto del país, lo que para los olvidados significaba menos dinero circulante, restricción del mercado interior y menos capital acumulado, entre otros males.
7.- Julio Le Riverend Brussone: Ob. Cit., pp. 149-150.
8.- César García del Pino: Ob. Cit., pp. 160-161.
9.- Olga Portuondo Zúñiga: Ob. Cit., conferencia # 3, p. 13.
10.- Ibídem, pp. 12-13.
11.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., pp. 13 y 26-27. Jacobo de la Pezuela y Lobo: Ob. Cit., p. 176.
12.- Olga Portuondo Zúñiga: Ob. Cit., pp. 16-17.
13.- César García del Pino: Ob. Cit., pp. 161-162.
14.- Jacobo de la Pezuela y Lobo: Ob. Cit., pp. 178 y 182.
15.- Francisco Mata: Piratas en el Caribe. Casa de las Américas, La Habana, 1984, pp. 144-145.
16.- Jacobo de la Pezuela y Lobo: Ob. Cit., pp. 178-179. César García del Pino: Ob. Cit., p.168.
17.- Olga Portuondo Zúñiga: Ob. Cit., conferencia # 4, p. 5.
18.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., pp. 40-42.
19.- José Luciano Franco Ferrán: Comercio clandestino de esclavos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1980, p. 91.
20.- Ibídem, pp. 104-105.
21.- Emilio Bacardí Moreaux: Crónicas de Santiago de Cuba. Tipografía Arroyo Hermanos, Santiago de Cuba, 1924, tomo I, p. 241. En España el peso fuerte equivalía a cinco reales y por eso los comerciantes los acaparaban y trasladaban a la península, donde sin más les reportaban una ganancia adicional del 20%.
22.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., p.47. Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., p. 242.
23.- Jacobo de la Pezuela y Lobo: Ob. Cit., pp. 28-30. Julio Le Riverend Brussone: Ob. Cit., pp. 176-177. José Luciano Franco Ferrán: Ob. Cit., pp. 91 y 94.
24.- Olga Portuondo Zúñiga: Ob. Cit., conferencia # 4, p. 8.
25.- José Luciano Franco Ferrán: Ob. Cit., pp. 108-109. La cifra puede ser algo superior a la real.
26.- Jorge Berenguer Cala: “La emigración francesa en la jurisdicción de Cuba.” En: Revista Santiago. Universidad de Oriente, No. 26-27, junio-septiembre, 1977, pp. 229-231.
27.- Ibídem, pp. 232-233. Pezuela en su Diccionario Geográfico..., tomo II, p. 180 nos dice que: “... la esportación de café que antes no había pasado de 8 000 ars. anuales, creció hasta 80 000 y luego hasta 300 000 en los cinco años posteriores á la venida de la emigración dominicana.”
28.- Olga Portuondo Zúñiga: Ob. Cit., conferencia # 3, pp. 9-11.
29.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., pp. 36-37.
30.- Comité Estatal de Estadísticas: Los censos de población y viviendas en Cuba: Estimaciones, empadronamientos y censos de población de la época colonial y la primera intervención norteamericana. Instituto de Investigaciones Estadísticas, [s.l.], 1988, tomo I, volumen I, p. 85.
31.- Olga Portuondo Zúñiga: “Una sublevación de indios en 1758.” En: Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Enero-abril, 1981, pp. 202-204.
32.- Jacobo de la Pezuela y Lobo: Ob. Cit., p. 11.
33.- José Luciano Franco Ferrán: Los palenques de los negros cimarrones. Editado por el Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, la Habana, 1973, pp. 61-66.
34.- Olga Portuondo Zúñiga: Conferencias del curso... Conferencia #4, p. 7.
35.- Comité Estatal de Estadísticas: Ob. Cit., volumen I, p. 86.
36.- En este caso y otros posteriores se incluyen cifras de la Jurisdicción ya que se desea ofrecer una idea del asunto y se carece -o no se han encontrado- de datos específicos de la ciudad.
37.- Comité Estatal de Estadísticas: Ob. Cit., Volumen I, p. 70 y volumen II, p. 72. Instituto de Historia de Cuba: Historia de Cuba. Editora Política, La Habana, 1994, tomo I, anexo 14, p. 475.
38.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., p. 55.
39.- Ibídem, p. 60.
40.- Jorge Berenguer Cala: Ob. Cit., p. 220.
41.- Jacobo de la Pezuela y Lobo: Ob. Cit., pp. 197-198.
42.- Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., tomo I, p. 265.
43.- Laureano Fuentes Matons: Ob. Cit., pp. 120 y 297, 122-124 y 186-187.
44.- Ibídem, pp. 29 y 119.
45.- Ibídem, pp. 27-28, 186-187 y 325.
46.- Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., p. 205.
47.- Ernesto Buch López: Ob. Cit., pp. 38 y 48.
48.- Emilio Bacardí Moreaux: Ob. Cit., tomo II, p. 52. Laureano Fuentes Matons: Ob. Cit., p. 23.
49.- Laureano Fuentes Matons: Ob. Cit., p. 33.

BIBLIOGRAFÍA.
1. Bacardí Moreaux, Emilio: Crónicas de Santiago de Cuba. Tipografía Arroyo Hermanos, Santiago de Cuba, 1924, 10 tomos.
2. Berenguer Cala, Jorge: "La inmigración francesa en la jurisdicción de Cuba." En: Revista Santiago. Universidad de Oriente. No. 26-27, junio-septiembre, 1977.
3. Buch López, Ernesto: Historia de Santiago de Cuba. Edito­rial Lex, La Habana, 1947.
4. Callejas, José María: Historia de Santiago de Cuba. Im­prenta La Universal, La Habana, 1911.
5. Castellanos, Gerardo: Historia de Santiago de Cuba. Talle­res tipográficos Alfa, La Habana, 1946.
6. Comité Estatal de Estadísticas: Los censos de población y viviendas en Cuba: estimaciones, empadronamientos y censos de población de la época colonial y la primera interven­ción norteamericana. Instituto de Investigaciones Estadís­ticas, [S.L.], 1988, tomo I, volúmenes I y II.
7. Dirección Política de las FAR: Historia de Cuba. Dirección Política de las FAR, [S.L.], 1967.
8. Duharte Jiménez, Rafael: Nacionalidad e Historia. Editorial Orien­te, Santiago de Cuba, 1989.
9. : Documentos para la historia colonial de Cuba, siglos XVI-XX. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1988.
10. Chamah F., David y José Diego Grullón: "Historia de la aparición de Nuestra Sra. de la Caridad del Cobre". En: Álbum Conmemorativo del congreso Eucarístico Diocesano y coronación de la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre. Año 1936. P. Fernández y Cía, Santiago de Cuba, 1937.
11. Foner, Philip S: Historia de Cuba y sus relaciones con Estados Unidos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, 2 tomos.
12. Franco Ferrán, José Luciano: Los palenques de negros cimarrones. Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del P.C.C., La Habana, 1973.
13. : Comercio Clandestino de esclavos. Edito­rial de Ciencias Sociales, La Habana, 1980.
14. : Apuntes para una historia de la legisla­ción y administración colonial en Cuba, 1511-1800. Edito­rial de Ciencias Sociales, La Habana, 1985.
15. Fuentes Matons, Laureano: Las artes en Santiago de Cuba, apuntes históricos. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1981.
16. García del Pino, César: "Corsarios, piratas y Santiago de Cuba". En: Revista Santiago. Universidad de Oriente. No.26-27, junio-septiembre, 1977.
17. Guerra Sánchez, Ramiro: Manual de Historia de Cuba. Edito­rial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971.
18. Henríquez Ureña, Max: El libro de Santiago de Cuba; resu­men histórico descriptivo. Ediciones Archipiélago, Santia­go de Cuba, 1931.
19. Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba: Perfil histórico de las Letras Cubanas. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1983.
20. James Figarola, Joel: "Aproximación al Carnaval." En: Revista Santiago. Universidad de Oriente. No. 54, junio, 1984.
21. Mota, Francisco: Piratas en el Caribe. Casa de las Améri­cas, La Habana, 1984.
22. Moreno Fraginals, Manuel: El Ingenio. Editorial de Cien­cias Sociales, La Habana, 1978, 3 tomos.
23. Ozes y Alzua, Joaquín de: Fomento de la agricultura e industria de la parte oriental de la Isla de Cuba. Informe a su majestad en 30 de noviembre de 1794. Material mimeo­grafiado por la Comisión de Historia del comité Provincial del PCC. de Santiago de Cuba, [S.F.]
24. : Libro que contiene la erección de la Sta. Iglesia Catedral de Santiago de Cuba. [s.e.], Santia­go de Cuba, 1887.
25. Pezuela, Jacobo de la: Diccionario geográfico, estadísti­co, histórico de la Isla de Cuba. Imprenta del Estableci­miento de Mellado, Madrid, 1863, 3 tomos.
26. Pichardo, Hortensia: Documentos para la Historia de Cuba. Editora del Consejo Nacional de Universidades, La Habana, 1964, segunda edición, tomo I.
27. Portuondo del Prado, Fernando: Curso de Historia de Cuba. Editorial Minerva, La Habana, 1947, 3ra edición.
28. Portuondo del Prado, Fernando: Historia de Cuba. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1975.
29. Portuondo Zúñiga, Olga: "Trayectoria histórica de Santiago de Cuba: 1515-1707" En: Revista Santiago. Universidad de Oriente. No. 26-27, junio-septiembre, 1977.
30. : "Comercio en el Caribe durante el Siglo XVIII." En: Revista del Caribe. No.1 (1), julio-septiembre, 1983.
31. : "Una sublevación de indios en 1758." En: Revista de la biblioteca Nacional José Martí. Enero-abril, 1981.
32. : Conferencias del curso de post-grado "La Jurisdicción de Cuba durante los Siglos XVIII y XIX". Mecanografiadas por la Comisión de Historia del comité Provincial del PCC. de Santiago de Cuba, 1985.
33. : Nicolás Joseph de Rivera. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986.
34. Prat Puig, Francisco, María C. Morales y María E. Orozco: "La arquitectura santiaguera de estirpe tradicional con aportes neoclásicos". En: Revista Santiago. Universidad de Oriente. No. 54, junio, 1984.
35. Venegas Delgado, Hernán: Teoría y método en historia regional cubana. Editorial Capiro, Santa Clara, 1994.


Otras fuentes.

El desarrollo urbano de la ciudad de Santiago de Cuba en los siglos XVI - XIX. Folleto mimeografiado escrito por el arquitecto Omar López Martínez.
Colección del periódico El Redactor. Museo Emilio Bacardí.
Revista Bohemia.
Periódico Granma.

---
Ir a la portada de Vetas Digital:

30.7.06

LA APROXIMACION DE MARIO VARGAS LLOSA A LA DICTADURA DE TRUJILLO / Roberto Cassá


30.3.06
.
LA APROXIMACION DE MARIO VARGAS LLOSA A LA DICTADURA DE TRUJILLO
Por Roberto Cassá
.
Roberto Cassá ofrece en este artículo un análisis tan ponderado como evidentemente necesario. Autor no dado al vocinglerío nacionalista, hace aquí sin embargo la denuncia que corresponde al intelectual comprometido con la dignidad de su país, presentado por Mario Vargas Llosa como totalmente corroído. Con regocijo entregamos a los lectores de Vetas este valioso artículo sobre la comercial novela La fiesta del Chivo. Cassá es un prestigioso historiador dominicano, autor de una enjundiosa obra historiográfica. Está retirado como catedrático de la materia en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Ha sido presidente de la Academia Dominicana de la Historia y actualmente se desempeña como Director del Archivo General de la Nación. Ha sido un reconocido intelectual de izquierda.
.
La fiesta del Chivo, novela de Mario Vargas Llosa acerca del régimen de Rafael Leonidas Trujillo, dictador de República Dominicana entre 1930 y 1961, estaba llamada a generar controversias entre los escritores e intelectuales dominicanos.
Su enfoque tenía que ser distinto al de cualesquiera otros analistas, por cuanto las apreciaciones de los dominicanos, casi inevitablemente, se refieren ante todo a las implicaciones históricas y políticas de la obra y casi nada a los aspectos literarios.(1) Por tal razón, la novela fue recibida con actitudes marcadamente dispares, entre quienes la condenaron de plano y quienes la exaltaron como monumento a la verdad histórica. Aunque con escasa elaboración formal, antiguos servidores de Trujillo y políticos alineados en la derecha neo-trujillista juzgaron la obra de manera muy desfavorable, considerando que ofrece informaciones falsas y desnaturaliza el sentido de la época.(2)
.
Este tipo de juicios fue resumido por Ramón Font Bernard, quien la calificó como "alcantarilla de inmundicias", por cuanto, a su juicio, Vargas Llosa se dedicó a destruir reputaciones. En sentido inverso, los no menos apasionados anti-trujillistas a menudo salieron en defensa de la obra, al considerarla un alegato contra la prolongada dictadura, que hace justicia a aquella época y en especial a los detestados cortesanos del régimen, como es uno de los argumentos esbozados por el historiador literario Pedro Conde.(3)
.
Este advierte que su desacuerdo político con las posturas normales de Vargas Llosa no le impide apreciar el carácter de denuncia del "Chivo". Más allá de esta polarización, algunos historiadores formularon objeciones puntuales en cuanto a la fidelidad a hechos narrados con los nombres de los participantes.(4)
.
Se debe advertir que estas objeciones, relativas a detalles de las acciones, se produjeron al margen de orientaciones políticas, ya que tanto trujillistas como anti-trujillistas manifestaron ofensas o inconformidades con aspectos del relato, sobre todo cuando atañían a sus personas u otras relacionadas, aun fuese de manera indirecta. En estas controversias se resumen las reacciones básicas que provocaron en la sociedad dominicana las páginas de La fiesta del Chivo. En términos generales, los alegatos están circunscritos a una perspectiva episódica de la denuncia del novelista sobre la dictadura de Trujillo, lo que explica el apasionamiento y las referencias a hechos. Los involucrados en estos juicios no siempre se preguntaron si, al margen de detalles, la obra lograba develar los mecanismos de funcionamiento de un orden autoritario extremo, como el de Trujillo, cuyas manifestaciones provocaron tanta fascinación en el novelista. Para responder a esa pregunta se debe partir de la estructura de la obra.
.
La fiesta del Chivo consta de tres secuencias de relatos: el de una dominicana residente en Estados Unidos, Urania Cabral, que retorna al país para terminar de afrontar su vieja relación dramática con la dictadura; la narración personal de Trujillo durante el último día de su vida; y el de los conspiradores que tuvieron éxito en liquidarlo en la noche del 30 de mayo. Mediante los planos superpuestos de los tres relatos, con sus correspondientes personajes y enfoques, Vargas Llosa pretende recrear una época, la cual resulta caracterizada alrededor de una serie de tesis, que va poniendo en boca de los personajes, especialmente de Urania Cabral. Estos tres bloques no contienen homogeneidad, lo cual introduce problemas a la hora de caracterizar el género con que opera el novelista. Las remembranzas de Urania Cabral se adscriben plenamente a la ficción, propia del género novelesco convencional, ya que, pese a referirse a personajes concretos, como el mismo Trujillo en primer lugar, patentemente se construyen alrededor de hechos y personas inexistentes, o bien de otras cuyas identidades y acciones están procesadas por el novelista.
.
En los otros dos bloques, en cambio, con escasas excepciones, entre las cuales cabe destacar parcialmente a los cortesanos de Trujillo, Vargas Llosa se refiere a personas existentes, identificadas con sus nombres y en referencia a acciones que llevaron a cabo. De tal manera, mientras la narración alrededor de Urania Cabral se adscribe a las convenciones de la novela realista, y hasta cierto punto a la novela histórica, las relativas a Trujillo y sus enemigos conspiradores operan en un plano distinto, identificado con el relato histórico novelado.
.
Vargas Llosa ha aclarado que él no ha pretendido historiar la época de Trujillo y que acude deliberadamente a las "mentiras conscientes", argumento que le ha valido aprobación de algunos de los críticos literarios, tanto dominicanos como de otros países. Sin embargo, la estructura de los dos bloques históricos ofrece escaso margen de justificación a tal argumento, ya que no opera a través de la ficción, sino que, de manera continua, se refiere a circunstancias existentes en la realidad, al grado de que la novela puede incluso asimilarse a una especie de crónica, especialmente de las últimas horas de vida de Trujillo o de quienes le dieron muerte, como aparente recurso literario para retratar situaciones de opresión y degradación.
.
Estos planos literarios heterogéneos explican en gran parte los problemas que han sido objeto de consideración en la crítica dominicana. Esta no ha estado descaminada en lo relativo a centrar su atención en la narrativa de los detalles, por cuanto ese es el énfasis que le ha concedido el autor a la consideración de la época. Sin embargo, tal crítica generalmente se ha quedado en los detalles para evaluar la obra, con independencia de que lo hiciese de manera adversa o favorable. Para unos Trujillo habría sido el monstruo descrito, lo que vale aprobación; para otros la narrativa no acierta en describir al personaje, con independencia de que algún trujillista, como Font Bernard, no negara que, efectivamente, Trujillo fue un perverso.
.
Una óptica distinta puede concluir que la obra contiene datos que retratan realidades ignominiosas acaecidas durante la dictadura, al tiempo que está plagada de inexactitudes y falsedades, susceptibles de ser catalogadas como tales a causa de la estructura narrativa aludida.
.
Ahora bien, la reducción de la crítica a la presencia de descripciones ajustadas a los hechos y otras tergiversadoras impide considerar su capacidad de llenar un cometido alrededor de la recreación novelada de una época. Se supone que con este libro el autor pretendió retratar el ambiente de la época, para caracterizar la dictadura como un sistema diabólico. En este plano, quien conoce algo de lo acontecido durante los 31 años de Trujillo capta que Vargas Llosa no aporta prácticamente ninguna información novedosa y ni siquiera elementos originales para su interpretación.
.
Es lo que explica la observación de Frauke Gewccke de que la novela fue recibida en el público dominicano con curiosidad mas no con interés.(5)
.
La desconexión con el medio se delata con facilidad por medio del lenguaje. Vargas Llosa, en reiteradas entrevistas, ha expresado que realizó ingentes investigaciones para aprehender lo acontecido. Sin embargo, en el leguaje coloquial no queda reflejada esta supuesta investigación, lo que encierra una carencia clave en relatos de novela histórica o historia novelada. Por una parte, pone en boca de los protagonistas, a menudo en forma recurrente, palabras y expresiones no usadas en el país, lo que tiene por contrapartida la ausencia de un vocabulario que retrate las maneras de expresión y pensamiento entonces vigentes.
.
En el repertorio de términos soeces, que parece dar la tónica de la búsqueda de un vocabulario vivo, la novela yerra, ya que la mayoría de ellos eran sencillamente desconocidos. El mismo título constituye un sinsentido, ya que Trujillo nunca fue llamado en vida El Chivo, término que pone Vargas Llosa en boca de algunos de los protagonistas. Parece que el escritor ni siquiera se enteró que el término Chivo se introdujo a través de un merengue -que él cita- para celebrar el magnicidio del 30 de mayo, en el que se alude a que, supuestamente, el tirano gimió -como un chivo- antes de que le dieran el tiro de gracia. Si hubiese tenido la mínima penetración a cómo se hablaba, sencillamente habría puesto en boca de los protagonistas el término de Chapita —mencionado en otros contextos-, cuyo uso era tan elocuente que generaba furor en el tirano, por lo que resultaba en extremo peligroso.(6)
.
Igual importancia tiene la ausencia de la recuperación del lenguaje del poder, cuestión clave dentro de los mecanismos de reproducción de la dictadura. Vargas Llosa se limita a referir justificaciones históricas que se esbozaban de manera corriente, pero lo hace de forma descontextualizada, por lo que no logra retrotraer la eficacia del discurso burocrático al que tanta atención prestaba el Trujillo presentado como un ser puramente primario. Este desconocimiento, dentro de una historia novelada, evidencia que, en lo que tiene de concordancia con hechos, Vargas Llosa es tributario de unos pocos textos, lo que le ha valido acusaciones de plagio.
.
La más señalada ha sido la del periodista neozelandés Bernard Diederich, antiguo corresponsal del New York Times, quien fue uno de los primeros extranjeros en cubrir la muerte de Trujillo y, años después, escribió un libro, cuyo título en inglés es The Death of the Goat.(7) Diederich ha referido que el término Chivo en el título ofrece una pista suficiente de plagio.
.
Con independencia de que Vargas Llosa transcribiera informaciones sin hacer referencia a la fuente, como es eventualmente válido en una obra de ficción, resulta fácilmente demostrable que su crónica de la acción de los conspiradores el día 30 de mayo está tomada, casi íntegramente, de ese autor. En cualquier caso, no cabe duda, como el mismo Vargas Llosa lo ha aceptado, que ha contraído una deuda con Diederich, pero a tal grado que no contiene nada nuevo, lo que no sería el caso si hubiese realizado la investigación histórica que ha reclamado.
.
Más bien, lo que introduce es un plano controversial dentro de una crónica minuciosa, pues superpone afirmaciones y datos que se han revelado falsos, en aras de demostrar su tesis de que, para fines prácticos, los conjurados obraban movidos por el resentimiento personal. Es el caso, para solo situar uno, de la versión de que el teniente Amado García Guerrero se vio forzado a asesinar a René Gil, hermano de la que había sido su novia, como evidencia de lealtad a Trujillo. El detalle puede parecer intrascendente, como tantos otros errores que pueden achacarse a Vargas Llosa, pero tiene importancia puesto que permite cuestionar el simplismo con que maneja la participación de García Guerrero. A partir de estas carencias puede detectarse que el conocimiento alcanzado acerca de la época es a todas luces insuficiente, para no decir que de plano yerra en el objetivo. De la lectura de la novela se desprende que el autor se centró en la figura del dictador y en los trajines conspirativos que llevaron a su eliminación. No es objetable que a partir de ahí se pueda elaborar una obra literaria, pero en ningún caso caracterizar una época y un sistema, como de hecho constituye la pretensión de La fiesta del Chivo. Lo que se revela en las más de quinientas páginas es una pobre consideración del ambiente reinante y el desconocimiento de múltiples planos del proceso de la dictadura. Desde ese solo punto de vista, la novela constituye un acto fallido, si parte de las pretensiones literarias e históricas implícitamente enunciadas.
.
No se trata de pedirle que hiciera una nueva historia sobre el periodo, similar o superior a las existentes, sino que, por medio de las libertades de la ficción, pudiese replantear productivamente los mecanismos de funcionamiento de un sistema autoritario extremo. El novelista tuvo, ciertamente, motivos para sentirse intrigado por la perfección extrema de la opresión durante el reinado de Trujillo, a un grado casi único en el mundo moderno. Pero se queda en la consideración anecdótica de la figura de Trujillo, explícitamente afirmada como la génesis de la época, tesis por lo demás no nueva, puesto que ha estado presente en aproximaciones historiográficas acerca de la dictadura.(8)
.
En verdad la personalidad de Trujillo ejerció un influjo avasallador sobre la vida dominicana, pero de su figura individualmente considerada no puede desprenderse una interpretación literaria consistente de la época, partiendo de que se está ante un género realista, básicamente de novela histórica. La consideración de la época a través del tirano resulta doblemente fallida por cuanto ni siquiera se aproxima a lo que fueron sus rasgos sicológicos, suficientemente puestos de relieve en relatos, memorias e interpretaciones historiográficas que, de seguro, en su inmensa mayoría Vargas Llosa no revisó.
.
Es cierto que él no tenía por qué haberse familiarizado con toda la literatura, pero sí con un mínimo que le permitiese afirmar una visión viva y una interpretación novedosa del personaje. Salomón Sanz, funcionario del régimen e interlocutor frecuente de Trujillo durante sus últimos tiempos, entre otros trujillistas o ex trujillistas que se han referido al texto, seguramente tenía sobrada razón cuando alegó que el Trujillo de Vargas Llosa no tiene nada que ver con el que él conoció en vida. Esta falla en dar cuenta del personaje podría ser excusada en una novela con una estructura diferente a la ya señalada en La fiesta del Chivo. Mas Vargas Llosa se refiere a un Trujillo de carne y hueso, vinculado a hechos consignados por la historiografía o por relatos aceptados.
.
Este equívoco proviene de la consideración anecdótica a través de los rasgos del dictador. Puesto que el sistema es monstruoso, su demiurgo lo tiene que ser en mayor medida. No se trata, por supuesto, de exculpar a Trujillo, quien era capaz de cometer las atrocidades que Vargas Llosa le endilga y muchas otras peores. Mucho de lo que tiene el libro de denuncia sobre la personalidad psicótica puede ser en principio aceptado -aunque no contiene novedad alguna-, siempre y cuando se haga la salvedad de que ese aspecto arropa la personalidad de Trujillo de manera abusiva en la obra y, por ende, impide considerar la complejidad del personaje.
.
Para el autor, Trujillo no era sino el criminal nato imbuido de una sed de humillación y crimen, lo que lo lleva a desarrollar una visión efectista, puesto que no persigue un propósito reflexivo. El libro se conforma en una perspectiva tremendista, por cuanto la exageración, llevada al punto de lo grotesco, constituye su nota distintiva. De nuevo hay que insistir en que, en una obra con otra estructura narrativa, tal procedimiento hubiese sido válido, pero nunca en la historia novelada.
.
Quien conozca un mínimo la figura de Trujillo sabe que muchas de las reflexiones que le endilga Vargas Llosa resultan absolutamente ajenas a su personalidad. En la realidad de sus ejecutorias, el primitivo delirante trataba de integrar el crimen sistemático con la búsqueda de una función civilizadora, de donde se desprendía la búsqueda de una imagen de estadista respetable, radicalmente opuesta a la del audaz tíguere dominicano. El reconocimiento de la complejidad del sujeto no equivale a humanizarlo y menos a enaltecerlo, como pretende Conde en su evaluación favorable de La fiesta del Chivo.
.
Falla, pues, el procedimiento de mostrar una época, que es llevada exclusivamente al punto de lo grotesco, carencia que se extiende al conjunto de la narración por medio de su principal protagonista. No cabe duda de que aquella dictadura constituyó un orden espantoso por su crueldad y la ausencia completa de libertades. Pero su caracterización a través de la nota ridícula no da cuenta de ella, con independencia de que Trujillo, ciertamente, contuviese planos grotescos en su personalidad y en su accionar.
.
Contrariamente a lo expuesto por Vargas Llosa, la vida cotidiana de entonces no se percibió a través de lo ridículo, sino del pavor que deparaba la represión, sumada a la sensación de aplastamiento por efecto de las realizaciones materiales que pretendían hacer el orden inconmovible.
.
Quedan por ello ausentes planos explicativos de cómo ese dominio tan extremo pudo ponerse en marcha y mantenerse indefinidamente. Precisamente en lo anterior es que yacen algunas de las tesis más controversiales de la novela, ya que en ella el estado generalizado de humillación no es únicamente producto de la exteriorización de la sustancia del dictador, sino de la propia comunidad. La dictadura, a ojos de Vargas Llosa, no es sino hechura y responsabilidad del propio pueblo dominicano.
.
De ahí que asevere un estado innato de perversión moral en la generalidad de los dominicanos, que no tiene más justificación que la fantasía de una mente decadente que encuentra en un tal Don Rigoberto su fórmula de expansión. El relato alcanza lo inicuo cuando de hecho asevera que prácticamente todos los dominicanos fueron trujillistas y que, peor aun, lo fueron simplemente por sentirse partícipes de un estado generalizado de ignominia. Es cierto, claro está, que la dictadura conllevaba ignominia y, puntualmente vistas, muchas de las observaciones de Vargas Llosa no tienen nada que objetar. Pero resulta incalificable que, salvo excepciones de lugar, dominadas por un pretendido orden de anormalidad psíquica generalizada, las personas se regodearan en ese estado y lo ponderaran como atributo consustancial de sus identidades.
.
En este punto, la novela yerra, puesto que no tomó en consideración el carácter de víctimas incluso de los propios cortesanos, que resultan vistos en bloque y de manera simplista como seres abyectos, gozosos de las humillaciones que recibían del tirano. Asimismo, falsifica y denigra cuando no reconoce motivaciones políticas y morales en la resistencia a la dictadura.
.
Un conocimiento mejor de los mecanismos de funcionamiento de la dictadura hubiera conllevado un tratamiento menos burdo de la relación de los burócratas con Trujillo. Si bien es indiscutible, como lo pone de relieve Vargas Llosa, que muchos de ellos ocupaban posiciones con una perspectiva ventajista, con el fin de gozar de la gracia del tirano, no menos cierto es que se vieron obligados a servir, fuera por compulsión directa o por el cúmulo de las circunstancias presentes en aquella sociedad. Al mismo tiempo, muchos experimentaban un malestar que formaba parte de sus identidades, en el que se articulaban miedo y sentimientos de culpabilidad. En este carácter dual de la ubicación de gran parte de los burócratas radica una de las paradojas de un sistema de opresión extrema como el de Trujillo, que Vargas Llosa fue incapaz de develar.
.
Tal vez pudo haber intuido el tema, pero no tenía por qué interesarle, ya que no resultaba concordante con la intención de caricaturizar. En tal sentido, resultan fallidos los prototipos literarios de los cortesanos que construye a través de Agustín Cabral y otros, en que toma rasgos de sujetos que obviamente le fueron descritos por informantes. Ninguno se ajusta a la complejidad de sus acciones, ni siquiera el único de ellos que al parecer conoció personalmente, Joaquín Balaguer, seguramente el más aproximado al sutil maquiavelismo que endilga a todos pero que disculpa a través de una imagen que lo lleva a aseverarlo ingenuamente como una incógnita.
.
Al respecto, no cabe duda que la relación de Trujillo con sus subordinados se llevaba a cabo a través de una preeminencia absoluta del primero, que comportaba un estado crónico de temor en los segundos. Vargas Llosa lo registra, pero exagera la nota cuando la lleva al plano generalizado de lo grotesco. Según la novela, Trujillo no pasaba de ser el tíguere machista, que se imponía sobre todos y abusaba generalizadamente de las esposas de todos. De tal manera, los que fueron casos relativamente limitados pasan a ser la regla demostrativa de una flagrante deformación de la vida dominicana bajo Trujillo.
Pareciera, a lo largo de la novela, que en la dictadura no había otra nota que la de la humillación personalizada, con lo que se elude aprehender aspectos variados de existencia en la época. A eso queda reducida la vida social, lo que constituye una simplificación que desciende al grado de la caricatura. Los rasgos cómicos de los cortesanos, como Henry Chirinos, el "Constitucionalista Beodo", implicarían la inexistencia de un sistema político de dominio, puesto que sujetos de esa catadura resultarían inhábiles para asegurar la eficacia administrativa y la legitimación ideológica del orden.
.
El autor no consigue aproximarse a lo que eran los términos reales de las relaciones entre Trujillo y sus cortesanos y obvia la existencia de un esquema de funcionamiento burocrático eficiente. Lo que refiere como rasgos sicológicos de Trujillo, como la disciplina, queda como visión psicológica anecdótica. La perspectiva delata incapacidad interpretativa para dar cuenta de los planos funcionales de reproducción de la dictadura que trascendieran los rasgos sicológicos del tirano y las truculencias que de ellos se derivaban. En especial la obra no logra aproximación alguna a cómo se llegó a un sistema de opresión tan extremo.
El desconocimiento de la naturaleza de la sociedad de la época lo sustituye con fórmulas literarias acerca de la morbosa responsabilidad de todos. Urania Cabral, principal intérprete de las tesis de Vargas Llosa, desde las primeras páginas manifiesta la cobardía generalizada como clave del estado de opresión. Por ejemplo, refiriéndose a unas placas de exaltación a Trujillo, exclama íntimamente: "los miles de dominicanos que la compraron y colgaron en el lugar más visible de la casa, para que nadie fuera a dudar de su fidelidad al Jefe, y que, cuando el hechizo se trizó, quisieron borrar las pistas, avergonzados de lo que ella representaba: su cobardía." (p. 22).
.
Lo de tal cobardía podría ser objeto de interminables disquisiciones, por la carga de relativismo que entraña la inculpación, pero la atribución de "hechizo" que la acompaña sencillamente evidencia el despiste del novelista. Esta búsqueda causal desemboca en la atribución de un estado de cuasi-animalidad al pueblo dominicano, lo que se manifiesta en la cuestión del machismo como quintaesencia de la dictadura y, consiguientemente, del propio pueblo.
.
Así contrasta, con la tónica vulgar característica, las miradas de los dominicanos con las ya menos bárbaras de los latinos en Estados Unidos, aproximados a la civilización: "En New York ya nadie mira a las mujeres con ese desparpajo. Midiéndola, sopesándola, calculando cuánta carne hay en cada una de sus tetas y muslos, cuántos vellos en su pubis y la curva exacta de sus nalgas... En New York, ya ni los latinos, dominicanos, colombianos, guatemaltecos, miran así. Han aprendido a reprimirse, entendido que no deben mirar a las mujeres como miran los perros a las perras, los caballos a las yeguas, los puercos a las puercas." (p. 23). El reverso de tal reino del instinto es un estado "prerracional": "Caos animado, necesidad profunda de aturdirse para no pensar y acaso ni siquiera sentir, del que fue tu pueblo, Urania. También, explosión de vida salvaje, indemne a las oleadas de modernización. Algo en los dominicanos se aferra a esa forma prerracional, mágica: ese apetito por el ruido." (p. 19).
.
Más allá de dicterios por el estilo, carentes de todo valor, como se ha indicado no hay indicios explicativos de por qué se instauró la férrea dictadura. No parece que pueda comprobarse el hiato que postula Pedro Conde entre el pensador político neoliberal y el novelista crítico. Por el contrario, lo que está en juego no es sino un tópico corriente de la ideología dominante, según el cual la barbarie premoderna no tiene otra procedencia que la de pueblo de alguna manera inferior, génesis de la dictadura al tiempo que antitesis de la única civilización.
.
El correlato de lo anterior estriba en una chatura ideológica. Las reflexiones de Urania Cabral arriba citadas constituyen suficiente indicio, por cuanto forman parte del nivel regular de la obra. Por más que se busque, no solamente no existe un esfuerzo de ubicación del origen de la ignominia de la dictadura, sino que está igualmente ausente toda reflexión con nivel intelectual acerca de las consecuencias de tal orden en la existencia de los involucrados.
.
De ahí que resulte tan llamativo que varios críticos de periódicos hayan exaltado La fiesta del Chivo como obra maestra y que, incluso David Gallagher, citado por Sabine Kollmann, indicara que "will stand out as de great emblematic novel of Latin America´s twentieth century."(9)
.
Más equilibrada es la aproximación de Frauke Gewecke, quien advierte una serie de fallos en materia de información, erudición, consistencia interna y "exotización" o "tropicalización", aunque en términos generales reconoce calidad respetable a la obra.
.
La pobreza intelectual que muestra el autor en la obra, que lo lleva a la ubicación del pueblo como factor genético de la dictadura, explica el planteamiento del estado universal de degradación de la sociedad dominicana.
Así, la nota definitoria más relevante de la novela no es la requisitoria de la dictadura, sino del alma humana dentro de la barbarie tropical. Ante el supuesto de la corresponsabilidad universal con el orden, el final de la dictadura, a través del complot que ocupa uno de los tres relatos, no resulta de una convicción racional en pos de la libertad, sino de un resentimiento que forma parte del estado de degradación.
.
La consecuencia que tiene esta atribución de ausencia de altruismo en quienes acabaron con la vida de Trujillo constituye el reverso de las "mentiras conscientes" que desnaturalizan una época. Por consiguiente, junto a la dictadura queda también denostada la oposición. El novelista se propuso a toda costa demostrar lo exhaustivo del estado de degradación, conclusión que no resiste la menor crítica, por cuanto en la vida de época, junto a la sumisión, se mantuvo constante la disidencia, a menudo en forma tan patente que requería de la aplicación del crimen selectivo como parte del reino del terror.
.
En verdad, la denuncia de la dictadura reviste connotaciones ambiguas. Vargas Llosa no alude propiamente a Trujillo, sino a un fenómeno general presentado como la antítesis de un mundo moderno exaltado como ámbito de dignidad y realización humanas.
.
Por esto llegó, en otra de las entrevistas, a establecer un paralelismo entre Rafael Trujillo y Fidel Castro. Casi sin ambages, refirió que este último participa de los contenidos atribuidos al primero, cuestión que devela, no solamente un anacronismo episódico, sino un punto de partida que explica que la construcción de Trujillo como personaje respondiera a un determinante ideológico de exaltación de la era neoliberal.
.
Subyace, entonces, un anacronismo que percibe la dictadura como fenómeno homogéneo y que constituye uno de los determinantes de la caricatura a que es reducido el orden de Trujillo como expresión acabada de tal régimen. En consecuencia, el sustrato final no es sino la exaltación de la modernización imperial a través de la exitosa economista Urania Cabral —la figura reflexiva de excepción-, escapada de la barbarie como funcionaria de organismos internacionales.
.
Dentro de tal contexto, no es de extrañar que la obra pueda ser visualizada como operación comercial, en concordancia con la mercantilización que caracteriza el orden neoliberal. La anécdota convoca a un exotismo aberrante que contrasta con la normalidad de la libertad de hoy, en lo cual lo grotesco aparece como artículo de consumo. En tal orden, lo grotesco se dirige a lo sórdido, puesto que, como operativo comercial, la obra busca responder a un tipo de lector ávido de sangre y sexo. La truculencia se reduce a esa dualidad temática, empezando por la narración ficticia de Urania Cabral, quien responde motivada por la amargura extrema que le ha dejado la violencia sexual de que fue víctima por parte de Trujillo.
.
Se trata, por lo demás, de una motivación muy pobre para quien —a manera de alter ego de las pretensiones del novelista- es, sin aval alguno, presentada como una formidable erudita en el tema.
.
Lo sexual atraviesa la narración de principio a fin, introduciendo una nota decadente que la hace concluir, en sus páginas finales, en un mal gusto que devela lo vulgar.
.
Este mal gusto resume el carácter comercial de la obra y se torna en pieza accesoria de su inhabilidad para captar mecanismos de lo real. Este plano puede ser percibido con independencia del ajuste de la narración a la época y sus hechos. Por eso, resulta extraño que la vulgaridad no haya sido puesta de relieve por una crítica que ha elevado La fiesta del Chivo a la condición de obra maestra.
Esta afirmación implica catalogar a la novela no solo como la realización suprema de Vargas Llosa —lo que es obviamente incorrecto- sino, además, como superior a lo hecho por Gabriel García Márquez o Augusto Roa Bastos.
________
Notas
1- Una excepción fue la de Diógenes Céspedes, quien destacó errores gramaticales, para concluir en el juicio de que la obra fue escrita de manera precipitada. Diógenes Céspedes "Mario Vargas Llosa o la subordinación de la ficción a la historia", El Siglo, 18 de marzo de 2000.
2- Véase la entrevista al general Félix Hermida, hijo de un antiguo jerarca militar de Trujillo: "El general Hermida desmiente a Vargas Llosa", La Nación, 1 de junio de 2000.
3- Pedro Conde Sturla, "¡Rompan fila y viva el Jefe!". Suplemento de Vetas, año VIII, No. 55 (abril de 2001). En la presentación de este texto se advierte que fue enviado a varios periódicos y censurado.
4- Bernardo Vega, "Ficción e historia en La Fiesta del Chivo", El Siglo, 30 de abril de 2000.
5- Frauke Gewecke, "La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa: perspectivas de recepción de una novela de éxito", Iberoamericana, Año I, no. 3 (septiembre de 2001), pp. 151-165.
6- Existen varias versiones acerca del origen del apodo Chapita, como era conocido Trujillo en su niñez y juventud. Lo interesante es que los desafectos lo usasen comúnmente en señal burlona por la afición del dictador de ostentar medallas y condecoraciones. En cualquier caso, la proscripción del apodo tenía un poderoso significado simbólico, de respeto absoluto del tirano y de silencio sobre su insignificancia pasada.
7- No deja de ser sintomático que el título de la traducción al español sea: Trujillo: la muerte del dictador, Santo Domingo, 1978.
8- Por ejemplo, Juan Isidro Jiménez Grullón, La República Dominicana. Análisis de su pasado y su presente, La Habana, 1940; Juan Bosch, Trujillo. Causas de una tiranía sin ejemplo, Caracas, 1959.
9- Sabine Kollmann, "La fiesta del Chivo, cambio y continuidad en la obra de Vargas Llosa", Iberoamericana, año I, No. III (septiembre de 2001), pp. 136-149. El presente artículo fue publicado exclusivamente por la revista Vetas, número 65, mayo de 2003, páginas 36 a 40.
-----
Ir al inicio de esta página: http://archivodevetas.blogspot.com
Ir a la página principal de Vetas Digital: http://vetasdigital.blogspot.com

29.7.06

El Chivo de Mario Vargas Llosa / Pedro Conde Sturla / Vetas 3-76


30.3.06

EL CHIVO DE MARIO VARGAS LLOSA
Pedro Conde Sturla

¡Rompan fila y viva el Jefe!

Una lectura política de
El chivo de Mario Vargas Llosa

Pedro Conde Sturla*

Tal como explica Pedro Conde Sturla, estos cuatro artículos fueron censurados en otros medios de comunicación. Vetas es una revista con vocación de suicida; esto sigue siendo así en esta nueva etapa de nuestra vida como publicación, así que hemos decidido insertar el trabajo de Conde Sturla como Separata. La lectura del ensayo, lo dice todo. Es, sencillamente, impublicable... (Vetas).

Breve introducción del autor
Esta serie de artículos sobre La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa comenzó a publicarse en el suplemento sabatino "Cultura" del periódico El Siglo, después de haber sido rechazada por otros medios de prensa.A la altura de la cuarta entrega ("Los cortesanos de Vargas Llosa"), la libertad de prensa se resintió, censuró la edición y dio por terminada la publicación de la serie. La libertad de prensa en la República Dominicana todavía no permite que se hable de los crímenes de Balaguer y de las bellaquerías de los cortesanos de la Era Gloriosa.

Se confirma, pues, lo planteado en el segundo de estos artículos: "Trujillo vive y manda, su herencia vive y manda. Sus sucesores han detentado y detentan posiciones de poder y mandan, influyen, determinan, manipulan, inciden en todos los capítulos de la sociedad. Hoy como ayer, nos parece escuchar su grito de guerra: ¡Rompan filas, viva el Jefe!".-

-----

Conversación en la catedral
Con Mario Vargas Llosa sostuve una especie de conversación cerca de la catedral de Santo Domingo. Él andaba de turista en compañía de Soledad Álvarez y yo estaba de juerga en el Palacio de la Esquizofrenia —Cafetería Restaurante El Conde por más señas— en compañía de Víctor Villegas y Alfredo Pierre.

De modo que disfrutaba yo de la noche y unas cervezas cuando los vi llegar: Soledad sonriente, Vargas Llosa sonriente mucho gusto, apretones de manos mucho gusto, otro apretón de manos, muchas manos, mucha efusión de palabras y mucho gusto (algo así como La orgía perpetua). Dos minutos después éramos viejos amigos.

Claro que el tema de Trujillo vino a cuento (Trujillo "cae al alma como al pasto el rocío", diría un nostálgico). Villegas se destapó, de entrada, con una historia extraordinaria. La de aquella vez que lo cogieron preso, una de tantas, y lo llevaron en presencia del tenebroso Johnny Abbes. Lo chivatearon a Villegas y allí estaba, en presencia del siniestro que le hacía preguntas sobre política, pero Villegas cambió el tema. Comenzó a celebrar los méritos de un poema que aquel monstruo había publicado recientemente y se salvó en telita. Borracho a fuerza de elogios, Johnny Abbes ordenó soltar al muchacho tremendón. Me salvó la poesía, dijo en conclusión Villegas y ahí mismo le enmendé la plana. Villegas: te salvó la crítica literaria.

Yo a Vargas Llosa había jurado odiarlo, metafóricamente, a raíz de su discurso neoliberal, y sobre todo —sobre todo— a partir de un artículo contra Robin Hood, el héroe de mi infancia. Confieso, sin embargo, que el personaje me cautivó por su simpatía, igual que me había cautivado por su talento. Además, es difícil odiar al autor de La Casa verde y La ciudad y los perros. Difícil, incluso, odiar a Borges sin amarlo, aun para un perfecto idiota latinoamericano.

Mi admiración por Vargas Llosa no estuvo, por supuesto, exenta de suspicacia, ni me he rendido nunca, incondicionalmente, a sus encantos.

Durante nuestra breve conversación cerca de la Catedral, ciertos detalles me llenaron de inquietud. Vargas Llosa hablaba y se reía un poco como Trujillo, con voz y risa de flauta, exagerando los agudos, y me aterrorizó pensar en aquello de las afinidades electivas. ¿Qué otra cosa tendrían en común el escribidor y el tirano? La voz de Vargas Llosa no tiene don de mando, no tiene la autoridad, ni la intención ni el don de hiena. La risa de Vargas Llosa no es una risa de hiena, desde luego. Es una risa un poco saltamonte, cordial, curiosa, agradecida: risa de buenas costumbres, la risa a flor de piel. El humor y la risa a flor de piel.

Aun así recelaba, me embargaba la duda. Vargas Llosa estaba aquí para documentarse y escribir un libro sobre Trujillo. Algunos pormenores habían salido en la prensa. Por órdenes superiores, Font Bernard le había improvisado un despacho en el Archivo General de la Nación. En lo que queda de Archivo, en el archivo sin ley vislumbraría Vargas Llosa algunas escenas de La fiesta del chivo. Yo —prejuicioso como muchos—temía lo peor. De la mano de Vargas Llosa, orientado por Font Bernard, emergería un Trujillo humanista, o cuanto menos progresista. El propio Font Bernard emergería como lumbrera de la Era y la pos Era. Ahora sabemos que a Virgilio le fue mejor con Dante.

Mario Vargas Llosacontra Los Magos del Ritmo
"El misterio es superior a su realización", decía Poe, y es cierto. Parecía cierto hasta ahora. En el caso de la novela de Vargas Llosa, el misterio fue, incluso, anterior a su realización, pero cuando se realizó se revelaron otros misterios de orden tan superior que no serán quizás realizables y seguirán siendo misterios, felizmente misterios. Así la novela es inagotable como fuente de especulación.

De la novela se habló y se escribió antes de ser escrita, y antes de ser novela se novelaba sobre ella, pobre criatura. Se la concibió como infamia antes de ser concebida, y durante el proceso de gestación corrieron rumores perversos. Antes de nacer enfrentó resistencia, y el parto, ya se sabe, fue seguido con morbosa curiosidad. El clímax se produjo con la publicación del segundo capítulo en el Listín Diario. Fue un acto sádico, de refinado sadismo, por parte del editor dominicano, que dejó en ascuas a millares de lectores. (Eso no se hace, por Dios, poner un bocadillo en boca de hambrientos y demorar el banquete).

Para sorpresa de muchos, el Trujillo de Vargas Llosa se ajusta perfectamente al esquema del intelectual arquetípico del perfecto idiota latinoamericano. Es la misma visión del mismo idiota tan castigado por Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa en Manual del perfecto idiota latinoamericano, una joya. Trujillo, por ejemplo, es un tirano made in usa, impuesto por la gran democracia del norte, y el país que le sirve de escenario es un país con las venas abiertas. Vargas Llosa no sólo figura en el Manual del perfecto idiota —esto hay que recordarlo— sino que además es reincidente, igual que Bosch, Galeano. (¡Habrá líos en familia, Álvaro, por favor, comprende, son cosas de viejo!).

El Trujillo de Vargas Llosa es un monstruo sin legitimación ni justificación posibles. No es el resultado de la necesidad de la historia, ni de la incapacidad de un pueblo, no es el tirano que merecíamos y ni siquiera es neoliberal. En la construcción del personaje hay, apenas, errores de diseño, problemas de léxico. Donde se equivocó de plano el autor fue, quizás, en su apreciación del trujillismo como fenómeno histórico actual, error de perspectiva. Vargas Llosa vino al país a documentarse y escribir sobre Trujillo pensando que Trujillo estaba muerto y enterrado y se desató un escándalo —tamaño escándalo— porque Trujillo vive y manda, su herencia vive y manda. Sus sucesores han detentado y detentan posiciones de poder y mandan, influyen, determinan, manipulan, inciden en todos los capítulos de la sociedad. De hecho el trujillismo ha permeado y copado durante treinta y nueve años principalísimas instancias del poder. Sectores económicos y militares responden todavía al inquilino de la Máximo Gómez 25.

Personajes de la caverna trujillista ostentan posiciones cimeras en la dirección de la cosa pública y en la dirección de los tres mayores partidos que se disputan el poder. Nombres de barrios y calles honran los memoria de esbirros y limpiasacos. Un hijo de Trujillo, beneficiario de una cuantiosa herencia y actual propietario de una línea aérea, se declaraba recientemente orgulloso de su apellido. En el país podrido, numerosos paladines de la libertad de prensa provienen de las filas del trujillismo. Sin ir más lejos, el gobierno de Leonel Fernández fue producto de componenda entre el flamante Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el trujillismo balaguerismo.

El régimen guarda, por supuesto, las apariencias. Anualmente se celebra el 30 de Mayo como una fiesta patria, pero el célebre Pechito, uno de los responsables de la masacre de Hacienda María, donde fueron ejecutados los sobrevivientes de la conjura, comulga dominicalmente, religiosamente, impunemente, en una iglesia de Arroyo Hondo. Anualmente se celebra también, a manera de trágico sainete, el Día Internacional de la Mujer en conmemoración del sacrificio de las Mirabal, pero cuando hace unos años vino al país don Alicinio Peña Rivera, señalado y condenado como el principal asesino —nu prófugo de la justicia— se le concedió el uso de la Biblioteca Nacional para la puesta en circulación de un libro sobre Porfirio Rubirosa, y a pesar del escándalo, a pesar de las protestas, a pesar de la indignación, no hubo fuerza material que lo retuviera, no hubo forma de regresarlo a la cárcel donde pertenece, no hubo forma de impedir su salida y Alicinio Peña Rivera sigue viviendo en Puerto Rico, a despecho de la resolución de la ONU que consagra el Día Internacional de la Mujer en honor de las Mirabal.

En las altas esferas del poder, las hermanas Mirabal tienen menos simpatía que sus asesinos. En las altas esferas del aparato político gubernamental, más interesadas en detener que en encauzar la marcha de la justicia, el asesinado periodista Orlando Martínez tiene menos simpatía que sus asesinos. El presidente de las manos limpias, Salvador Jorge Blanco, ascendió a general a uno de sus matarifes el día en que se cumplía el undécimo aniversario de su muerte.Hipólito Mejía, del mismo partido de Jorge Blanco y actual presidente de la res pública, como decían apropiadamente los romanos, visitó en la cárcel durante su campaña proselitista —"por razones de amistad" y quizás de humanidad— al más señalado asesino intelectual del brillante periodista (lo de "intelectual" hay que discutirlo). En un nuevo gesto de nobleza, quizás por las mismas razones de amistad, humanidad o solidaridad, nombró en su gabinete, con rango de Secretario de Estado, a otro de los "intelectuales" vinculados al asesinato. Para peor, quizás no está lejos el día en que un indulto redima de la prisión a los cuatro ejecutores materiales condenados recientemente a treinta años.

Una cosa es, pues, la cara y otra la careta. Trujillo vive y manda. ¡Viva el Jefe! Sus herederos y discípulos son todavía los dueños del país, son Los magos del ritmo. Ellos controlan el poder, ellos controlan la información, ellos controlan la historia, hasta cierto punto, pero no controlan toda la verdad. La corte y sus cortesanos lo recibieron a Vargas Llosa como a un príncipe, lo mimaron, trataron de asimilarlo como bufón del rey. Quizás le recordaron sutilmente aquello de que la mierda no se bate y Vargas Llosa la batió, muy selectivamente por cierto, y el olor es terrible.

¡Rompan filas!
Mario Vargas Llosa y El Enmascarado de Plata

La reacción contra La fiesta del chivo no se hizo esperar, y más bien empezó, como se ha visto, antes de la propia fiesta. Desde las filas del trujillismo, el libro ha sido descalificado por sus inexactitudes, por sus infundios, por sus calumnias contra personajes tan lánguidos, tan leves, tan sublimes como el doctor Joaquín Balaguer, el doctor que ha hecho del cinismo un arte. Esto, por supuesto, hay que celebrarlo. El mismo Vargas Llosa se declaró contento en la puesta de circulación del libro por haber irritado a los trujillistas con sus planteamientos.

Los familiares de los héroes del 30 de Mayo han reaccionado, por igual, con acritud: acusan al autor de incurrir en falsedades y, en general se sienten injuriados, desconsiderados por ciertos hechos descritos en el libro. Esto, desde luego, es lamentable, pero era, también, inevitable. Imposible no herir susceptibilidades, tratándose de un tema tan espinoso.

Una parte considerable de la crítica se ha expresado en el mismo sentido: falta de rigor, falta de apego a la verdad, mezcla de ficción y realidad, deformación de la historia.

Ahora bien, en todos los casos se olvida lo que es esencial a la naturaleza del texto: La fiesta del chivo es novela y no es historia, y no se puede descalificar a una novela por su falta de apego a la realidad. Quienes proceden de esta manera se sitúan en una perspectiva falsa: analizan o juzgan la obra de arte por lo que debería ser y no por lo que es.

Algo de esto dije, a propósito de la novela Enriquillo de Manuel de Jesús Galván, en un ensayo titulado Notas sobre el Enriquillo, de 1978 (pag. 59). Del ensayo en cuestión (publicado por la Editora Taller de José Cuello, el mismo editor de Vargas Llosa, "modestia apártate"), me interesa desempolvar y rescatar algunas ideas que ahora vienen como anillo al dedo. Cito, pues —y me cito—, a continuación:

Ciertamente, el contexto de la novela de Galván es antihistórico. Pero lo importante, en última instancia, no es que el comportamiento de los personajes y la historia narrada correspondan estrictamente a la realidad. Si dentro del contexto general de la obra estos elementos funcionan artísticamente y se integran, entonces no hay objeción posible en sede literaria. Toda obra de arte es una respuesta intelectualmente (y altamente) organizada a los problemas y conflictos históricos de la época. Por eso, el análisis literario exige que se establezca una relación entre el ámbito socio cultural y la estructura global de la obra, mas no en sus particulares. ¿Qué serían entonces la literatura fantástica y el realismo mágico y la mitología griega? Seguramente a nadie se le ocurriría cuestionar a Homero y García Márquez por el hecho de contar mentiras. ¿Quién ha demostrado que el valor estético de una obra consiste en su apego a la realidad?Si un historiador falsea la historia, producirá un libro poco digno de consideración. Si lo hace un novelista, esto no significa nada en términos literarios y artísticos, pues el gran problema del arte no es la verdad, es el verosímil: las cosas deben parecer ciertas en el contexto de la narración, no en el contexto histórico. (pag. 61).

Bien mirada, la novela de Vargas Llosa es un tributo de admiración a nuestros héroes, pero es también un tributo de rencor y desprecio a torturadores, matones, delatores y cortesanos. Hay, entre otros, dos tipos de personajes en la obra: unos que tienen redención y se redimen, y otros para los que no hay redención posible.

Los conjurados no aparecen como santos: provienen de las filas del trujillato y eso es un dato histórico. Pero eso sí, ellos purgaron sus pecados, lavaron y redimieron en sangre sus pecados. Los lavaron y redimieron con la sangre de Trujillo, con la sangre propia, con la sangre inocente de familiares ajenos, por completo, a los hechos. Ninguno de los conjurados cometió quizás una falta superior a su sacrificio, ninguna sombra de duda, ningún cuestionamiento pesará más que su hoja de servicios. Así, ningún obstáculo fue superior a su determinación, nada se compara con su arrojo ni con la magnitud de esa gesta. Siete hombres al anochecer del 30 de mayo, en el Malecón, se jugaron su destino, se jugaron el destino de sus familiares, se jugaron el destino de la patria. La apuesta la ganaron y la perdieron. La patria momentáneamente ganó la apuesta y se libró del monstruo. Otro monstruo, aun más taimado, tomó su lugar y subsiste, influye perversamente todavía desde la Máximo Gómez 25.

El hecho de no ser santos más bien los engrandece antes que disminuirlos. La historia enseña que las conductas torcidas pueden enderezarse y se enderezan, a veces. Ahí está, por ejemplo, el caso de Caamaño, por no mencionar a San Pablo. Hay menos mérito, hasta cierto punto, en la conducta del santo que en la conducta de aquel que se redime por heroísmo. Hay menos mérito, quizás, en la conducta del santo que sólo arriesga su santidad, que en la conducta de aquel que se la juega en el terreno donde no tiene nada que ganar y todas las de perder.

Por otra parte, la figura del santo no existe en la vida real. El verdadero Santo —El enmascarado de plata— es un personaje de las tiras cómicas mejicanas con el cual me di banquete en la infancia —¡vergüenza sea!— Nada más falso que el Duarte santo que aparece en un libro de Balaguer: un Duarte edulcorado, casto y abstracto, un Duarte imaginario del cual muchos se burlan con razón. Balaguer inventó un Duarte místico en El Cristo de la libertad, ni más ni menos, y de paso se inventó a sí mismo como proyección de Duarte y de Cristo. ¿Por qué no? Como cortesano, al fin, Balaguer es un mago del desdoblamiento. Si alguna vez declaró que no era hijo de la sangre, pero sí de la estirpe de Trujillo, ahora se puede imaginar depositario del más puro pensamiento libertario y cristiano.

En fin, que si resulta cuesta arriba canonizar a Duarte (y aunque perseveremos en el "mito de los tres Padres de la Patria", como decía Jimenes Grullón), mejor es no intentar canonizar a Mella, ni a Sánchez, y mucho menos a Luperón. Los conjurados del 30 de Mayo tampoco necesitan ser elevados al altar, ni siquiera con la bendición del Vaticano. De igual manera, Vargas Llosa no merece la repulsa de familiares y dolientes. Para quien quiera ver y sepa ver, si algo caracteriza a La fiesta del chivo es el extraordinario fenómeno de empatía que allí se produce. Es decir, el proceso de participación afectiva del narrador en las vicisitudes de estos personajes, su plena disponibilidad. Todo el entramado de la novela vibra de admiración por el destino de esos héroes. No es hagiografía, como dijo Vargas Llosa, no es historia de santos. Es historia de gente que actúa sin vacilación en un clima de terror inaudito y se realiza en la acción. Se realiza, paradójicamente en aquello que Roque Dalton llamaba "la plena santidad: la acción". La santidad del héroe: el heroísmo.

Los cortesanos de Vargas Llosa
En la novela de Vargas Llosa se alude repetidas veces, y no por casualidad, a un personaje histórico que es, también, un personaje de novela. Es el Petronio de la Roma imperial, un rico terrateniente, propietario de miles de esclavos. (Ese Petronio es el autor de Satiricón, una obra con la cual me identifico por razones de complicidad y de apellido). Pero es, además, el Petronio de Quo vadis?, el Petronio de la novela de Enrique Sienkiewicz que alguna vez se vendía como pan caliente. Es el Petronio árbitro de la elegancia, el arbiter elegantiorum, el áulico por excelencia. Un personaje emblemático, sin duda.

Petronio, en la novela, es el más refinado y exasperante de los aduladores de Nerón. Pero Petronio es un adulador desencantado, uno que está atrapado, que no está allí por gusto. En la adulonería pone en juego toda su inteligencia y, a veces, la vida. La adulonería es cuestión de argucia, de agudeza mental, mediante las cuales implica todo lo contrario de lo que dice. He aquí la escena:

Nerón acaba de declamar unos versos de su canto al incendio de Troya. El auditorio lo adula a una sola voz. Petronio disiente. Dice que esos versos son dignos del fuego. Sobreviene un intervalo de terror. A todos les pareció que había sellado su sentencia de muerte. El César demanda una explicación y Petronio da un giro a sus palabras. Castiga la ligereza de los presentes. Ninguno allí entiende nada de poesía. Esos versos son dignos de Ovidio, de Virgilio, incluso de Homero, pero no son dignos de ti, Nerón, que estás a mayor altura. Nerón lo mira con ojos aguados, conmovidos. Sólo tu, Petronio, me dices la verdad.

A Petronio, en el fondo, todo aquello le repugnaba y de eso dejó constancia en las pocas páginas del Satiricón que han llegado hasta nosotros. Del servilismo se redimió en vida, participando en la conjura de Pisón, por lo cual fue condenado a abrirse las venas. En la novela de Sienkiewicz se redime, desde la muerte, con una carta que no tiene desperdicio:

¡Salud, augusto, y no cantes; asesina, pero no hagas versos; envenena, pero no bailes; incendia, pero no toques la cítara!

El ejemplo de Petronio no abunda entre los cortesanos de la era de Trujillo, pero se dieron casos parecidos de intelectuales, sobre todo, que colaboraban con el régimen y pasaron a la oposición, pluma en ristre, pagando la letra con la sangre (Galíndez, Almoina, Requena).

Los áulicos de La fiesta del chivo actúan, en general, de otra manera. Son epígonos, no disidentes, como sugiere Juan Daniel Balcácer en un artículo reciente. No toman riesgos (y es casi lo único que no toman), están encantados de estar donde están y se disputan a codazos los favores de Trujillo. Lo peor que puede pasarles es caer de la gracia del Jefe, y a veces caen, paradójicamente, por exceso de celo, exceso de servilismo.

El golpe bajo en la novela de Vargas Llosa va dirigido precisamente contra estos aduladores palaciegos, los cortesanos. Es un golpe bajo, bajísimo, por la propia naturaleza del objetivo, una especie de misil de vuelo rasante. El autor condena, sin duda, a los esbirros, castiga y mortifica la falta de escrúpulos de los delatores, denuncia la crueldad de los torturadores y presenta a Trujillo como asesino vesánico, pero son los cortesanos los que reciben la peor parte, a ellos está reservado el fallo más adverso, la pena máxima en el último círculo del infierno dantesco. Los cortesanos son la oveja más negra de la novela y han acusado el golpe: han pegado el grito, o han disimulado el escozor con palabras sinuosas, pero más les valiera permanecer callados.La especie abominable de los cortesanos inspira repugnancia. Son advenedizos a los que "les gustaba ensuciarse", a los que parecería que "trujillo les sacó del fondo del alma una vocación masoquista, de seres que necesitaban ser escupidos, maltratados, que sintiéndose abyectos se realizaban." El cortesano, parece decirnos Vargas Llosa, es tanto más deleznable en cuanto tiene el don de la inteligencia y ha recibido el beneficio de la cultura. A la bellaquería el cortesano suma la ausencia de valores morales, incluso la ausencia de valor personal, la ausencia de ideales.

De hecho, el cortesano no aspira ni tiene voluntad para aspirar a un ideal. El cortesano carece de heroísmo, para el cortesano no hay redención posible. Es un prostituto. Si ofrece la mujer o la hija es porque ya se ha ofrecido a sí mismo.

En las páginas de La fiesta del chivo, que son muchas, hay un despliegue, una parada, todo un glorioso desfile de personajes del género reptante, de esa subespecie de cortesanos, palaciegos, áulicos, alcahuetes, celestinos, proxenetas, limpiasacos, lambones, tumbapolvos, adulones, alabarderos, bufones y sicofantes o como se les quiera llamar. No son todos los que estaban, ni están todos los que eran: apenas un muestrario representativo. El autor evidentemente se encariñó con algunos de ellos y no quiso mostrar sus vergüenzas. De lo contrario habríamos asistido a espectáculos espeluznantes y espeleznudos, orgías y misas negras, danzas macabras de cortesanos bailando en trajes de mujer.

A Vargas Llosa se le escapó o dejó escapar, concretamente, por lo menos uno de los cortesanos más indignos de la Era Gloriosa. El hijo de ese cortesano, que medró a la sombra del poder, ahora es un hombre de poder, con su propia corte de áulicos y áuliquitos, y eso explica muchas cosas. Las culpas del padre no son las culpas del hijo, por supuesto, pero el hijo ha sabido fabricarse un historial siniestro, que es fruto de su esfuerzo y sólo de su esfuerzo, y carga sobre sus hombros con responsabilidades que no heredó del padre.

De manera que se trata de un personaje abominable por derecho propio: la personificación de la arrogancia. Es un personaje, más bien, surrealista, de cara tan dura que se ríe en público de chistes antitrujillistas y persevera en prácticas trujillistas, con la complacencia de gobiernos liberales. A su antojo, por ejemplo, ha manejado, manipulado, depredado el archivo de Trujillo para lavar la honra de familias patricias, incluyendo la propia.Algunos cortesanos aparecen en la novela de Vargas Llosa con nombres y apellidos más o menos deformados y más y menos reconocibles.

Otros, como Henry Chirinos, con nombres y apellidos inventados, y otros, como Balaguer, con nombres y apellidos reales. Balaguer, de cualquier manera es inconfundible y de poco o nada le valía el camuflaje de un nombre ficticio. En la novela de Viriato Sención se llamaba Doctor Ramos y el azufre era el mismo. El misterio, en cambio, envuelve a Henry Chirinos. La gente de cierta edad se pregunta por Chirinos, los conocedores indagan sobre Chirinos y no lo identifican, porque Chirinos es, a todas luces, un prototipo, el prototipo de varios cortesanos. Su descripción corresponde probablemente a una mezcla de físicos y personalidades de cortesanos de la era: gordo como Fulano, sucio como Zutano, beodo como Mengano, etc. Chirinos es un poco todos, un menjurje, un cóctel, una batida de cortesanos, batida de indignidad.

Sólo Balaguer es único, inequívoco, apabullantemente igual a sí mismo. El misterio no radica en su identidad, sino en su personalidad. Balaguer se lleva en parte la atención, el morbo, la curiosidad, se lleva un poco la admiración del narrador, y de seguro la mayoría de adjetivos no laudatorios de la novela. A costa de Balaguer, el autor ensaya todas las alusiones despectivas que puedan imaginarse, y Balaguer, por supuesto, se las merece, califica, sin duda, como objeto de tan cruel y justiciero ejercicio de la inteligencia. Curtido en el ejercicio demoníaco del poder, Balaguer es, sin duda, la figura más nefasta de la historia dominicana.

Otros gobernantes fueron producto de circunstancias. Balaguer eligió las circuntancias, él creó las condiciones para el establecimiento de un régimen basado en la corrupción, él llevó la moral pública a un estado de putrefacción del que no ha podido recuperarse hasta ahora. Pudo haber consagrado por lo menos una parte de su existencia a una causa decente, medianamente justa, y la consagró entera a la Maldad. Para eso ha vivido casi un siglo. "Nada conserva tanto como el odio", ha dicho un autor del que no puedo acordarme, y ahí está Balaguer para demostrarlo.

Los imposibles de Vargas LlosaCuando un novelista asume el riesgo de escribir sobre un tema ajeno a sus vivencias y a su cultura, tropieza generalmente contra un muro insalvable, tanto más si es extranjero. El conocimiento del tema se puede adquirir mediante el estudio, la lectura, la documentación apropiada, pero la documentación no sustituye al elemento vivencial. A través del conocimiento se adquieren, al máximo, vivencias de segunda mano. En cuanto a la cultura, no se adquiere jamás, no se asimila sino viviéndola desde adentro: sobre todo un aspecto particular de la cultura, el más resbaloso y traicionero: el habla.

El escritor debe estar atento al habla, entre otras cosas, debe vigilar el habla, y no sólo el habla propia, sino el habla del país, el habla de clases, el de barrios y grupos marginales, el habla generacional. Allí donde el habla ejerce su domininio el escritor debe actuar con conocimiento de causa si no desea andar a tientas. El tema de una novela sobre jevitos y el tema de una novela sobre campesinos exigen vivencias de primera o segunda mano y un buen manejo del habla, de la jerga.

Por lo demás, cualquier novelista, frente a una realidad que no domina, se sitúa como extraño, independientemente de su lugar de procedencia. Si el escritor no está familiarizado con el tema, o viceversa, se encuentra en posición de riesgo, es un extranjero, expuesto a una perspectiva falsa.

Escribe de lo que sabes, dicen los clásicos, escribe de lo que te rodea, escribe sobre lo que te ha tocado vivir de cerca. Uno no se imagina a Sartre escribiendo novelas sobre campesinos, como Gorki, ni a Gorki escribiendo novelas filosóficas.

Sartre escribía sobre intelectuales y neuróticos existencialistas, que es lo mismo, y Gorki escribía sobre los pobres. Kafka, por supuesto, escribía sobre fracasados, Dovstoieski sobre alienados, Faulkner sobre degenerados y borrachones, Hemingway sobre aventuras salpicadas con abundante whisky, y Henry Miller sobre mujeres y sexo. Sólo Tolstoi —el gigante— podía escribir la historia del mujic y la historia del oficial de caballería, manejar 559 personajes en una sola novela y escribir la historia de Rusia durante la campaña napoleónica. Así, tan vastos, eran su mundo y sus vivencias.

Para escribir Cien años de soledad había que nacer en Aracataca, había que tener la carga vivencial de García Márquez, haber vivido en una casa embrujada, creer en muertos y apariciones, haber tenido una infancia alucinante y, sobre todo, el talento desbocado y la inspiración genial de García Márquez. Para escribir La ciudad y los perros, Vargas Llosa tuvo que pasar por la academia militar Leoncio Prado. Cuatro años en Suiza, en un internado para burguesitos, no habrían surtido el mismo efecto, no le habrían proporcionado el mismo material novelable.

La novela por excelencia es vivencial. La otra novela, cualquier otra novela es intelectual: más cerca de la inteligencia que del afecto, más cerca de lo imaginado que de lo intensamente vivido. "Se me están enfriando los mitos", dijo una vez García Márquez alarmado, y con razón, queriendo expresar con ello que se le estaban agotando las vivencias, las vivencias profundas, de primera mano. Los jefes, La casa verde, Conversación en la catedral son todavía formidables novelas vivenciales y hasta biográficas, novelas por excelencia. La fiesta del chivo es una novela intelectual, una reconstrucción o, mejor, una recreación histórica, un poco como La guerra del fin del mundo, salvando las distancias.

Vargas Llosa se puso al día con la crónica, pero no con la cultura de los dominicanos, especialmente con el habla, y el habla lo delata a ratos, en la voz de la narración, lo traiciona, lo denuncia como peruano con pasaporte español.

Sólo Valle Inclán pudo atravesar impunemente la barrera del habla, inventándose un habla. Lo hizo todo de nuevo, en Tirano Banderas, y en lugar de un uso pasivo del habla, juntó el habla, las hablas latinoamericanas, y creó un inmenso pastiche, el esperpento literario, quizás la única forma de aproximarse a una novela hispanoamericana total.

En el habla de los dominicanos, se alude a la calle Doctor Delgado y no a la calle de Doctor Delgado. En el habla de los dominicanos, el ambiente no huele a nafta, sino a gasolina, pibe, a gasolina y frituras. Los dominicanos, por otra parte, no arrojan baldazos, sino cubos y cubetas de agua. Aún más: a los dominicanos (y a las feministas dominicanas) las cosas no les salen de los huevos sino de los cojones. La palabra güevón se aplica al tamaño del pene y raras veces a la condición de imbécil, holgazán o pendejo, como en ciertas zonas del español meridional. El güevón, de hecho, es simplemente un superdotado entre nosotros. Por último, la iglesia donde monseñor Panal oficiaba misa, en La Vega, no fue invadida por una pandilla de barraganas, sino de prostitutas, todo un ensarte de cueros, un cuererío.

Hay cosas más graves en la novela, como señaló Diógenes Céspedes, incluyendo horrores de sintaxis y otras faltas garrafales. Pero, todas éstas, en el fondo, no son más que minucias, deslices de menor importancia que pudieron corregirse contratando los servicios de un corrector de estilo (ahí está Rafael Deprat, por ejemplo, trabajando para el cardenal). Borges, el mismo Borges, utilizaba los servicios de un corrector de estilo. Por su parte, García Márquez utiliza como corrector de estilo a su amigo, el brillante escritor y poeta Alvaro Mutis (¡qué suave!). Tan paranoico es el Gabo, que cuando describe una luna llena consulta con un astrónomo para corrobar el dato, y cuando uno de sus personajes come una fruta, se asesora con un botánico para corroborar la fruta.

Lo peor de la novela de Vargas Llosa es el exceso de crónica, su apego a la crónica, más bien, especialmente a la crónica de Diederich y a la de Crassweller. Diederich, para los profanos, es el autor de The dead of the goat (La muerte del chivo), que entre nosotros circula con el título de La muerte del dictador: quizás el mejor libro sobre el atentado del 30 de Mayo. Crassweller, por otra parte, ha escrito una documentada biografía: Trujillo, la trágica aventura del poder personal. Del interés por estas obras hablan sus numerosas tiradas. Ambas comparten, en efecto, el dudoso honor de haber sido mil veces reeditadas por los piratas del patio.Si es cierto que Vargas Llosa leyó unos doscientos libros para documentarse sobre Trujillo y "poder mentir con propiedad", como hacen los novelistas, no menos cierto es que toda, casi toda la información novelada en La fiesta del chivo remite mayormente a las obras de los mencionados autores.

Tan pesada es la crónica, el exceso de crónica, y en particular la deuda con Diederich, que a ratos pone en peligro la narración. A ratos la narración es apenas una versión novelada de La muerte del chivo, de la cual la separa una palabra en el título. Numerosos personajes que figuran con rangos, apodos, nombres y apellidos provienen directamente de las páginas de Diederich, arrancadas de cuajo, sin mediación del estro novelesco, para decirlo así, en forma pedante.

Julio Cortazar, el buenazo de Julio, en un artículo de antología llamado "La situación de la novela" (el cual me hizo llegar a Roma, gentilmente, el célebre Enrique Lengüemime, con dedicatoria y todo), establecía una sutil diferencia entre dos tipos de novelistas: los que "cuentan explicando, o (los mejores de ellos) los que explican contando". Los primeros detienen la marcha de la narración para explicar —incurren en explicaciones—, y los segundos explican sobre la marcha, es decir, a medida que narran. Es claro que hay mayor finura, mayor conciencia de oficio en la técnica de los segundos que en la de los primeros, mayor fluidez narrativa, y quizás en esto radique un poco la diferencia entre novela y crónica. El cronista narra y explica, mientras que el novelista explica en la misma medida en que narra. En el inicio de un relato de antología de Juan Bosch ("Con su sensible ojo de prófugo Encarnación Mendoza había distinguido el perfil de un árbol a veinte pasos...") hay un ejemplo inmejorable de lo que esto significa: la explicación que introduce y delata al personaje, describe una situación que contiene casi toda la narración. El autor explica contando.

Vargas Llosa se ubica como cronista en La fiesta del chivo, no así en La casa verde, por ejemplo, ni en La ciudad y los perros, que son obras de una técnica muy depurada. Este error capital e imperdonable, o más bien incomprensible en un escritor de su talla, pone en juego la estructura de la narración. La novela da tumbos, avanza a trompicones y en general sucumbe, precisamente, ante el exceso de crónica. La crónica en exceso y el léxico impropio son los pecados capitales de la obra. Aparte, claro está, del plagio de Lipe. Plagiar a Lipe Collado sí es algo verdaderamente inexcusable (creo que hay gente que me comprende). Plagiar el mito del eterno retorno, se entiende. Plagiar a Ulises, se entiende, pero plagiar a Lipe no, por favor, es demasiado.

En fin que, en términos literarios, el valor de La fiesta del chivo es relativo. Felizmente, la importancia de la literatura no se reduce a lo literario, no sólo a un hecho de lengua, como se pretende, un hecho de pensamiento, es también un hecho histórico y sociológico: pertenece al ámbito de la ideología, que es un poco como pertenecer a todos los ámbitos. No se reduce, por lo tanto, a su excelencia estilística, narrativa. Muchas obras mal escritas y mal tramadas han ejercido a veces una influencia enorme a través de los tiempos y han jugado un papel mucho más importante que otras de mejor factura. La pequeña Harriet Beecher-Stowe, autora de La cabaña del tío Tom, desató al decir de Lincoln la guerra civil norteamericana, aunque el famoso libro no brille exactamente por su excelencia. Eso es lo que sucede ahora con la obra de Vargas Llosa. No ha desatado una guerra, por fortuna, pero ha provocado al menos un conato de incendio, una llamarada de indignación y reflexión en la conciencia de los dominicanos.

Las obras impecables —muchas de ellas— suelen nacer muertas y frías. La fiesta del chivo, con todos sus defectos, es una obra viva, vivísima, tanto que desconcierta a la crítica puritana. Si en términos literarios su valor es relativo, en términos sociológicos su valor y su alcance son inmensos. La publicación de La fiesta del chivo es el acontecimiento sociológico literario más importante ocurrido en el país desde la muerte de Trujillo (sin mencionar el plagio de Lipe, desde luego). Vargas Llosa, aparte de otras cosas, ha suscitado entre nosotros el resurgimiento de la lectura de novelas como fenómeno de masas (el que se dio, sobre todo, en los años sesenta con los autores del boom latinoamericano, y en el breve intervalo de los noventa, con Viriato Sención y Los que falsificaron la firma de Dios). Vargas Llosa ha replanteado de alguna manera un tema (más que la novela es el tema) que hasta ahora supera la barrera del tiempo y ha calado profundamente en las viejas y nuevas generaciones. Vargas Llosa refresca la memoria del sacrificio de nuestros héroes, refresca el horror de las torturas a que fueron sometidos, nos hace ganar por el vómito recordando el episodio en que a Modesto Baéz Díaz le hacen comer carne del hijo. Vargas llosa, en fin, expone a los trujillistas a su propio asco, a su propia vergüenza, rememora, actualiza sus crímenes y cobardías. Por eso gritan algunos —y han gritado— como chivos.

Hemos de perdonarle, pues, a este ciudadano de la patria grande iberoafroamericana sus pecados veniales y capitales en la redacción de su novela. Si no queremos volver a la época de la inquisición, hemos de perdonarle incluso a Vargas Llosa su ideario imperial neoliberal. Con la derecha que tiene, igual pudo haber sido campeón de boxeo. Por suerte es novelista. Dios se lo pague. Toledo se lo pague.

pcs/santo domingo 30/7/2000
pedro.conde@verizon.net.do

Pulicado originalmente en la separata de Vetas númreo 22, correspondiente a nuestro número 55, abril de 2001
Biblioteca Bajo Lámparas,
Colección Vetas Separadas
Crítica

*Pedro Conde nació en San Francisco de Macorís (República Dominicana), en 1945. Estudió Humanidades en la Universidad de Roma, y ha sido profesor de Historia Moderna en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y profesor de historia y literatura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Pedro Conde es uno de los críticos literarios dominicanos más importantes de los últimos cien años: Sus análisis, siempre políticos y no siempre compartidos por la crítica tradicional, son siempre rigurosos y difíciles de ignorar. (Fuente: Google)

-----
LEA INFORMACION CULTURAL ACTUALIZADA PULSANDO NUESTROS APARTADOS:
Noticias: http://notasynoticiasdevetas.blogspot.com
Convocatorias: http://agendaculturaldevetas.blogspot.com
Reseñas: http://resenasdelibros.blogspot.com
De Autores: http://de-autores.blogspot.com
Clásicos caribeños: http://piezadelectura.blogspot.com
Enlaces/interlinks: http://enlacesdevetas.blogspot.com
Archivos/Files/Fichiers: http://archivodevetas.blogspot.com
Regresar a la página principal: http://vetasdigital.blogspot.com


posted by Revista Vetas Digital 12:28 PM
1 Comments:

Joel Regalado said...
Uno de los mejores comentario- análisis que se ha escrito de La Fiesta del Chivo. Don pedro es soberbio, elocuente, sagaz, inmenso.Ojala algun dia Vargas Llosa lea este comentario.Ojala los dominicanos entiendan que el analisis de una novela no se basa en comentarios aislados y desconectados entre si, no es solo desplegar una miriada de oraciones sin ton ni son y que repiten el mismo concepto en cada parrafo. Analizar una novela es esto: enjuiciarla en todos los ambitos, sin regodeos, sin citas altisonantes, con un peso especifico de inteligencia aplicada, utlizando un contexto global sociologico, humanista, literario, historico.A los criticos dominicanos de los ultimos años, deberiamos hacerle leer este comentario...para que dejen de escribir leguleyadas...que aprendan y sepan que criticar una obra es un ejercicio tan brillante como el que mas. Soberbio Don Pedro. Irrebatible, inteligente, mordaz...y aqui paro, porque no es aconsejable desbordarse en adjetivos sin pecar de exagerado.
3:38 PM

ENTREVISTA A BERNARDO VEGA / Vetas Digital, Edic. 3-76


26.3.06

ENTREVISTA A BERNARDO VEGA

El historiador y economista dominicano concluye libro sobre la Guerra de Abril de 1965

Vetas.- César Herrera, en 1986, en una entrevista, reveló que Trujillo se proponía conquistar el territorio haitiano, a Haití. Se decía que Trujillo conocía el libro de Gaspar de Arredondo y Pichardo en que narraba el genocidio del ejército de Dessalines en Moca y Santiago.

Bernardo.- Fue César, ¿no?

César Herrera...

No sé dónde César obtuvo esos elementos de juicio, pero yo no los comparto porque no encuentro ninguna evidencia. Sobre el motivo de la matanza del 37, el exilio dominicano publicó -eso yo lo reproduzco en mi libro "Trujillo y Haití", creo que en el volumen II, lo podría comprobar- publicó que la prensa dominicana había recogido unas declaraciones de Trujillo en Santiago diciendo que les tiró el guante a los haitianos para ver si aceptaban el reto, y si lo hubieran aceptado él los hubiera invadido. Sin embargo yo busqué los periódicos de Santiago y de Santo Domingo de esa época y ninguno recoge esa declaración de Trujillo.

El ministro americano tampoco recoge eso; tampoco el ministro inglés. Entonces para mí que fue un invento del exilio dominicano, que con mucha frecuencia inventaba cosas para fines políticos. Por ejemplo, en mi libro "Nazismo, facismo y falangismo en República Dominicana" entrevisté a un periodista puertorriqueño que en el año de 1941 acusó a Trujillo de estar apoyando a Hitler, y él me confesó que todo eso se inventó como una estrategia política del momento pero que no tenía ninguna base.

Tampoco tendría mucho sentido que Trujillo invadiera a Haití. ¿Para hacer qué invadiría a Haití?: ¿para proclamarse dueño de Haití y de los haitianos?, eso no tenía ningún sentido.

El objetivo esencial de Trujillo con relación a Haití era impedir que el exilio antitrujillista pudiese operar cerca de la frontera y atacarlo desde Haití y criticarlo en la prensa en Haití. Y eso lo logró en una fecha temprana, en 1932, sobornando al ministro de Interior, Elie Lescot, quien luego fue presidente de Haití. Habiendo logrado eso no había ninguna otra razón para él incursionar militarmente en Haití.

Víctor Grimaldi es quien hace la revelación en una entrevista a César Herrera que publicó en el Listín Diario en el año 2004.

Don César Herrera era una persona que no fabulaba. Si Trujillo le dijo eso, pues yo lo acepto. Pero Trujilo lo habrá dicho como una forma de impresionar a César Herrera, pero obviamente no creo que lo hizo. Trujillo influía sobre los militares haitianos vía el soborno, sobre los funcionarios del gobierno y también pagaba a periodistas haitianos. Pero invadir a Haití, después de la matanza, cuando recibió tanta propaganda negativa, eso no. Trujillo estuvo asediado por la prensa internacional y por el propio gobierno norteamericano con motivo de la matanza; tanto así que optó por aceptar un perfil bajo y no postularse a la Presidencia en 1938, sino que puso a Peynado.

Entonces no tenía ningún sentido invadir a Haití, porque eso hubiera provocado toda una reacción muy negativa de todos los países de América Latina y los Estados Unidos y Roosevelt lo hubiera visto muy mal. En ese momento Estados Unidos tenía problemas serios en Europa y que surgiera de pronto una invasión en el Caribe hubiera sido totalmente contraproducente e inconveniente a los intereses norteamericanos y consecuentemente Trujillo se hubiera visto en muy malas. No le veo ninguna lógica a esa supuesta intención de Trujillo de invadir a Haití.

Permíteme referirme a mi libro "Trujillo y Haití", volumen II, donde se habla cómo Anselmo Paulino, por instrucciones de Trujillo, creó la falsa alarma y los rumores sobre una invasión dominicana. Eso tuvo lugar en octubre de 1937, pocos días después de la matanza. Fue entonces un rumor expreso, puesto a correr por Trujillo y recogido en mi libro. Recoge además la dramática solicitud de ayuda del Presidente Vincent a Washington a finales de octubre por temor a una invasión, a la luz de un reporte que le mandó el ministro Carrié, que recogía parte de esos rumores falsos que Trujillo puso a correr como una forma de presionar al gobierno haitiano en un momento en que se iban a iniciar las negociaciones vinculadas a la matanza.

Se ha especulado mucho sobre el número de víctimas por la matanza de 1937.

En cuanto al número de muertos, en "Trujillo y Haití", volumen II, capítulo nueve, hago todo un análisis de tres páginas en que aparecen todas las estadísticas que se ofrecieron al respecto e indican claramente que a medida que pasa el tiempo el número de supuestos muertos va aumentando. Tengo un cuadro que muestra que el 25 de octubre del 37 se hablaba de cinco mil muertos y para diciembre de ese año la cifra máxima era de seis mil. Sin embargo a medida que ha pasado el tiempo han sido ofrecidas nuevas cifras, las más altas hablaban de entre quince mil y veinte mil, citadas en el año de 1993. Hoy en día se habla de cifras más elevadas. En un artículo de The New York Times, del 20 de noviembre de 2005, se habla de 37 mil haitianos. Es una cifra récord aunque puede ser que la periodista confundiera y hablara de 37 mil por haber sucedido en 1937.

La conclusión a que yo llegué, en base a un análisis de la cifra de haitianos en el país según el censo de 1935, además de otras fuentes (como el paso por la frontera después de la matanza), es que la cantidad de muertos fue alrededor de seis mil. Yo lo que comparo son estadísticas del censo de 1935 con la cantidad de personas que cruzaron la frontera. Las aduanas las controlaban los norteamericanos en esa época, las aduanas de Montecristi y Dajabón. Allí habían funcionarios norteamericanos y ellos reportan la cantidad de gente que cruzó hacia Haití con motivo de la matanza. Es decir, con esos datos, más los que tomaron botes en Puerto Plata, etcétera, más las cifras de diferentes censos es que llego a la cifra de seis mil. El propio Trujillo como parte de su propaganda se encargó de aumentar la cifra de muertos y los dominicanos en su morbo siguen aumentando el número después de desaparecido Trujillo.

Y los haitianos, muchos en el exilio, que tienen una campaña permanente en contra de los dominicanos, también aumentan la cifra.

La cifra más temprana es del 8 de octubre de 1937 y dice que eran más de quinientos, e iban sumando. Pero después de muerto Trujillo, Rufino Martínez dice que fueron más de diez mil; Robert Crassweller dice que son entre quince mil y veinte mil; Bernard Diederich dice que son veinte mil; Lil Despradel se ganó el premio al decir que fueron 35 mil. Le pregunté a ella de dónde sacó la cifra y me dijo que se lo dijo su tío Roberto Despradel.

Joaquín Balaguer menciona 17 mil. Eduardo Latorre menciona 20 mil. Susy Castor entre 18 mil y 25 mil. Franklin Franco cerca de diez mil. Danilo de los Santos y Valentina Peguero entre doce mil y venticinco mil. Nicolás Silfa menciona 20 mil. Frank Báez Evertz más de doce mil. Un historiador haitiano llamado Roger Dorcenvil en el año 1986 habla de 26 mil. He preparado unos cuadros con cifras diferentes que demuestran cómo se ha ido exagerando y yo realmente creo que no pasaron de seis mil.

Una pregunta muy interesante es dónde están los cadáveres. Porque como arquéologo he trabajado buscando cadáveres de taínos, como lo han hecho muchísimos otros dominicanos, y hemos desenterrado cadáveres de taínos muertos hace quinientos años ¿Cómo es posible que no aparezca ni un cadáver de un haitiano muerto en la crisis de 1937?

Pero hubo matanza. En el Sur hubo matanza en el 1938, es decir, después de la matanza en la Línea Noroeste a finales del 1937, hubo matanza en el 1938.

Por supuesto, la matanza no tuvo lugar en sitios donde había cortadores de caña, como en los ingenios de Puerto Plata y mucho menos en los del Este y los de Barahona. Trujillo respetó eso, para no crear problemas a los intereses económicos norteamericanos y veinte días después de terminada la matanza ya los representantes de los ingenios norteamericanos estaban buscando en Haití braceros para el corte de la caña. Así que fue una matanza limitada a ciertos lugares y a cierto tipo de haitianos. A pesar de eso la migración haitiana es muy elevada, por el corte de la caña y por los trabajos agrícolas.

En 1991 ó 92 recuerdo que usted fijó una posición pública sobre ese problema planteando el mejoramiento en las condiciones de trabajo, la tecnificación, la modernización, para que pudieran atraer a los dominicanos, aduciendo usted entonces que una manera de desarrollar el país era utilizando mano de obra dominicana especializada, tecnificada, para que se pudiera llegar a la mecanización.

En 1933, al caer la dictadura de Machado, los sindicatos cubanos presionaron y el gobierno sucesor al de Machado deportó a todos los cortadores de caña jamaiquinos y haitianos, unos 30 mil. Desde entonces los cubanos cortan su caña, blancos, mulatos o negros. Aquí existe la percepción de que solamente el negro corta caña. Hay que ir a Cuba para ver que eso no es verdad. Si quieres ir más lejos tienes que ir a Australia para que veas que toda la caña allá no la cortan los nativos aborigines, sino los descendientes de los anglosajones.

Me gustaría que hablemos de Peña Batlle, de quien usted escribió algunos artículos...

Escribí sobre él un libro, se titula "La etapa liberal".

Usted es tan contundente en el juicio contra Peña Batlle, a pesar de que reclama su obra anterior al trujillismo. Se critica el racismo de él, que quizá era un fenómeno del momento. ¿Qué se puede defender de Peña Batlle?

Yo creo que Peña Batlle es una figura trágica. Muy joven estuvo muy activo contra la intervención militar norteamericana del 1916 al 1924 con los nacionalistas. En el gobierno de Horacio Vásquez participó en los arreglos para definir la frontera y escribió muchísimo en la prensa, publicó libros, y de pronto surge Trujillo y su aporte a la literatura prácticamente desaparece. Desde el año 1930 al 1939 prácticamente no escribe nada en la prensa dominicana e incluso, muy pocos libros. Era un opositor discreto a la dictadura de Trujillo, no participó en ningún complot ni se fue al exilio.

Cuando por fin decide colaborar con Trujillo en el 1939, por mala suerte para él, si se quiere ver así, ese momento coincidió con dos cosas: la entronización de las ideas falangistas en España y el inicio de una campaña de Trujillo contra el gobierno haitiano, que duró entre 1941 y 1946. Desde el año 1930 hasta el 1938 Trujillo no permitió que se criticara al gobierno o al pueblo haitiano.

Pero entonces en el 1941 surge el presidente Lescot en Haití, a quien él había sobornado a partir del año 1932, y éste se vuelve en contra de Trujillo y por decreto prohibe el envío de cortadores de caña a la República Dominicana.

Eso da inicio a una campaña extremadamente hostil de Trujillo contra los haitianos que concluye con la desaparición del gobierno de Lescot en el 1946.

Consecuentemente, el antihaitianismo de Trujillo (hasta en la literatura dominicana, pues surgieron novelas antihaitianas), se limitó al período de 1938 al 1946, sobre todo de 1941 al 1946. Antes ni después se evidenció una política oficial de crítica a los haitianos. El antihaitianismo de Trujillo fue circunstancial, dependiendo del momento.

Usted ha denominado como "generación perdida" a los intelectuales trujillistas, aquellos que se adhirieron a Trujillo.

Para mí la generación perdida son los intelectuales en la República Dominicana, los que se quedaron aquí; generación perdida porque no pudo expresarse.

Se expresaron a favor de Trujillo.

Claro, la gran mayoría, lamentablemente, se expresaba a favor de Trujillo, muchos lo hacían por oportunismo, sabían que esas frases laudatorias eran una forma de mantener sus empleos; no necesariamene muchos de ellos creían en el fondo lo que estaban expresando... De todas maneras fue una generación perdida porque no pudo expresarse en la forma que tal vez hubiesen querido expresarse. Uno compara lo que escribían antes de 1930 y luego de que se pasaron al trujillismo y nota la gran diferencia.

Pienso que la generalidad de los intelectuales dominicanos ligados a la historiografía local han mantenido una posición prohaitiana, militante, muy militante algunos. Muy pocos intelectuales dominicanos mantienen una posición independiente sobre ese problema. Es decir, la historiografía dominicana se caracteriza por la autoría, en los últimos 50 años, de un conjunto de intelectuales marxistas, otros de otras corrientes ideológicas, pero en su mayoría, de las diversas corrientes, mantienen una posición prohaitiana. Creo que es una respuesta al problema del trujillismo y el antitrujillismo. Un buen antitrujillista y un intelectual de izquierda en los años 60, en los 70, principalmente en ese período, era un haitianófilo por no coincidir con las posiciones antihaitianas y derechizantes del trujillismo.

Al caer la dictadura de Trujillo y regresar los exilados, en la sociedad dominicana surge un movimiento intelectual que trata el tema haitiano muy diferente a como se trataba durante la dictadura de Trujillo. Pero de ahí a decir que son prohaitianos..., habría que ver. Lo que ellos plantearon fue reestudiar la historia dominicana en el sentido de que el heroísmo haitiano de vencer a los franceses y protagonizar la primera revolución de los esclavos por su libertad fue una verdadera epopeya. Y además el hecho de que también lograron liberar a los esclavos en la parte española. Yo no definiría a esos intelelectuales como prohaitianos, creo que hicieron un enfoque objetivo de la realidad.

En 1801 y 1805, cuando se llevan a cabo invasiones haitianas, se producen hechos extraordinarios a favor de los esclavos, pero también se producen hechos verdaderamente dramáticos que no han sido debidamente estudiados hoy día...Lo de Santiago y Moca.

Y en todo el país, en el Sur, si nos referimos a las matanzas llevadas a cabo. Sólo están más o menos documentadas las matanzas en Moca y Santiago, pero en el resto del Cibao, y en el Sur, hubo genocidios.

Pero así como yo creo que es totalmente improcedente que en estos días un periodista norteamericano hable de la matanza de los haitianos del 37, cuando está analizando la situación actual de los haitianos aquí, también creo improcedente hablar hoy de las matanzas de Moca y Santiago. Eso es historia pasada. El problema de ahora es muy diferente. Es un problema, esencialmente, de una gran cantidad de mano de obra haitiana quitándole empleo a la mano de obra dominicana, lo que no permite que los salarios aumenten. Es un problema económico que retrasa la mecanización agrícola y que empeora, como lo ha admitido el Banco Mundial, la distribución del ingreso. Es un fenómeno típico de una gran cantidad de mano de obra que llega a un país y produce esos efectos económicos, como lo ha provocado en Costa Rica la emigración masiva de nicaragüenses por la violenta política de Nicaragua en los años 80. En ese sentido es que hay que verlo, como un fenómeno económico.

¿Qué significa la presencia masiva haitiana en el país?

Creo que el haitiano, igual que cualquier migrante, lo primero que hace es mezclarse con los ciudadanos del país donde se traslada. Lo primero que hace un haitiano que viene aquí es aprender español, antes de llegar pertenecía probablemente a una religión cristiana, no necesariamente la católica, y se dominicaniza muy rápido, igual que el dominicano que emigra, ya sea a Estados Unidos o a Europa, tiende a aprender la lengua, ya sea el inglés o el italiano. Yo no lo veo como un problema cultural, más cuando somos una sociedad mulata; no veo esto como un problema étnico o cultural, lo veo esencialmente como un problema económico.

Las migraciones son normales en toda la historia de la humanidad.

Con relación a Haití, el país haitiano, ¿es un país inviable?

Hoy día es un Estado fallido, pero no lo ha sido a través de su historia. Hubo momentos en que Haití fue más fuerte económicamente, políticamente, socialmente y culturalmente que la República Dominicana. Eso ocurrió en los años 20 y 30 del siglo XX. Bajo cualquier criterio Haití tenía una economía más importante -y Puerto Príncipe era más cosmopolita- que Santo Domingo hasta esa fecha. Doy un simple ejemplo para reflejar eso.

El nuncio apostólico en la isla estuvo en Puerto Príncipe hasta una fecha tan tardía como 1943, era concurrente, porque Haití era más importante para el Vaticano. En el 43 fue que se estableció un nuncio aquí. Los ministros norteamericanos en la isla no estaban en Santo Domingo, los primeros cinco estuvieron en Puerto Príncipe porque eran concurrentes y tardaron como veinte años hasta que se establecieron aquí. Uno ve las estadísticas de exportación de café de Haití, y las compara con las exportaciones dominicanas de entonces. Eran superiores. Los dominicanos iban a Puerto Príncipe a chequearse con médicos.

La pregunta es porqué surgió ese cambio en la importancia relativa de los dos países. Hay algunos que lo ven como un problema esencialmente ecológico. La destrucción de la base agrícola haitiana. Otros lo ven como una diferencia cultural. Yo pongo mucho énfasis al problema ecológico: el cultivo demasiado intensivo del suelo haitiano por parte de los franceses durante la colonia provocó una situación en que la tierra dejó de ser fértil y eso redujo la capacidad de desarrollo económico de Haití.

Pero eso no significa que la economía haitiana sea inviable. Es inviable desde el punto de vista agrícola, pero Haití puede convertirse en el Hong Kong del Caribe, tiene la mano de obra más barata; si se dedica a importar tela y a la confección de ropa, por ejemplo, nos gana a todos. De hecho Haití tenía más exportaciones textiles que República Dominicana hasta 1986; Haití tenía más turismo que República Dominicana en los años 20, 30, 40 y 50 del siglo XX. Con estabilidad política podría tener una economía floreciente basada en el ensamblaje para exportación, el turismo y las remesas, que hoy día son el 40 por ciento de su producto nacional bruto, mucho mayor que aquí, en términos relativos.

¿Usted descarta la existencia de una trama internacional de Estados Unidos, de Francia y otras potencias para la fusión de los dos países?

Eso es un mito que se inventó Balaguer, que nunca pudo probar. Lo que sí existe es una política, tanto en Norteamérica como en Europa, de no recibir inmigrantes. Cada vez restringen más las migraciones, no importa el origen, y será más restrictivo ahora después de lo que ha sucedido en Francia. Lo que ha hecho Estados Unidos es haber puesto a la Isla Hispaniola en paréntesis. Hay barcos de patrulla norteamericana en el Canal de la Mona y en el Canal de los Vientos para que no salga migración de los dos países, y eso lo que está provocando es que los haitianos tan sólo puedan emigrar a dos lugares, a las Bahamas, donde ya constituyen el 30 por ciento de la población, y a la República Dominicana, donde estimo que una de cada quince personas es haitiano o de origen haitiano.

Somos nueve millones, por lo que tenemos 600 ó 700 mil personas haitianas o de origen haitiano. Los haitianos estuvieron ocultos en los bateyes dominicanos durante generaciones, ahora no están solamente en los bateyes. Ya la mayoría no está en los bateyes. La economía dominicana ya no es una economía agrícola, es una economía de servicios, urbana, y entonces los haitianos van donde hay empleo, a los centros urbanos.

Hablemos de otros temas, Bernardo, que no solamente Haití es nuestro interés. Usted estudió economía en Pennsilvania, Filadelfia, y entiendo que esos estudios los realizaba en 1955. Si usted nació en el 38 entonces en el 55 era un muchacho de 17 años.

Hice mis estudios universitarios en tres años y medio en vez de los cuatro normales, porque me quedaba los veranos a estudiar. Me gradué de licenciado. En el 59 tenía 21 años.

¿A qué edad usted hizo su primer vuelo en avión solo?

¿Sin la familia?

Solo. ‘Voy para tal sitio’. A esa edad se es independiente.

A los 17 ó 18 años.

¿Se puede decir que usted era trujillista o ya visualizaba un pensamiento político más amplio?

En el colegio, aquí en Santo Domingo, había un periódico, y sin que nadie me lo pidiera escribí un artículo a favor de Trujillo, porque uno estaba casi hipnotizado por la situación. Pero desde que salí todo cambió. El primer día que fui a la universidad en el extranjero, a mi primera clase, que era de ciencia política, allí se habló de democracia y de dictadura y en ese momento se me comenzaron a quitar las escamas de los ojos. El primer libro que me pusieron a leer en la universidad en los estudios de ciencias políticas fue el "1984", de Orwell, que era una crítica violenta contra el estalinismo y me di cuenta que yo venía de una situación como esa. Mientras estuve en el país fui trujillista, pero trujillista hasta los 17 años.

Claro, era normal.

Era normal. Me inscribí en el Partido Dominicano, el de Trujillo, a los 16 años.

Su padre era un dirigente trujillista.

Mi padre, al igual que Peña Batlle, tuvo una actitud contraria al regimen, pero muy discreta, hasta el año 38 cuando Virgilio Díaz Ordóñez lo fue a ver y le dijo que se iba a pasar al lado de Trujillo. Mi padre se pasó y le ofrecieron un cargo diplomático.

Usted fue asesor del Banco Central.

Durante la administración de Diógenes Fernández, por seis años; luego fui miembro de la Junta Monetaria, y después gobernador, durante un total de 16 años.

¿Cuándo comenzó en el Banco Central?

En el sesenta y...En el 65. Conseguí mi primer empleo en el gobierno en enero del 62. Los Trujillo se fueron en noviembre del 61. Yo llegué en el 59 y obviamente no me interesaba para nada trabajar para el gobierno y me fui a trabajar en Pedernales con la Alcoa, como contable. De los tres hermanos el único que no cayó preso fui yo.

¿Qué significaba venir de Estados Unidos, y de Londres -porque usted había estado en Londres- para irse a Pedernales a trabajar?

Bueno, yo tenía mi título de economista y en esa época el único empleo para un economista se obtenía en el gobierno, y yo no iba a trabajar en el gobierno de Trujillo. Entonces acepté llevar la contabilidad en Cabo Rojo. Era una especie de exilio prácticamente. Venía a la capital cada dos semanas.

Su primera actividad intelectual fue en el campo de la economía.

Mi primer artículo de prensa debió haber sido en octubre o noviembre de 1961..., inmediatamente antes o después que Ramfis se fue. Era una carta al editor que me publicó Germán Emilio Ornes en El Caribe sugiriendo que en el obelisco se grabaran los nombres de las víctimas de Trujillo. Años después esa idea la utilizaron para el monumento de Vietnam en Washington.

¿Qué significó la revuelta de 1965? ¿Dónde estaba usted?

Yo era asesor económico de Diógenes Fernández, el Gobernador del Banco Central. A él le cogió la guerra civil en el extranjero. Jugué un papel discreto, pero importante en esos días. Ordené que los pocos empleados del banco que conocían la combinación de la bóveda del Banco Central se marcharan a sus pueblos de origen. De esa manera si algún gobierno quería usar el dinero del banco tenían que dinamitar la bóveda.

El gobierno de Antonio Imbert se sostenía porque podía pagar a los militares. Si no había dinero no podía sostenerse y ese dinero estaba en el Banco Central, pues el de Reservas estaba en la zona constitucionalista.

Un tema frecuente durante la guerra de 1965 era la integridad física de los bancos, que estaban concentrados en la calle Isabel La Católica, en los alrededores de la esquina Mercedes.

Ningún banco fue tocado por los constitucionalistas durante la guerra civil, tampoco ninguna compañía extranjera. Allí estaba la Pan American, el cable y la Compañía Dominicana de Teléfonos, que continuó ofreciendo sus servicios. Esta se encontraba en la calle 30 de Marzo y allí los constitucionalistas escuchaban las conversaciones telefónicas. Pero no se daban cuenta que era Lyndon Johnson quien estaba hablando con Bennet aquí. Yo tengo esas grabaciones.

Claro, como Johnson sabía que lo estaban escuchando hablaba de una forma que no fuera muy obvio el tema que estaban tratando. Algunos constitucionalistas me han dicho que sí, que ellos se daban cuenta que era algo importante, pero no se daban cuenta que era el propio Lyndon Johnson. Estoy reproduciendo en un próximo libro todas esas conversaciones de Lyndon Johnson que tienen que ver con la situación dominicana. Johnson ordenó que le grabaran sus conversaciones y ya están desclasificadas por temas. Yo compré todas las que tienen que ver con la República Dominicana y las he ido publicando poco a poco. Ya algunas salieron en mi libro sobre Balaguer, y otras en un libro que voy enviar a imprimir en los próximos días.

¿Usted simpatizó con Balaguer?

Nunca compartí las ideas de Balaguer. Le acepté un cargo honorífico como director del Museo del Hombre, sin sueldo, con motivo de la muerte del arquitecto José Antonio Caro.

Usted fue el primer director de ese museo, tengo entendido.

No. El primero lo fue José Antonio Caro, quien murió en 1977. Yo acepté ser el director del Museo del Hombre a principios de 1977. Ese fue el cargo que le acepté a Balaguer. También fui miembro de la Junta Monetaria.

¿Por qué tenía usted que aceptarle un cargo a Balaguer? ¿Cuáles eran las relaciones políticas con el régimen de un intelectual de su categoría?

Al quedar vacante el puesto de Director del Museo del Hombre y ser esa una posición sin sueldo, porque José Antonio Caro no recibía salario, y porque me gustaba mucho la arqueología, pensé que yo podía hacer una contribución en un área donde el gobierno no ejercía mucha influencia política. De hecho fueron unos ocho meses durante el gobierno de Balaguer y después continué cuatro años con el gobierno de Antonio Guzmán.

Durante mi gestión fueron colocadas las tres estatuas en el frente del edificio del Museo del Hombre, las de Sebastián Lemba, de Enriquillo y el Padre Las Casas, que son los símbolos de la democracia dominicana. Me criticaron mucho, decían que la de Lemba correspondía a la figura de Peña Gómez. Lo importante es que se han mantenido, están ahí todavía. Había sido un museo de arqueología solamente y lo convertí en un museo también de etnología, enfatizando las raíces africanas y todo el proceso de mestizaje. Toda su museografía que no es de arqueología precolombina fue labor mía.

¿Usted ha dado seguimiento a ese museo?

Realmente no. Me he dedicado más a la historia. Estudio dos períodos de la historia dominicana, que son los dos extremos: el precolombino y el siglo XX. Pero la parte arqueológica la he dejado. La he dejado en el sentido de que ya no escribo, ni publico, pero sí asisto a los congresos arqueológicos en el Caribe. Mi colección arqueológica, una de las cuatro mejores del país, la doné al Centro León de mi ciudad natal.

Su gestión como gobernador del Banco Central no fue idónea, según mi opinión.

Yo creo que fue buena, lo que sucede es que coincidió con el peor momento económico en toda América Latina. Cuando México anuncia en 1982 que no podía pagar su deuda externa se inició lo que se llamó "la década perdida". Diecisiete países de América Latina simultáneamente tuvieron que firmar acuerdos con el Fondo Monetario Internacional.

La política económica que yo establecí en ese momento es la misma que se ha seguido hasta ahora. Yo encontré el peso con dos paridades, la oficial y la del mercado libre; habían cuotas de divisas oficiales y las tasas de interés eran fijadas por el Banco Central. Fui acercando el mercado paralelo al oficial y establecí un solo mercado, libre y fluctuante, que es el que perdura hasta ahora.

¿Usted es más economista que historiador? ¿Cómo relacionar vocaciones de economía con historia y antropología o arqueología? ¿Cómo se define usted en ese sentido?

Hay diferentes tipos de economistas. Hay economistas que en realidad son econometristas, que trabajan con modelos matemáticos. Me acerco más al tipo de economista que existió en el siglo XIX y principios del XX. John Maynard Keynes era parte del grupo de Bloomsbury. Siempre estaba con los novelistas y los escritores. Era pianista, pero también el gran economista del siglo XX. Fue economista dentro de las ciencias sociales en un sentido amplio, como lo fue Adam Smith, como el propio Marx, que cubrían en las ciencias sociales la economía, la arqueología, la historia y la sociología.

¿Cuál es la pensión de usted como ex gobernador del Banco Central?

Yo esperé hasta cumplir los 65 años de edad y hasta que ya no tenía ningún cargo en el sector público y en el año 1999 recibí mi pensión. Su monto está determinado por una fórmula matemática basado en los años de servicio. Tuve quince años en el Banco Central y otros más en el sector público, incluyendo profesor de la UASD. A diferencia de otros que no esperaron la edad de 65 años y continúan laborando en el gobierno, yo aguardé estar retirado de las labores en el gobierno.

Dígame algo sobre su labor como embajador en Washington.

Escribí un libro que son mis memorias de embajador. Soy la segunda persona de origen latinoamericano que ha escrito un libro de sus memorias como embajador en esa ciudad, un libro que en Washington fue leído mucho. Acepté el cargo por dos años y me quedé dos años y medio. Fue una etapa para mí muy interesante. A mí no me gusta vivir fuera de mi país pero lo acepté básicamente porque mi esposa murió en septiembre de 1996, después de padecer un cáncer; yo necesitaba un cambio de vida y salí del país por dos años y medio.

Bernardo, la Sociedad Dominicana de Bibliófilos está en crisis. Usted fue presidente de esa entidad. Como presidente de la Fundación Cultural, ¿cómo alcanza a ver el posible cierre de los Bibliófilos?

Espero que no cierre. La crisis viene por dos factores. Había muchos libros que necesitaban ser reproducidos, sobre temas culturales dominicanos, pero a medida que pasa el tiempo y se publican, si la regla es que no se editan libros de personas vivas, entonces la disponibilidad de libros de buena calidad que merecen ser reproducidos disminuye, esa es la verdad. Es decir, los clásicos dominicanos no son tantos. Ya eso crea un problema de la calidad de los textos a publicar. Y el segundo factor es que con las devaluaciones el costo de los libros ha subido. También el sistema de llevar el libro a los bibliófilos y cobrarles, se ha hecho más difícil. Los cobros por concepto de venta de libros han disminuído. Creo que la Sociedad Dominicana de Bibliófilos debe permanecer, creo que todavía hay libros importantes que deben ser reproducidos. Tal vez se requiere de algún tipo de apoyo institucional.

¿En qué circunstancia usted aceptó la dirección del diario El Caribe, y porqué renunció? Ojalá que usted quiera revelar algún motivo, un conflicto, que provoca la deserción del director de un diario como El Caribe, de un grupo económico tan poderoso como era el propietario de ese periódico.

¿Por qué yo entré a dirigir El Caribe? Porque desde el año 1962, en forma prácticamente continua, he sido articulista de periódicos. He incluido muchos de esos artículos en libros. Son cientos de artículos. Tenía esa vocación de articulista. Me ofrecieron esa oportunidad, ya había regresado de Washington y me dedicaba a escribir. Firmé un contrato por dos años y a los dos años lo dejé, tan pronto se cumplió el mismo. Algunos meses antes de vencer el plazo dije que no quería renovarlo. A eso fue que me comprometí. Es un trabajo de 24 horas al día, siete días a la semana. Mi capacidad de escribir libros fue cero en ese período y yo tenía material para escribir libros. Me agotaba tener que pasar el día entero manejando el diario. De hecho, pocos meses después de dejar el periódico saqué un libro que ganó el Premio León Jimenes de la Feria del Libro, que es el libro sobre Balaguer.

Un periódico es como un pez, que se pudre a las pocas horas de salir del agua. El periódico al otro día, ya no vale nada. Yo quiero hacer un aporte más permanente y creo que lo hago con mis libros. Y sigo escribiendo artículos. Me dicen que eso es común para los escritores que se ponen a dirigir periódicos y tienen que manejar el asunto como una empresa y entonces no tienen tiempo para leer ni para escribir.

Hay directores que no dirigen.Yo cuando me meto en algo, me pongo a dirigirlo.

He visto cifras muy diferentes sobre el número de obras que usted ha escrito.

Sé que son más de cuarenta, todavía no sé si llegan a cincuenta; tal vez a la salida de esta oficina los podemos contar, porque están todos aquí. Pero creo que son 45 ó 47. Hay que preguntar qué es un libro. Para mí el que se para solo. Porque hay folletitos pequeños.

¿Qué hace usted en la Fundación Global?

Allí no tengo oficina, ni parqueo, ni secretaria, nada. Pero desde aquí manejo un programa de estudios dominicanos que básicamente promueve discusiones, invita personas de fuera, organiza una serie de tertulias sobre temas de interés dominicano. Trajimos a Abraham Lowental, que dictó una conferencia sobre la política norteamericana; otra persona vino a hablar sobre las convergencias de las leyes de zonas francas. En resumen, me encargo de promover cinco o seis conferencias al año.

¿Qué podemos esperar que salga ahora del tintero?

Acabo de terminar un libro que se titula "El peligro comunista en la guerra de abril. ¿Mito o realidad?" Es una recopilación de toda la información que recibió Lyndon Johnson, que lo indujo a cometer ese error de ordenar la invasión a Santo Domingo, y comparo esa información que le ofrecieron sobre el supuesto control comunista de la revolución el 28 de abril con lo que realmente acontecía aquí, en base, también, a una serie de entrevistas con muchas de esas personas, citadas como que controlaban la revolución y que todavía están vivas. He entrevistado a miembros de los tres partidos de izquierda, así como a gente del PRD, soldados y oficiales constitucionalistas.

¿Qué nos dice de su única novela "Domini Canes"?

Es el libro mío que más se ha vendido, porque lo utilizan en las escuelas. Estamos tratando de ver si se convierte en una obra de teatro, pues cuando lo escribí lo tenía en mente como una obra de teatro.

-----
LEA INFORMACION CULTURAL ACTUALIZADA
PULSANDO NUESTROS APARTADOS:
Noticias: http://notasynoticiasdevetas.blogspot.com
Convocatorias: http://agendaculturaldevetas.blogspot.com
Reseñas: http://resenasdelibros.blogspot.com
De Autores: http://de-autores.blogspot.com
Clásicos caribeños: http://piezadelectura.blogspot.com
Enlaces/interlinks: http://enlacesdevetas.blogspot.com
Archivos/Files/Fichiers (ir al principio de esta página): http://archivodevetas.blogspot.com
Ir a la página principal de Vetas Digital: http://vetasdigital.blogspot.com

15.7.06

Andrea Levy: Esta es mi Inglaterra / This is my England

.
ESTA ES MI INGLATERRA / Andrea Levy
.
"Andrea Levy (Londres, 1956) nació y fue educada en Inglaterra. Sus padres son jamaicanos, pero ¿qué significa esto? Apenas justifica el por qué muchos de sus compatriotas la hacen sentirse como una extraña en su propio país. Después de todo, si ella fuera blanca y extranjera, ¿alguien lo pondría en duda?"
Sábado, 19 de Febrero de 2000
The Guardian. Londres, Inglaterra.
.
Esta es mi Inglaterra
Andrea Levy
.
Recientemente, estuve en una visita literaria en Nueva Zelanda, patrocinada por el Ayuntamiento Británico. Leyendo un libro, un joven blanco me preguntó, "¿De dónde es?", "Inglaterra", le contesté. "No parece inglesa", dijo. "Bien, a veces los ingleses tienen esta otra apariencia", respondí. El joven se rió sin convencerse. Así que le pregunté, "¿Cómo cree que físicamente debe ser un inglés?". El joven apuntó a otra persona blanca, una mujer rubia. Ambos nacieron y fueron educados en Nueva Zelanda, pero de algún modo, eran más ingleses que yo.
.
Esto tuvo lugar en un país donde, más tarde, hablando con un hombre maori de unos 70 años, me dijo que cualquiera que tuviera una gota de sangre maori en sus venas, era maori. No importa la convicción de ideas, ni en qué país se viva, si se tiene sangre Maori, se consideran parte de esa cultura.
.
.
¡Identidad! Algunas veces me duele la cabeza, otras el corazón. Pero ¿qué soy? ¿Cómo encajo en Gran Bretaña en el 2.000 y después?
.
Mi padre vino a este país en 1.948, en el barco "Imperio Windrush". Fue uno de los pioneros.
.
Uno de las 492 personas que visitó Jamaica, la antigua colonia del imperio británico y vio que no había trabajo, ni perspectivas y decidió correr el riesgo de irse a la madre patria. Su idéntico hermano gemelo, había estado en la RAF (Fuerzas Aéreas Británicas), sin moverse en Inglaterra durante la guerra y regresó para prestar una nueva ronda de servicio. Mi padre le acompañó, dejando atrás en Jamaica a su novia, mi madre, que esperaba impacientemente reunirse con él.No sé cuáles eran las aspiraciones de mi padre cuando llegó a Gran Bretaña, no se daba cuenta de que estaba haciendo historia. Pero sé que cuando embarcó, se reconoció como ciudadano británico. Viajó bajo pasaporte británico. Gran Bretaña era el país que todos los niños jamaicanos estudiaban en el colegio. Los niños cantaban el Dios Salve al Rey y el poema de James Thomson, Rule Britannia.
.
Creían que Gran Bretaña era una tierra verde y agradable – si no era el centro del mundo, al menos era el centro de un gran e importante imperio que abarcó el globo terráqueo, uniendo todo tipo de países en una gran familia. Lejos de la idea de que estaba viajando a un lugar extranjero, estaba viajando al centro de su país y como tal, pasaría desapercibido y se integraría inmediatamente. Jamaica, pensó, era exactamente Gran Bretaña, pero al sol.
.
Hubo un momento en el que mi madre tuvo dudas sobre esta emigración al oír historias sobre el trato que los primeros viajeros habían recibido. Quería que mi padre regresara. Pero era demasiado tarde; para entonces, mi padre se había enamorado de Inglaterra. En la lista de pasajeros , los gemelos fueron anotados con edades diferentes, lo que podría haber sido una pista. Mi padre quería ser su propio jefe e Inglaterra era el lugar para conseguirlo.
.
(He pasado de utilizar Gran Bretaña a usar Inglaterra. Gran Bretaña es el estado. Se es sólo británico cuando estás fuera de las islas. Cuando por ejemplo, estoy en Europa o América, soy británico. Esto me hace sentir de algún modo, más grande. Pero tan pronto como pongo mis pies en tierras británicas, sé que estoy en Inglaterra, Escocia, Gales o Irlanda, países separados sin duda alguna).
.
Mi madre se reunió con mi padre en la habitación alquilada situada al oeste de Londres, seis meses después de que el "Windrush" hubiera atracado. Pero pronto notaron que en Inglaterra eran extranjeros, y esto les impactó. Las cosas que se consideraban inglesas por excelencia –modales, educación, las vocales bien pronunciadas de la gente bien hablada - brillaban por su ausencia. Soportaron un pésimo alojamiento – de ningún modo la situación de las personas de color en aquellos días de la post-guerra era fácil: los carteles de las ventanas decían "No se admiten negros, perros ni irlandeses". Mi padre se enfrentó con una increíble hostilidad cuando estuvo buscando un lugar para vivir a causa del color de su piel. Consiguió trabajo en correos. Mi madre, profesora en Jamaica, tuvo que coser para ganarse la vida. Trabajó en una fábrica, donde se explotaba a los obreros, junto a otros extranjeros –checos, polacos, griegos y todos los derrotados de la guerra-. Tuvo una ventaja: hablaba inglés. Y una desventaja: era negra (o de color, como nos denominaban).
.
Cuando mi hermano, mis hermanas y yo nacimos, las cosas empezaron a ponerse un poco más complicadas. Éramos buenos ciudadanos (aunque la policía hizo lo posible para frustrar los planes de mi hermano). Nunca nos metíamos en líos. Siempre fuimos amables. Nunca estafamos el contador de la luz. Vivíamos en un piso del ayuntamiento en Highbury, al norte de Londres, al lado del campo de fútbol del Arsenal. En un mundo exterior a nuestro piso, era una chica del norte de Londres. Fui al colegio del barrio. Hablaba como una cockney (habitante de los barrios de Londres). Me ofrecía como aparca coches los días de partido.
.
Jugaba con la pelota y saltaba a la comba. Me gustaban los Mojos y los godstopper (caramelo de varias capas de color); podía inflar una gran pompa de chicle. En la televisión veíamos "Coronation Street", "Emergency Ward Ten", "Dr. Who", "Cathy come Home" que me hacía temer el no tener hogar. El "Sonido de la Música" me recordaba a Julie Andrews. (Incluso me auto convencí de que me parecía a ella, pero nadie más lo notaba).
.
En el colegio, me enseñaron a leer, escribir y a contar (bueno, con lo último, ¡Dios sabe que lo intentaron!). Estudié a Shakespeare y a los poetas metafísicos. Aprendí a tocar el piano y pude cantar y tocar el "Mangas verdes". Aprendí historia –centrándome en Gladstone y Disraeli, dos historiadores ingleses del siglo XIX – y conocí todo lo relativo a la abolición de las Leyes de Cornualles y al comercio libre. (Nada de esto era insólito para mis padres ya que lo habían estudiado en el colegio en Jamaica).
.
Fui educada como una inglesa. A mi lado, aprendiendo, viendo la televisión, comiendo y jugando, había chicos blancos. Pero esos chicos nunca tendrían que crecer preguntándose si eran o no ingleses.Me avergonzaba el hecho que mis padres no fueran ingleses. Una de las razones era que a nadie a mi alrededor le interesaba el país de origen de mis padres. Para ellos, era sólo un lugar lleno de negros inferiores. Ellos me preguntaban – ¡oh! ellos siempre me preguntaban. "¿De dónde eres? Era un ruido constante, como el tick tack del reloj. Si yo respondía "Jamaica", los labios se fruncirían o la lengua me chasquearía con desaprobación. No querían saber nada sobre el sol, la caña de azúcar, el ron. No querían probar nuestro arroz y guisantes . Me acuerdo de una niña americana que venía al colegio. Hubiera pensado que la misma Doris Day era una niña. Todos querían ser su amigo. Para ver su juguetes, para oír el acento maravilloso de sus padres, para probar su comida con un "¡Oh!, ¿no está riquísimo?" América era un sitio idóneo para nacer.
.
Todo lo que procedía de Jamaica era extraño para mí. Cada Navidad, recibíamos un paquete: (¿Éramos la única familia que recibía paquetes de Jamaica y no al revés?) Un empalagoso pastel de Navidad de "la madre de mi madre". Una pajarita para mi hermano y unos vestidos hechos a mano para nosotras las chicas. Pero nosotros preferíamos el pastel inglés de Navidad con azúcar glaseada que crujía en la boca. Unos jerseys de lana hubieran estado mejor, dijimos. A mi hermano le molestaba que con la pajarita le estuvieran tomando el pelo más allá de lo que podía aguantar.
.
Teníamos una lata de maíz tierno en el armario que nos habían enviado desde Jamaica. Recuerdo que mi madre lo abrió mientras nosotros corríamos entusiasmados a su alrededor. No porque quisiéramos probarlo sino porque era muy raro. Probé un trozo y lo escupí, porque sabía asqueroso. (Eran los inicios de los años 60 – ¡entiéndeme! – la ensalada era exótica). A mi padre le gustaba una cosa llamada guayaba y se ponía melancólico cuando pensaba en ello. No sabía lo que era. Pero conocía la letra de una canción que decía algo así como "Frota la barriga como la gelatina de guayaba" y me avergonzaba cuando mi padre lo mencionaba. Y mis padres se ponían a bailar como locos cuando Miss Jamaica ganaba el concurso de Miss Mundo.
.
Sólo quería encajar y formar parte de todo lo que había a mi alrededor mientras que mis padres me estaban reteniendo.
.
Entonces, crecí.
.
Más gente de color emigró a Inglaterra desde los años 50 en adelante, de los países del Caribe, de África. Gente que venía de la India, Pakistán, Bangladesh, Uganda. Gente que desde el viejo imperio volvía a la madre patria. Después de todo, ¿no nos pertenecía? Junto con esta inmigración, esta seguridad en números, sentí un nuevo interés en el país que habían dejado mis padres. Me empezaba a sentir orgullosa de tener una herencia jamaicana. Indecisa al principio - los discos de Bob Marley diciendo la palabra "luchador", ensayando delante del espejo del baño. Hasta surgió en mí la necesidad de visitar Jamaica.
.
Recientemente, mi madre había vuelto de Jamaica después de 40 años fuera. Volvió a casa contándome que Jamaica se había convertido en lugar horrible. Caluroso, violento y pobre. No era el sitio que ella recordaba. Aún tenía familia allí, pero la mayoría había emigrado a América o a Canadá. Mi padre no quería volver ni siquiera para visitarla. Prefería sus recuerdos y me dijo melancólicamente, que no tenía a nadie allí, ni familia ni amigos. Había hecho de Inglaterra su casa. No quería perderse el fútbol. Y sin demasiado problema, pudo conseguir su querida guayaba.
.
Jamaica es una isla donde, a parte de la población aborigen, los Arawak, las personas eran traídas como esclavos o peones contratados. La población blanca era propietaria de las plantaciones y de los trabajadores. Algunos trabajaban como supervisores, el famosamente cruel bakra. Jamaica era un lugar de trabajo duro. La Jamaica que encontré era un folleto de una isla bonita. Un lugar donde los colonizadores se habían marchado, pero como solíamos decir en el norte de Londres, "se habían llevado la pelota a casa". Llevándose la riqueza y dejando una economía difícil con deudas e intentando diversificarse para competir en un mercado global.
.
Sin embargo para mí, la joya de la isla era mi familia. En Kingston, me recibieron como a una hija pródiga. Me dijeron que parecía una jamaicana, incluso cuando les avergoncé con mis modales ingleses, mi gusto por tomar el sol, mi insistencia en hacer té en una tetera y tiritar de frío con mi jersey de lana, quejándome de la brisa navideña. Cuando me fui, quería saber más sobre las personas que me formaron.
.
Es duro para cualquier persona buscar a sus antepasados, pero es más duro si cabe (aunque no imposible) para alguien con mi pasado. La mayoría de los archivos están incompletos o no disponibles en el mejor de los casos; destruidos o inexistentes, en el peor. Descubrí que me costaría tiempo y paciencia elaborar mi árbol genealógico. Así que di el siguiente paso. Hablé con mi madre.
.
Fue sencillo. La pedí que me contara todo lo que sabía sobre cualquier detalle que pudiera recordar. Mi madre me contaba que cuando yo era pequeña, no mostraba interés en el pasado de su familia. La dije que se lo pedía todo el tiempo, pero que ella no quería contármelo. Tuve la impresión de que mi madre había venido a este país para conseguir un futuro, no para vivir en el pasado. Sea cual sea la verdad, esto nos unió. Yo estaba interesada y mi madre estaba dispuesta a contármelo.
.
Aprendí sobre su abuelo, mi bisabuelo, entre muchos otros; un hombre escocés, con el cabello de un pelirrojo intenso. Un pescador que podía hacer cualquier cosa y a quien le gustaba lavar su dinero cada domingo. ¿Qué estaba haciendo en Jamaica, tan lejos de su casa? ¿Dónde estaba su familia? Mi madre no lo sabía, sólo le conoció a él. Tuve que buscar en los libros de historia escocesa para averiguar que, como una réplica inversa de la historia de mi padre, muchos hombres abandonaron las penalidades de la vida escocesa por un futuro en el Caribe. Este pelirrojo escocés, cuyo pelo heredó mi hermano y al que le fastidió enormemente que le estuvieran tomando el pelo más allá de lo que podía aguantar, dejó atrás su país.
.
El padre de mi padre luchó en la Primera Guerra Mundial con el Regimiento Británico de las Indicas Occidentales. Nació judío. Su familia había estado en Jamaica durante generaciones, pero probablemente eran originarios del norte de África. Mi abuelo se había casado con una mujer de clase social superior con descendencia india, africana y española y se había convertido al cristianismo mientras luchó en la guerra. Su familia judía le repudió así como a toda su descendencia.
.
Y más lejos en el tiempo, la madre de la madre de la madre de mi madre, nació esclava. Tuvo varios hijos con su amo blanco, quien probablemente tuvo otros hijos con mujeres esclavas y con su mujer inglesa. No sé lo que le ocurriría, pero quizá alguno de sus descendientes lo esté leyendo ahora.
.
Las historias que aprendí de mi padre, las reuní juntas en lo que llamo el árbol genealógico ficticio para mi novela "Fruit of the Lemon". Intenté situar estas historias en el contexto al que pertenecen, en el corazón de una historia que comparten Jamaica y Gran Bretaña. Hay una inclinación a creer que la reciente inmigración en este país, comenzada por mi intrépido padre y por otros, fue donde empezó nuestra relación. Pero nada podría estar más lejos de la verdad.
.
Hace poco emitieron un excelente programa en el Canal 4 sobre el comercio de esclavos en Gran Bretaña, que revelaba el hecho de que muchas de las familias aristocráticas de Inglaterra consiguieron su riqueza a través de la esclavitud. Ciudades como Bristol y Liverpool fueron construidas con el dinero procedente de este comercio. Lo que el programa también reveló, fue que no sólo la gente de color tenía antepasados blancos, sino que también algunos británicos de raza blanca tienen vínculos familiares con gente de color del Caribe o con las 20.000 personas de color que viven en Gran Bretaña como resultado de este comercio.
.
La historia de Gran Bretaña está inseparablemente unida con este comercio y de esta forma, con cualquier lugar como Jamaica. En realidad, sin el comercio de esclavos, Jamaica no existiría tal y como la conocemos.
.
Cuando miras los árboles genealógicos (el árbol genealógico de cualquier persona, historias individuales, no la historia de las naciones en las que el ganador se lo lleva todo) la cuestión de identidad llega a ser muy complicada. Sería agradable y sencillo si todos fuésemos puros. Si todos fuéramos de donde son nuestros padres y abuelos, si sólo asumiéramos la cultura de nuestros antepasados ¿no sería mejor si pudiéramos decir que todos los africanos son negros y que los ingleses son blancos? ¿No sería más sencillo si, cuando algunos racistas (como muchos hicieron en mi tiempo) me gritan que me vaya a casa, apareciera una imagen de Jamaica en mi cabeza en lugar de pensar que debo volver a vigilar los coches en el campo del Arsenal? ¿No facilitaría argumentos? ¿No ayudaría a la causa de los fanáticos? Encajaríamos en cajas separadas y en tiempos de cambio, tales como los que estamos viviendo ahora, podríamos retirarnos a ellas y limpiar nuestras heridas. Pero no es así. Cualquier libro de historia mostrará que Inglaterra nunca ha sido un club exclusivo, sino más bien una nación híbrida. Los efectos del imperio británico fueron tanto personales como políticos. Así como el sol se puso en el imperio, ahora nos tenemos que reconocer todas estas realidades.
.
El imperio ha terminado y como Gran Bretaña delega en sus partes integrantes, hay una pérdida de identidad que ha arraigado en Inglaterra. Darcus Howe, en su reciente programa del Canal 4, Tribu Blanca, se fue de viaje para encontrar la cultura inglesa que muchos creen reside sólo en la población blanca. Muchas echan la culpan de la naturaleza multi-cultural de Inglaterra a la situación del país. Pero esta sensación de pérdida iba a suceder siempre, la pérdida de algo tan poderoso como un imperio, siempre hará daño. Iba a suceder incluso si mi padre no se hubiera embarcado en el Windrush; iba a suceder incluso si Idi Amin no hubiera expulsado a la población asiática de Uganda. Pero quizá la vitalidad del multi-culturalismo es el catalizador que está acelerando un período necesario de búsqueda del espíritu.
.
Soy inglesa. Nacida y educada, como dice el dicho. (Tan lejos como puedo recordar, es nacida y educada y no nacida y educada con una larga saga de antepasados blancos directamente descendientes de los anglosajones). Inglaterra es la única sociedad que verdaderamente conozco y algunas veces entiendo. No miro como un inglés lo haría en la Inglaterra de los años 30 o antes, pero siendo inglesa, es mi derecho de nacimiento. Inglaterra es mi hogar. Un lugar excéntrico donde a veces, me encanta ser inglesa.
.
Cuando me entero que hubo una sobre tensión después de un programa de televisión porque todos se estaban haciendo una taza de té, me hace sonreír. Yo también estaba allí con mi taza de té después del último episodio de "Only Fools and Horses". Me encanta que el curry se haya convertido en nuestro plato nacional. Y la vista de Londres desde el puente de Waterloo me quita la respiración. Siendo inglesa, odio cuando me entero de lo que le ha sucedido a Stephen Lawrence. Cuando cada día parece una batalla contra el racismo y el odio y la silenciosa y educada hostilidad que reprime a muchas personas negras y asiáticas de alcanzar sus sueños.
.
Quiero pertenecer a algún lugar pero este lugar de donde soy, me hace sentir como un extranjero no bienvenido, definitivamente no bienvenido en absoluto.
.
Decir que soy inglesa, no significa que quiera ser asimilada; adoptar la cultura blanca mayoritaria y excluir las otras (No puedo vivir sin el arroz y los guisantes. Ahora bailo como una loca cuando Jamaica gana algo. Y siempre haré ruido cuando me emocione). No levantaré una bandera ni la ondearé para intimidar. Y siendo inglesa, no pararé de luchar por vivir en un país libre de racismo y de divisiones sociales.
.
Hay muchas personas blancas que se horrorizan de que alguien como yo pueda ser inglesa. Y hay muchas personas de color con un pasado similar al mío que no desean ser ingleses. Pero la identidad nacional no es una cuestión personal. Es política. No puede ser decidido por capricho individual. El hecho de ser inglés nunca debe ir ligado al origen étnico. La mayoría de los ingleses son blancos, pero algunos no. Diciéndolo de otra manera, es un acuerdo tácito con la idea de la pureza racial y todos sabemos dónde este peligroso mito nos puede conducir. Dejemos a Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda ser naciones plurales y no excluyentes.El año pasado estuve en Escocia leyendo en el Festival de Edimburgo. Estaba contando a la audiencia la historia de mi bisabuelo pelirrojo. Después de la lectura, una mujer escocesa se acercó a mí y cogiéndome del brazo me susurró, "¡Sabes, se podría decir que eres escocesa!".
-----
Andrea Levy ha publicado tres novelas, "Fruit of the Lemon", "Never far from Nowhere" y "Every light in the house burnin'".Ganó el prestigioso premio " Whitbread" de las letras inglesas en el año 2005, con su novela "Small Island".
Nota: Permiso de publicación; Mary Dunn, Syndication Manager. Guardian and Observer Syndication, London, UK , and K. Gordon: David Grossman Literary Agency Ltd, London, UK. , Agente literario de Andrea Levy.
.
Traducción: Inmaculada Alonso, MadridMadrid, 3/2006..
-----
Ir al inicio de Vetas Digital:
.
*************************


THIS IS MY ENGLAND / Andrea Levy
.
Andrea Levy
.
Biography
Andrea Levy was born in London, England in 1956 to Jamaican parents. She is the author of four novels, each of which explore - from different perspectives - the problems faced by black British-born children of Jamaican emigrants. Her first novel, the semi-autobiographical Every Light in the House Burnin' (1994), is the story of a Jamaican family living in London in the 1960s. Her second, Never Far from Nowhere (1996), is set during the 1970s and tells the story of two very different sisters living on a London council estate. In Fruit of the Lemon (1999), Faith Jackson, a young black Londoner, visits Jamaica after suffering a nervous breakdown and discovers a previously unknown personal history. Levy's most recent novel, Small Island (2004), set in 1948, explores the interaction between a black couple, Gilbert, a former RAF recruit, who has returned to Britain on the SS Windrush, and his Jamaican wife Hortense, and a white couple: Queenie, their landlady, and her recently demobbed husband, Bernard. It won the 2004 Orange Prize for Fiction, the 2004 Whitbread Book of the Year, and the 2005 Commonwealth Writers Prize.
.
Andrea Levy has been a judge for the Saga Prize and the Orange Prize for Fiction. She lives with her partner, a graphic designer, in north London.
.
Genres (in alphabetical order)
Fiction
Bibliography
Every Light in the House Burnin' Headline Review, 1994
Never Far from Nowhere Headline Review, 1996
Fruit of the Lemon Headline Review, 1999
Small Island Review, 2004
Prizes and awards
1998 Arts Council Writers' Award Fruit of the Lemon
]2004 Orange Prize for Fiction Small Island
2004 Whitbread Novel Award Small Island
2004 Whitbread Book of the Year Small Island
2005 British Book Awards Decibel Writer of the Year (shortlist)
2005 British Book Awards Literary Fiction Award (shortlist) Small Island
2005 Commonwealth Writers Prize (Overall Winner, Best Book) Small Island
2005 Orange of Oranges Prize Small Island
2005 Romantic Novelists' Association Award (shortlist) Small IslandCritical Perspective
.
Andrea Levy has achieved literary success in a relatively short space of time with her first three novels Every Light in the House Burnin' (1994), Never Far from Nowhere (1996) and Fruit of the Lemon (1999). However, an understanding of Levy's work cannot simply be reduced to the 1990s. Born in London in 1956, Levy draws on a wealth of experience to create her critically acclaimed fictions.
.
Andrea Levy's parents travelled from Jamaica to England on the now famous SS Empire Windrush in 1948. It is a journey Levy fictionalises in her first novel, Every light in the House Burnin'. Described by the Times Literary Supplement as 'An extremely powerful novel, a striking and promising debut', the book opens, not with the expected transatlantic journey from the West Indies, but with a family trip from London to Pontin's Holiday Camp. While the scene may be anecdotal in terms of the novel as a whole, it is by 'provincialising' the trope of travel, that Levy begins to draw attention to some of the discrepancies and differences (in terms of class, gender and generation) that cut across the received histories of Black Britain. The narrative of Every Light in the House Burnin' is told by Angela Jacob, a young Black woman, born and brought up on a council estate in London. The chapters shift between memories of the past and Angela's childhood in the city, and the present in which Angela's father is sick with cancer. The balance between the comic and the tragic created by this shift, as the narrator recollects her youth from her father's bedside, makes this an extremely moving debut.
.
In her next novel, Never Far from Nowhere, Levy remains with the council estate setting. Here though it forms the backdrop to the story of two very different sisters, Olive and Vivien. Like Angela Jacob, these two characters have Jamaican parents, but are born and bred in London. Where the first novel documents Angela's first encounter with unfamiliar cuisine (pizza, avocado), so the second novel has the family watching Coronation Street or sampling spaghetti bolognese for the first time 'It's very nice, Peter, very nice, but I don't like foreign food' says Olive's mum. Levy is doing something very different to the more self-consciously 'worldly' narratives of, say, a V. S. Naipaul here, as she elaborates on a 'local', estate-based Black English culture. (Levy has commented on the Englishness of her own childhood in an essay entitled 'This is My England' (2000), a childhood where she recollects playing rounders and skipping, or watching soap operas and Dr Who.)
.
These issues of local identity and ethnicity emerge as a tension in Never Far from Nowhere, Olive identifies herself as authentically 'black' and longs to 'return' to Jamaica, while Vivien, who has a lighter complexion than Olive, 'passes' as white.In her latest novel, Fruit of the Lemon, the horizons of Levy's fiction extend well beyond the inner-city council estate to include Panama, Cuba and Harlem, not to mention Scotland. It tells the story of Faith Jackson, whose world is turned upside down when she discovers that her parents have decided to return to Jamaica to retire. On travelling to the Caribbean herself, however, Faith finds herself entranced by the narratives of her Aunt Coral and the family history she unravels within them. As Fruit of the Lemon reveals the genealogy of Faith's family, a tale of roots, becomes one of routes in a novel that crosses seas and continents. This is a novelist as much at home fictionalising the 'internal' histories of Black Britons as she is telling the transatlantic tale of the Caribbean Diaspora. Levy is an English novelist who remains defiantly outside the limits of Englishness 'Saying that I'm English doesn't mean I want to be assimilated; to take on the white culture to the exclusion of all others ...I cannot live without rice and peas. I now dance when Jamaica wins anything...'
© Dr James Procter
---
.
This Is My England-Andrea Levy
.
"Identity! Sometimes it makes my head hurt -sometimes my heart. So what am I? Where do I fit into Britain, 2000 and beyond?" Andrea Levy, a writer, is English born and bred. But her parents are Jamaican, and the colour of her skin not white. As a consequence, she is not always made to feel at home in the country she thinks of as home. In this article by her from The Guardian Weekend, February 19, 2000, she explores the question of identity, and its significance in a multi-cultural society like the United Kingdom.
.
I was recently in New Zealand on a literary visit sponsored by the British Council. At a book reading, a young white man asked me, "Where are you from?" England, I replied. 'You don't look English," he said. "Well, this is what English looks like sometimes," I answered. He laughed in an unconvinced sort of way. So I asked him, "What do you think an English person should look like. He pointed to another white person, a woman with fair hair, then to himself. Both of them were born and bred New Zealanders, but somehow they were more English than me.This was in a country where, later, while speaking to a Maori man in his seventies, I was told that anyone with even the smallest fingerful of Maori blood is a Maori. No matter how tenuous the connection, no matter what country they live in, if they have Maori blood, then they are considered to be part of that culture.
.
Identity! Sometimes it makes my head hurt -sometimes my heart. So what am I? Where do I fit into Britain, 2000 and beyond?
.
My dad came to this country in 1948, on the Empire Windrush ship. He was one of the pioneers. One of the 492 people who looked around the old British Empire colony of Jamaica, saw that there were no jobs, no prospects, and decided to chance his arm in the Mother Country. His identical twin brother had been in the RAF, stationed in England, during the war; and was returning to do a further round of service. My dad accompanied him, leaving behind in Jamaica his new bride, my mum, who waited impatiently for the call to join him.
.
I don't know what my dad's aspirations were when he arrived in Britain - he certainly didn't realise that he was making history at the time. But I do know that, when he boarded the ship, he knew himself to be a British citizen. He travelled on a British passport. Britain was the country that all Jamaican children learned about at school. They sang God Save The King and Rule Britannia. They believed Britain was a green and pleasant land - if not the centre of the world, then certainly the centre of a great and important Empire that spanned the globe, linking all sorts of countries into a family of nations. Far from the idea that he was travelling to a foreign place, he was travelling to the centre of his country, and as such he would slip-in and fit-in immediately. Jamaica, he thought, was just Britain in the sun.
.
There was a point when my mum had doubts about this emigration, on hearing stories of the treatment the first travellers had received. She wanted my dad to return. But it was too late; he already loved England by then. On the passenger list, the twin brothers are put down as having different ages, which might have been a clue. My dad wanted to be his own man, and England was the place to do it. (I've switched from saying Britain to saying England. Britain is the state.
You're only British when you're outside the islands. When, for example, I'm in Europe or America, I'm British. It makes me feel somehow bigger. But as soon as I set my feet down on the land of Britain, I know I'm either in England, Scotland, Wales or Ireland - separate countries without any doubt.)
.
My mum joined my dad in his one room in west London six months after the Windrush had docked. But they soon found that they were foreigners in England, and this shocked them. The things they thought of as quintessentially English - manners, politeness, rounded vowels from well-spoken people - were not in evidence. They suffered bad housing - by no means the plight of black people alone in those post-war days: the signs in windows read "no niggers, no dogs, no Irish". My dad faced incredible hostility when looking for somewhere to live because of the colour of his skin. He had a job with the post office. My mum, a trained teacher in Jamaica, had to sew to make a living here. She worked in sweat-shops with other foreigners, Czechs, Poles, Greeks, all fall-out from the war. She had one advantage: she spoke English. And one disadvantage: she was black (or coloured, as we were termed then).It was when my brother, sisters and I were born that things began to get a little more complex. We were good citizens of this country (although the police did their best to thwart my brother in this). Never in trouble.
.
Always polite. Never diddled the electricity meter. We lived in a council flat in Highbury, north London, next to the Arsenal football ground. In the world outside our flat, I was a north London girl. I went to the local school. Spoke like a cockney. Offered to mind people's parked cars on match days. Played rounders, skipping and two balls. I liked Mojos and gobstoppers; could blow a great bubblegum bubble. On TV I watched Coronation Street, Emergency Ward Ten, Dr Who.
.
Cathy Come Home made me fear homelessness. The Sound Of Music made me long to be Julie Andrews. (I even convinced myself I looked like her - but no one else could see it).
.
At school, they taught me to read, write and do arithmetic (well, with the last one, heaven knows they tried). I studied Shakespeare and the Metaphysical poets. I learned to play the piano, and could sing and accompany myself to Greensleeves. I learned history - focusing on Gladstone and Disraeli - where at one time I truly did know all about the repeal of the Corn Laws and free trade. (None of this was unusual to my parents: it was what they had learned in their schools in Jamaica.) I was educated to be English. Alongside me - learning, watching, eating and playing - were white children. But those white children would never have to grow up to question whether they were English or not.
.
I was embarrassed that my parents were not English. One of the reasons was that no one around me was interested in the country my parents came from. To them, it was just a place full of inferior black people. They asked - oh, they asked all the time. "Where are you from?" was as constant a noise as a ticking clock. But if I answered "Jamaica", lips would curl or tongues would tut. They didn't want to know about the sun, the sugar cane, the rum punch. They didn't want to try our rice and peas. I remember a white American girl coming to school. You'd have thought that Doris Day herself was now a pupil. Everyone wanted to be her friend. To see her toys, to hear her parents' wonderful accent, to try their food with an "Ooohh isn't it lovely". America was a great place to come from.
.
Everything from Jamaica was odd to me. We got a parcel sent every Christmas. (Were we the only family who received parcels from Jamaica and not the other way around?) A gooey Christmas cake from someone called "my mother's mother". A bow tie for my brother and hand-stitched dresses for us girls. But we kids preferred English Christmas cake with white icing that cracked your teeth. Woolly jumpers would have been better; we said. And my brother sulked that the bow tie was guaranteed to get him teased beyond endurance.
.
We had a tin of sweetcorn in the cupboard that had come from a Jamaican parcel. I remember my mum opening it and us kids running around excited. Not because we were keen to try it, but because it was so weird. I tasted a niblet and spat it out, saying it was disgusting. (This was the early 60s -bear with me - salad was exotic.) My dad liked a thing called guava and got all sentimental when he thought of it. I didn't know what it was. But I did know the lyrics of a song that went something like, "Rub it on my belly like guava jelly", and got very embarrassed when he mentioned it again. And both my parents danced about like lunatics when Miss Jamaica won Miss World.
.
I wanted just to fit in and be part of everything that was around me, and these strange parents were holding me back. Then I grew up. More black people emigrated to England from the 50s onwards - from the Caribbean, from Africa. People came from India, Pakistan, Bangladesh, Uganda. People from across the old Empire coming home to the Mother Country. After all, didn't she owe us? Along with this immigration - this safety in numbers - came a new interest for me in the country my parents had left. I was gaining a fledgling sense of pride in having a Jamaican heritage. Tentative at first - Bob Marley records, saying the word "feisty", practising sucking my teeth in front of the bathroom mirror. Until it grew into a need to visit Jamaica.
.
My mum had recently been back after 40 years away. She came home telling me what a bloody awful place it had become. Hot, violent, poor. It was not the place she remembered. She still had family there, but most had now emigrated to America or Canada. My dad didn't want to go back, even to visit He preferred his memories and told me wistfully that he had no one there now - no family, no friends. He had made his home England He didn't want to miss the football. And without much problem he could now get his beloved guavas here.
.
Jamaica is an island where - apart from the aboriginal population, the Arawak - people were brought as slaves or indentured labourers. The white people there owned plantations and their workers. Some worked as overseers, the famously cruel bakra. Jamaica was a place of hard labour. The Jamaica I found was a brochure-beautiful island. A place where the colonists had left but, as we used to say in north London, "they'd taken their ball home with them". Taken the wealth, leaving an economy struggling with debt and trying to diversify so as to compete in a global marketHowever, the jewel in this island for me was my family. In Kingston, they welcomed me like a prodigal daughter. They told me that I looked like a Jamaican, even when I embarrassed them with my English ways - my liking for sitting in the sun, my insistence on making tea in a teapot and shivering in my woolly jumper, complaining about the "Christmas breeze". When I left, I wanted to know more about the people who formed me.
.
It is hard for anyone to research their genealogy; but it is even harder (though not impossible) for someone with my background. Most of the records are incomplete or unavailable at best; destroyed or non-existent at worst. I discovered it would take a great deal of time, patience and expensive travelling for me to put together my definitive family tree. So I did the next best thing. I talked to my mum.
.
It was simple. I asked her to tell me everything she knew about everyone she could remember. My mum claims that when I was little I wasn't interested in her family background. I claim that I asked her all the time, but that she wouldn't tell me. I got the impression that she had come to this country to gain a future, not to dwell on a past. Whatever the truth of it, at some point, thankfully, we merged. I was interested and she was willing to tell.
.
I learned about her grandfather - my great-grandfather - among many others. A man from Scotland who had flame-red hair. A fisherman who could turn his hand to anything and who liked to wash his money every Sunday. What was he doing so far from home in Jamaica? Where was his family? My mum didn't know - she only knew of him. I had to look in the Scottish history books to find that, like a reverse image of my dad's story, many men left the hardships of the Highland life to chance their arm in the Caribbean. This Scottish great-grandfather of mine left behind him the flaming hair, which my brother inherited and which got him teased beyond endurance.
.
My father's father fought in the first world war with the British West Indies Regiment.
.
He was born Jewish. His family had been in Jamaica for generations, but originated from North Africa. My grandfather had "married out", to a woman of Indian/African/Spanish descent and had taken the Christian faith while fighting in the war. His Jewish family disowned him and all his issue.
.
And, further back, my "mother's, mother's, mother's, mother" was born a slave. She had children by her white English master, who probably had several other children by his slave women and by his white English wife. I don't know what happened to him, but maybe some of his other descendants are reading this now.The stories that I learned from my mum I pieced together into what I call a fictional family tree for my novel Fruit Of The Lemon. I tried to place those stories in context -where they belong - at the heart of a history that Jamaica and Britain share. There is a tendency to believe that the recent immigration into this country started by my intrepid dad and others, was where our relationship began. But nothing could be further from the truth. There was an excellent programme on Channel 4 recently about Britain's slave trade, which showed the extent to which many of England's aristocratic families gained their wealth through slavery. Cities such as Bristol and Liverpool were built with the money from the slave trade. What the programme also showed was that not only do black people have ancestors who are white, but also some ordinary British white people are connected by family ties to the black people of the Caribbean or to the estimated 20,000 black people who settled in Britain as a result of the trade.
.
The history of Britain is inextricably linked with that trade, and therefore with somewhere like Jamaica. Indeed, without the trade in slaves Jamaica as we know it would not exist.When you look at family trees - anybody's family tree, people's individual histories, not the winner-takes-all history of nations - the question of identity becomes very complicated. It would be nice and simple if we were all pure. If we all came from where our parents, grandparents and beyond came from. If we all just took on our forefathers' culture. Wouldn't it be nice if we could say that all Africans are black and all English are white? Wouldn't it be simple if, when some racist (as many have done in my time) shouts at me to go back to where I came from, that I got an image of Jamaica in my head instead of thinking that I must go back to minding cars outside the Arsenal? It would make for easy argument - it would help the bigots' cause. We would all fit into our separate boxes, and in times of change, such as those that we are now living through, we could retreat into them and lick our wounds. But it is not like that.
.
Any history book will show that England has never been an exclusive club, but rather a hybrid nation. The effects of the British Empire were personal as well as political. And as the sun has finally set on the Empire, we are now having to face up to all of these realities.
.
Empire is over and, as Britain is being devolved down into its component parts, there is a loss of identity that has settled upon England. Darcus Howe, in his recent Channel 4 programme, White Tribe, went on a journey to find English culture, which so many believe resides only in the white population. Many blamed the multi-cultural nature of England for the country's plight. But this sense of loss was always going to happen - losing something as powerful as an empire will always hurt. It was going to happen even if my dad had not set sail on the Windrush; it was going to happen even if Idi Amin had not expelled the Asian population from Uganda. But perhaps the vitality of multi-culturalism is now the catalyst that is speeding up a necessary period of soul-searching.
.
I am English. Born and bred, as the saying goes. (As far as I can remember, it is born and bred and not born-and-bred-with-avery-long-life-of-white-ancestors-directly-descended-from-Anglo-Saxons.) England is the only society I truly know and sometimes understand. I don't look as the English did in the England of the 30s or before, but being English is my birthright.
.
England is my home. An eccentric place where sometimes I love being English.When I hear that the surge of energy needed after a good television programme is because everyone is getting up to make a cup of tea, it makes me smile. I, too, was there with my teapot after the last episode of Only Fools And Horses. I love that our national dish has become curry. And the view from London's Waterloo Bridge just takes my breath away. I hate being English when I hear what happened to Stephen Lawrence. When every day seems like a battle against racism, and hatred, and the quiet, polite hostility that holds many black and Asian people back from fulfilling their potential. I want to belong to anywhere but this place where I am made to feel like an outsider - not welcome, definitely not welcome at all.
.
Saying that I'm English doesn't mean I want to be assimilated; to take on the majority white culture to the exclusion of all other. (I cannot live without rice and peas. I now dance like a lunatic when Jamaica win anything. And I will always make a noise when moved by emotion.) I will not take up a flag and wave it to intimidate. And being English will not stop me from fighting to live in a country free from racism and social divisiveness.
.
There are many white people here who are appalled that someone like me could be English. And there are many black people with similar backgrounds to mine who do not wish to be called English. But national identity is not a personal issue. It is political. It cannot be decided at the whim of the individual. Englishness must never be allowed to attach itself to ethnicity.
.
The majority of English people are white, but some are not. If we say otherwise, it is in tacit agreement with the idea of racial purity, and we all know where that dangerous myth can lead. Let England, Scotland, Wales and Ireland be nations that are plural and inclusive.
.
Last year, I was in Scotland reading at the Edinburgh Festival. I was telling the audience about my great-grandfather with the flame-red hair. After the reading, a Scottish woman came up to me, held my arm and whispered, "You know, I could just tell you were Scottish."
.
-----
Back to Vetas Digital:

EXPANSION Y CRECIMIENTO DEL SANTO DOMINGO COLONIAL (1670-1795): Dr. Manuel Hernández González



DR. MANUEL HERNÁNDEZ GONZALEZ:
Doctor en Historia y Profesor Titular de Historia de América de la Universidad de La Laguna (Canarias, España). Fue profesor invitado y becario postdoctoral de la Universidad de Johns Hopkins de Baltimore. Es académico correspondiente de las Nacionales de la Historia de Venezuela y República Dominicana y de la Academia Canaria de la Historia. Ha publicado más de cuarenta libros, entre los que se pueden señalar:
.
-La colonización de la frontera dominicana (1680-1795) (Tenerife, 2005), en prensa en Santo Domingo ed. del Archivo General de la Nación y Academia Nacional de la Historia,
-América española (Cultura y vida cotidiana (1763-1898) (Madrid, 2000)
-La emigración canaria a América, 1765-1824 (Tenerife, 1996)-Los Canarios en la Venezuela colonial (1670-1810) (Tenerife, 1999).
-Francisco de Miranda y su ruptura con España (Caracas, 2006; Tenerife, 2006).
-Mujer y vida cotidiana en Canarias en el siglo XVIII.
-La Ilustración en Canarias y su proyeccción en América.
-La religiosidad popular en Canarias en el siglo XVIII.
-Enfermedad y muerte en Canarias en el siglo XVIII.
-La emigración canaria a América a través de la historia.
-Los conventos de La Orotava, etc.

Ha realizado ediciones críticas de más de una veintena de libros de viajeros científicos y más de un centenar de artículos en revistas especializada. Ha ganado cinco premios de investigación histórica.
.
Breve reseña del libro La colonización de la frontera dominicana (1670-1795):
"Este libro, con un amplio acopio de fuentes documentales de archivos españoles, cubanos y dominicanos trata de reconstruir el proceso de fundación de pueblos y su expansión demográfica y económica en la parte española de la región fronteriza con el Santo Domingo francés entre 1680 y el tratado de Basilea por el que España cedió Santo Domingo a Francia. Estudia pormenorizadamente cada uno de ellos desde el puerto de intermediación de Montecristi en el norte hasta Nirgua en el sur, incluyendo los cuatro que hoy en día pertenecen a Haití y que durante la que la colonia explican que la parte española fuera 3/4 partes de la isla y no los 2/3 actuales. Aborda aspectos tanto económicos, como sociales y demográficos, desde la fundación civil y religiosa a la estructura de la propiedad de la tierra, el comercio y las pugnas por su control entre sus elites y la burocracia militar capitalina".
.
EXPANSIÓN Y CRECIMIENTO DEL SANTO DOMINGO COLONIAL (1670-1795)
.
Por MANUEL HERNÁNDEZ GONZÁLEZ.
PROFESOR TITULAR DE HISTORIA DE AMÉRICA DE LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA, Canarias, España.
.
INTRODUCCIÓN.
.
La despoblación de la colonia, el contrabando con navíos de otras potencias en el norte de la isla preocupaban a la Corona. Sin embargo Santo Domingo estaba incomunicado de forma creciente con el monopolio sevillano. Sus vecinos se veían obligados a desarrollar el contrabando de sus cueros por su creciente incomunicación. Para contrarrestarlo la Corona tomó la absurda medida de devastar en 1605 y 1606 las villas de la banda norte de la isla sumiendo a la Española en un estado de postración económica y social. Un censo de ese último año daba unas 3.000 personas blancas para la colonia, mientras que los esclavos se elevaban a 10.859. El miserable estado de la colonia y con ello su despoblación fue cada día más evidente.
.
A mediados de 1654 Oliver Cromwell, Lord Protector de Inglaterra, trazó un vasto plan de ocupación de las islas antillas, cuyo centro de operación sería Santo Domingo. Envío contra ella una poderosa flota naval. Estuvo a punto de caer en manos británicas, pero el plan se frustra.Tras varios reveses, se dirigieron hacia Jamaica que fue ocupada con facilidad. Este hecho fue un serio toque de atención sobre los riesgos que se estaban desarrollando en el área caribeña por su grave despoblación. En la misma isla, la colonización francesa de su vertiente occidental comenzaba poco a poco a convertirse en efectiva. La situación era catastrófica en la década de los 60 con las viruelas, las pestes, las plagas sobre los cacaoteros, que supieron su hundimiento como sector económico de exportación y sobre los conucos de yuca y plátano y un ciclón y un terremoto que sumió a la población en una estado de miseria calamitoso que llevó incluso a una parte de la población hacia la emigración. Según el arzobispo Fernández Navarrete en 1681 apenas contaba con 6.265 habitantes[1]
.
EL GIRO HACIA EL POBLAMIENTO: LA POLÍTICA MIGRATORIA.
.
Paralelamente, tras siglo y medio de espectacular crecimiento, se sienten en Canarias los primeros síntomas de la crisis vinícola, derivados de las consecuencias de la Emancipación de Portugal en 1640, que trajo consigo la pérdida para nuestros vidueños del mercado colonial lusitano y su conversión paulatina en aliado preferente de Gran Bretaña, lo que se traducía en obstáculos serios a sus exportaciones a la metrópoli y sus colonias. Por consiguiente, ante las constantes presiones de la oligarquía mercantil sevillana sobre la continuidad del régimen privilegiado canario de comercio con Indias, las clases dominantes isleñas hacen valer sus recursos humanos para poblar las áreas con grave riesgo de pérdida por su despoblación.
.
En 1663 el Capitán General de Canarias Jerónimo Quiñones propone el poblamiento de Santo Domingo con familias pobres. El cabildo tinerfeño se ofrecía a enviar 100 a lo largo de 10 años, haciendo frente a los gastos con sus propios fondos y con donativos de sus vecinos principales. La Corona en crisis financiera es reacia a financiar tales empresas. En 1669 el cabildo de Santo Domingo y su arzobispo insisten en la necesidad de repoblar el norte de la isla con ellas. Mientras tanto, ante esa falta de iniciativa el crecimiento de la parte francesa era imparable. En 1681 era ya de 7.845 personas, mientras que la de la Española no pasaba de 7.500.Hasta el Reglamento del comercio canario-americano de 1718 las iniciativas de poblamiento corresponden a autoridades locales y a particulares. En 1762 se pone en práctica la propuesta del ayuntamiento tinerfeño. Por esas mismas fechas el de Higüey estaba esperando la llegada de los nuevos pobladores que se reparten entre sus familias en los primeros momentos[2]. Sin embargo el despoblado este del país no será el objetivo prioritario. La capital y el área fronteriza son el destino fundamental.
.
Jalón esencial dentro de ese proceso es la Real Cédula de 1678 que vincula la continuidad del comercio canario-americano al transporte de familias a las islas caribeñas, con especial énfasis a Santo Domingo. Los comerciantes quedan exentos de pagar la alcabala y la avería a cambio de llevar cinco familias de cinco miembros por cada 100 toneladas.
.
Las noticias sobre esta emigración familiar en el último tercio del siglo XVII y primeras décadas del XVIII son bastante confusas y necesitan de un estudio sistemático de las fuentes ante la ausencia de registros precisos. Entre 1680 y 1691 se embarcan para Santo Domingo desde las Canarias 8 buques que, según los protocolos canarios, hacen escala en ese puerto para dejar en él familias.
.
Todo indica que la la migración tuvo cierta entidad. Nos consta por otras fuentes que esa colonización tiene cierta efectividad en una de las regiones más vacías de la isla, el éste. De ella existen topónimos que nos hablan de su impacto, como la laguna de los isleños en Bayaguana o el cruce de los isleños en Higüey. En la primera hay noticias de asentamientos canarios, y en la segunda de un reparto de ellos en la zona denominada la Otra Banda, donde se consolidó una fundación que vertebró un pueblo que ha subsistido como tal hasta fechas bien recientes, los llamado Pata blanca, sinónimo de tal color.
.
A pesar de las hostilidades entre Francia y España, los buques isleños continuaron trasladando familias a Santo Domingo, pero no sabemos su número exacto. En años sucesivos hasta 1735 continuaron llegando, pero es sólo a partir de esas fechas cuando la Corona afronta un esfuerzo decisivo para repoblar Santo Domingo con familias canarias haciéndose cargo no sólo de los costes de su instalación sino con el de una parte de los pasajes. A pesar de su ralentización por la guerra entre 1742 y 1749, se incrementó notablemente hasta 1764, año de la finalización de la política gubernativa de subvención de la migración, en varios miles de personas, aunque hay notoria disparidad en las fuentes entre los informes del Juez de Indias en Canarias y los de los oficiales en Santo Domingo, que certifican su arribada. Según éstos su número bien podría superar las cuatro mil personas, aunque su número total es a todas luces mayor. Como ha referido Gutiérrez Escudero, un análisis más meticuloso de las fuentes, añade cada día más nuevos datos que la reafirman. Los protocolos canarios reafirman más la verosimilitud de tales argumentos[3].
.
Junto con la migración canaria la otra vía de crecimiento demográfico externo fueron la compra de esclavos a los franceses a cambio de la venta de sus reses, cueros, madera y tabaco y la concesión de la libertad a partir de 1677 a los esclavos negros huidos de ella. De esa forma, por un lado, los hacendados, y en menor medida los pequeños agricultores, que vendían sus producciones en Saint Domingue pudieron comprarlos a un precio asequible y por otro los cimarrones se fueron asentando en unas tierras vacías del lado oriental del río Ozama que darían pie a una nueva localidad, San Lorenzo de los Mina, denominada así por ser los primeros negros del grupo mina angoleño. A pesar de los intentos por parte de las autoridades locales de suprimirla, subsistió a lo largo de la centuria, creciendo de forma moderada[4]. El francés Pedron diría de él en 1800 que albergaba “más o menos 300 habitantes, casi todos negros, descendientes de negros refugiados de la parte francesa”[5].
.
LA EXPANSIÓN FUNDACIONAL EN SANTO DOMINGO.
.
Además del SE del país y de la citada población de San Lorenzo de los Mina, como apuntamos con anterioridad, el primer jalón de esa política pobladora fue el de las fundaciones en la frontera, el reforzamiento de la capital del Cibao, Santiago, y la creación en las afueras de Santo Domingo de San Carlos de Tenerife en 1684. Esta última villa, aunque al principio experimentó dificultades y sus vecinos fueron afectados por las epidemias y se vieron obligados a cambiar su ubicación, prosperó como centro abastecedor de productos agrícolas a la capital. Los nuevos pobladores erigieron un templo a su Patrona, una Candelaria notoriamente blanca, que trasladaron desde las Islas, mantuvieron una política endogámica que les distinguió de la abrumadoramente mulata de la capital. Sus milicias fueron de blancos y preservaron su identidad específica hasta entrado el siglo XX. Se llamaron a sí mismos isleños y tuvieron ayuntamiento independiente hasta 1911.
.
Aunque una parte de los inmigrantes se estableció en San Carlos y la capital, donde incluso se conserva en su parroquia periférica de Santa Bárbara una Candelaria blanca a la que daban culto, desde 1690 en que 25 familias fueron agregadas a Santiago en el fértil valle norteño del Cibao, el más rico de la isla, los inmigrantes canarios se dirigirán hacia la región fronteriza y septentrional del país, auspiciados por la política gubernamental de servir de freno a la ocupación francesa y estimulados por las ventajas que para ellos supusieron sus ventas de ganados y tabaco en el Santo Domingo Francés.
.
LA COLONIZACIÓN DE LA FRONTERA
.
Uno de los principales obstáculos que la Corona española tenia para frenar la expansión francesa en la isla era la colonización de la región de frontera. El pueblo de Lares de Guaba, constituido en el siglo XVI, era a mediados del siglo XVII una ruina arqueológica. En 1670 el arzobispo Fray Domingo Fernández Navarrete diría de él que el actual era “moderno” con apenas 182 personas de confesión, incluidos los soldados para su defensa. Había sido destruido por los franceses en 1656 y en 1674” [6].
.
El gobernador Carvajal daba como fecha de su reocupación el año 1664, por lo que debió tratarse de otro nuevo intento de repoblación[7]. Lo cierto es que sólo subsistían unos pocos hateros dedicados a la cría de ganado y a su trasvase y venta al Santo Domingo francés.En 1687 el Capitán General Andrés Robles pormenorizó el traslado “ha muchos años”, en realidad en 1683, de la población desde “la barranca de Cueto a Bánica y Artibonito por razón de los enemigos franceses que ocupan la isla”. En ese poblamiento de 1683 habían intervenido familias canarias, como lo demuestra la composición del cabildo de Bánica de 25 de abril de 1688 [8].
.
Estima que éste era el emplazamiento “más a propósito y conveniente para la seguridad de sus personas y familias”. Sin embargo era una fundación inestable porque a cada poco pedían mudarse al sitio anterior, cogiendo “los santos y la campana”. Seguían manteniendo, a pesar de los riesgos que conllevaba, sus hatos en esa zona, situada a 8 leguas, prácticamente en los límites fronterizos.

.
En caso de guerra estarían perdidos, pero “hoy como hay paces los he dejado en aquella parte, porque, aunque el trato y comercio con los enemigos es común y ordinario con ellos con grande desorden y poca fe, todavía los he dejado estar allí porque detienen los enemigos más cerca de sus poblaciones”[9] . Robles estaba reafirmando así un hecho incontestable, la rentabilidad en épocas de paz de mantener sus ganados en esa zona por el interés que para ellos devengaba su comercio. Precisamente ese sería el motor de la colonización de la zona.
.
En 1687 el cabildo de Banica afirma que el anterior Gobernador les había obligado mudarse a desde la barranca de Cueto a su actual emplazamiento “haciéndonos dejar nuestras labranzas y ganado mayor”. De esa forma dejaban los campos desocupados facilitando la introducción de los franceses, perdiendo “nuestras cortas haciendas que nos alimentan a nuestras mujeres y familias”. En ese sitio “tenemos experiencia de habernos cogido el enemigo por interpresa muerto al cura y a otros, llevándonos las mujeres con otras hostilidades”. El Fiscal señala que Robles había escogido esa fundación por su mejor defensa, aunque reconoce que no era “tan propia para ganado y sementera de labor como lo está el Cueto”.
.
La residencia en ese último punto la ve factible si se refuerza su población, “ya que, además de evitarse la invasión y el riesgo de sus ganados y sementeras, se consigue detener al enemigo” por poblarse más adelante y en mejores campiñas. Sin embargo sus habitantes se reafirman que su lugar de residencia es “en parte estéril y no lleva los frutos de yucas y platanales, que es el pan ordinario de esta isla”, mientras que, por el contrario la barranca de Cueto era “ de mucha fertilidad para nuestra labor y prados bastantes para la crianza de los ganados”Los vecinos se ofrecían para tal refuerzo a sostener 25 familias de las arribadas de Canarias “en tanto que por sus personas puedan ganar de comer”. El Consejo de Indias acepta tal proposición y ordena que en la primera ocasión que se conduzcan se dirijan a ese lugar.
.
En 1691 el gobernador Pérez Caro habla ya de la llegada de esas 25 familias. Se siente satisfecho de la mayor seguridad reinante en la zona con el refuerzo de la tropa en 30 hombres. Los franceses ya desalojaron la zona “pues la tropa ha corrido la tierra bien adentro”[10]. Nuevos envíos de familias canarias darán pie a la fundación en 1704 de Hincha a 8 leguas de Bánica.
.
La lenta consolidación de Banica trajo consigo la presencia de los nuevos pobladores de origen isleño, como Francisco Hernández Torres o José Araujo, familias que desde entonces detentarán sus principales cargos públicos. Pero la confusión jurisdiccional entre Guaba, que sería ya realmente la villa de Hincha, y la propia Bánica es notable. El mismo Charlevoix en las primeras décadas del siglo XVIII diría que “Guaba se compone de 120 casas y tiene 2 compañías de 125 hombres cada una bajo las órdenes de dos alcaldes ordinarios y de dos capitanes de milicias”[11]. El crecimiento de ese nuevo núcleo de Hincha se puede apreciar desde el punto de vista de la advocación religiosa. El cabildo baniquero del último tercio del siglo XVII denomina a su villa de la Concepción de Banica, que será la advocación futura de Hincha. En el XVIII erige como su patrón a San Francisco de Paula.
.
Fue, pues, la fundación con familias canarias de la villa de Hincha, localidad en la actualidad perteneciente a Haití, en 1704 el eje de la expansión en la región fronteriza. Vertebró en torno a sí el dinamismo de una región cuya base de crecimiento era precisamente el intercambio con Saint Domingue. La demanda de ganado para esa economía de plantación azucarera y cafetalera se convirtió en el mayor incitador a su crecimiento, propiciando la formación de un grupo oligárquico local en el que una minoría paulatinamente pudo acceder a poseer esclavos con su compra a cambio de vacas o caballos.
.
Como ha estudiado Jaime Domínguez un grupo elitista de Hincha, con estrechas relaciones de compadrazgo, llegó a ser el propietario de la gran mayoría de los esclavos. Frente a ellos una gran mayoría no contaba ni tan siquiera con uno. 12 individuos acaparaban 62 esclavos de Guinea y 107 bautizados párvulos en la localidad. Sólo tres de ellos tenían más de 30 y el mayor, Juan Bernabé era propietario de 49. De esos hacendados 5 eran mujeres. Sobre 50 poseían sólo 1 y eran centenares los que no los tenían[12]. Lo mismo cabe decir del control del ganado. En 1742 de 138 propietarios, 18 poseían más de 200 cabezas, siendo uno sólo vecino de Santo Domingo y los demás vecinos del pueblo, mientras que 35 tenían entre 100 y 200 y 85 eran dueños de menos de 100. Sólo 2 superaban las mil, siendo José Guzmán uno de ellos. Era propietario de 1.400 en su hato de La Atalaya, que convertirá más tarde en una nueva localidad[13].
.
Las tensiones entre ambos grupos por el control de los pastos comuneros y su énfasis en la privatización eran más que evidentes, como veremos en la fundación de San Rafael de Angostura dentro de su jurisdicción. La demostración de la expansión de Hincha, que ya contaba en 1784 con más de 3.000 personas, se debía al espectacular crecimiento de su cabaña ganadera, ya que la agricultura era para ellos una actividad para la mera subsistencia. La razón era lógica, una vaca que apenas costaba de 2 a 6 pesos en el Santo Domingo español costaba 17 en el francés. La escasez de ganado en ese último era el gran incitador al contrabando fronterizo. Ello explica que Hincha contase con 19.335 cabezas de ganado en 1743, ocupando el segundo lugar del país tras Santiago. En 1772 era ya el primero con 30.000, seguido de El Seibo con 28.000. Tal expansión alcanzó como centro ganadero que en la segunda mitad del siglo XVIII siguió incitando a los isleños a establecerse en él a pesar de su lejanía y dificultades de acceso.
.
A la fundación de Hincha se le uniría en 1733 la de San Juan de la Maguana con hateros próximos, vecinos de Azua e isleños dispersos, política repobladora que fructificó dos años después con la de Neiba en las proximidades del lago Enriquillo. Más hacia el norte, cerca de la bahía de Manzanillo, se dio pie en 1740 a la ayuda de parroquia de Dajabón, primero en Sabana Larga y más tarde en su actual emplazamiento.
.
El notable desarrollo demográfico experimentado en esa región de frontera se explica por el significativo crecimiento de esas familias jóvenes emigrantes trasladadas en plena juventud. Por los datos que se desprenden de un informe de las parroquias dominicanas de 1782 el número de nacimientos, muy alto, doblaba en esas localidades a las muertes. De ello se desprende un número muy alto de miembros de la unidad familiar, que supera en 6´55 en Hincha y llega hasta el de 8´69 en Banica[14]. Esa expansión hatera explica que Dajabón alcance los 1.469 habitantes en 1782, Neiba los 1.427 San Juan de la Maguana los 1.600 y Banica los 2.689, constituyendo con 3.000 Hincha el centro de la región.Las relaciones entre los Santo Domingo francés y español facilitaron que un número notable de isleños se introdujese con facilidad en la parte francesa, en especial en la región de frontera y en el llamado Guárico, sobre todo en Cabo francés, en la actualidad Cabo haitiano, la región que vertebraba en torno a sí la gran economía de plantación esclavista. La documentación francesa incluso da cuenta de que llegaron a naturalizarse para facilitar sus negociaciones.
.
LA REFUNDACIÓN DE PUEBLOS EN EL NORTE DE SANTO DOMINGO
.
Conjuntamente con el impulso poblador de Hincha se inicia en el fértil valle del Cibao la colonización isleña. En la década de los treinta fue de tal calibre que su principal ciudad, Santiago, llegó a contar con dos compañías de milicias canarias. Aunque nunca alcanzaría los parámetros de La Habana, muchos de esos inmigrantes desarrollarían el cultivo del tabaco, que podía ser exportado al Santo Domingo francés, con el que estaba estrechamente conectado el próximo Santiago con la exportación de ganado, o para las cercanas Antillas extranjeras. Esa colonización interior favoreció la formación de un campesinado blanco o mulato claro en áreas de intenso predominio isleño como La Vega o Moca, erigida como tal en 1775 a partir de una capilla de Nuestra Señora del Rosario, los llamados monteros, símbolos rurales de la nacionalidad dominicana. En pleno 1826 el cónsul inglés en Haití Charles Mackenzie reseña que la proporción de blancos y de mulatos es muy considerable y los negros son una robusta y hermosa raza de hombres. No hay una persona rica o al menos quién sería así considerado en otro lado, pero hay grados de riqueza todavía allí”. En la zona extendió la pequeña y mediana propiedad agraria con un bajo número de esclavos.
.
En 1770 247 vecinos eran cultivadores de tabaco apoyados por el trabajo de tan sólo 202 esclavos. La Corona intentó controlar ese recurso a través del Estanco del tabaco, que logró incrementar parcialmente, no sin contradicciones, la producción exportada a la Península. Sin embargo el grueso de ella era vendida en la colonia francesa, conducida directamente por los pequeños cultivadores. En 1800 el francés Pedron estimó que la producción tabaquera en la región Santiago-La Vega se había convertido en el dominio exclusivo de los pequeños parceleros[15]. Las cifras son espectaculares. Santiago superó los 20.000 habitantes en la década de los 70.A partir de la década de los treinta, el comienzo del despegue económico de la República Dominicana, bien visible en su reactivación y en su crecimiento demográfico, se ve por fin estimulado por la política de la Corona que decide asumir el protagonismo de ese proceso con la inversión de gruesas sumas de las rentas del Situado mejicano para proceder a la colonización con canarios de áreas vacías y de gran valor estratégico dentro del territorio dominicano. Financia buena parte de los pasajes de las familias, puesto que otra parte corre a cargo de los navieros, que debían de transportar gratuitamente cincuenta por cada mil toneladas, y la totalidad del costo de su instalación.
.
A partir de esas fechas, y salvo períodos de guerra, bastantes buques isleños cuyo destino era Campeche, La Habana y en alguna ocasión La Guaira, e incluso algunos fletados directamente, transportan a familias isleñas. Se puede apreciar como emigran en gran número incluso calles enteras como las del barrio del Tanque lagunero y se crean cadenas migratorias y conexiones entre los sucesivos grupos de emigrantes, unidos por estrechas relaciones de parentesco. Ya no se emigra por urgencia rumbo a lo desconocido emigrantes sin vínculos en Indias, de áreas e islas sin tales tradiciones. Se divisa mejores posibilidades de futuro, de acceso a niveles de vida y de propiedad dignos que incitan ante la grave crisis insular a emigrar a Santo Domingo en una época en la que comienzan las dificultades de acceder a la tierra en Cuba y Venezuela, que llevan a generalizar la emigración masculina. Familias jóvenes, mujeres desarraigadas con hijos inician la aventura de marchar a un Santo Domingo en el que las informaciones de los inmigrantes ya no son tan negativas como en el pasado. Cuentan con el pasaje gratuito, la financiación de los gastos y la promesa de acceso a la tierra. Unas mayores posibilidades que coinciden también con la gobernación de Rocha Ferrer, hijo de canarios y el episcopado del palmero Álvarez de Abreu.
.
Eje de la nueva política fundacional con familias isleñas fue Puerto Plata en el norte del país. Entre 1736 y 1737 arribaron 46 familias canarias, en total 231 personas, que serían trasladadas a ese puerto con la finalidad de servir de cauce exportador a la región del Cibao y de punto geoestratégico en esa costa devastada a principios del siglo XVII por la miope política gubernamental. Con esas familias se procedió en 1736 a su erección. A las fundadoras se les incorporó en 1738 otras 23 procedentes del navío Venus. Pese a las dificultades, que llevaron a la muerte por la insalubridad a un grupo de sus fundadores, aunque su número se exageraba como era habitual, por parte de los informes gubernamentales, la población prosperó y en 1740 contaba ya con 400 vecinos. Durante la guerra de Sucesión Austriaca, entre 1739 y 1748 fue uno de los puertos a donde los corsarios holandeses y daneses llevaron sus presas. Cultivaron en ella tabaco y cebollas, que exportaron al Santo Domingo francés y a las Antillas extranjeras, además de cerdo salado y mazas para ingenios. Su crecimiento fue considerable, contando con 800 personas en 1772 y 1.804 tan sólo una década después[16].
.
El mayor impulso fundacional se daría en la etapa de gobierno de Rubio Peñaranda. En 1749 una cédula ordenó la erección del puerto de Montecristi en la costa norte de Santo Domingo, en un punto mucho más próximo que Puerto Plata a Haití. En enero de 1752 se trasladaron en unas balandras 139 canarios. Era una región desértica, lo que dificultaba el desarrollo de la agricultura. Con todo significativamente se expandió la ganadería, especialmente la caprina, convirtiendo a esa área, junto a Baní, en las dos zonas en que fue significativa en la isla esa cabaña. Los privilegios concedidos inicialmente como puerto libre motivaron su rápido crecimiento. Se dio pie a la formación de una cierta capa oligarquía que chocaría en su intención de control del poder y de la tierra con otros sectores sociales y con el próximo Dajabón, que dependía civilmente de él. Pero su carácter de puerto a mitad de camino entre la parte francesa y la española catapultaron un cierto desarrollo, como se explica en su punto de partida, 600 habitantes en 1772 y su ascenso a 1.646 una década después. Vivió su época dorada en épocas de guerra al convertirse en centro de intermediación entre Inglaterra y Francia. Declarado puerto de libre comercio se convirtió en el principal de salida de las producciones del Cibao, entre las que el tabaco se convirtió en su ramo prioritario y expansivo. Su posición en las rutas entre Canarias y América explica el establecimiento en él de polizones isleños, como los 80 dejados por el San Antonio en 1780 [17].
.
Una zona en la que Rubio puso especial cuidado fue en la colonización de la estratégica y codiciada Península de Samaná, en la costa noroccidental del país, ocupada en diferentes ocasiones por franceses y filibustero y objeto también de las apetencias británicas. Se inició con familias canarias en 1756 la fundación de la villa de Samaná. En 1783 ya contaba con 215 habitantes, de los que 51 eran párvulos. Aunque una parte de los iniciales fundadores abandonó el lugar, sin embargo, con problemas la fundación arraigó. El principal obstáculo con que contaron los pobladores fue la dificultad de dar salida a sus producciones. Sin capitales para poner en explotación las tierras, alejados y sin medios para comercializarlas, su crecimiento fue lento. No obstante esas familias jóvenes pudieron hijos adultos en elevada proporción. Algunos como los Almeida pudieron adquirir algún esclavo y hacerse con alguna barcaza para comercializar sus productos por mar con las colonias extranjeras. El otro pueblo de la Península creado y colonizado con los canarios, Sabana de la Mar, surgió en 1760. Su núcleo inicial de familias isleñas, prácticamente desconectado del exterior y reducido a una economía de subsistencia, apenas contaba con 251 habitantes en 1782.
.
LA CONTINUIDAD DE LA COLONIZACIÓN FRONTERIZA Y LOS INTENTOS DE FUNDAR O REPOBLAR VILLAS EN EL SUROESTE.
.
Por esas fechas se intentó erigir con familias isleñas una villa en Haina, pero la Corona se opuso. El incremento de isleños desplazados en esos momentos contribuyó a la fundación de nuevas villas en el sur y la región fronteriza, e incluso al fortalecimiento poblacional de otras, como ocurrió en la misma Azua, reforzada con en 1761 con el aporte de varias decenas de familias isleñas, lo que en parte explica su cierto crecimiento que pasa de 879 habitantes en 1760 a 1.646 en 1782. En 1761 tiene lugar la fundación con esos contingentes de San Rafael de la Angostura en la frontera, hoy en día en tierra haitiana. Alguno de ellos como el canario Antonio Febles prosperaron con el comercio clandestino e incluso llegaron a fletar buques corsarios. Pero su avance en la ocupación del territorio tropezaría bien pronto con los intereses del grupo oligárquico de Hincha que reclamaba como suyas sus tierras. Los conflictos entre Hincha y las nuevas poblaciones serán una constante en esta época, lo cual es un testimonio fehaciente de que la tierra valía cada vez más y llevaba a la pugna por su control. El francés Lescallier la describió en 1764 como una población nueva y todavía en formación, en la que “la mayoría de sus habitantes son isleños”. En 1795 Albert diría que era todavía pequeño y pobre en extremo[18]. Su población era en 1782 de 1.079 almas.
.
En 1768 acontece la fundación de Las Caobas, en la actualidad en Haití, a 8 leguas de Banica, pero dentro de su jurisdicción. En 1768 Fernando Espinosa y Miranda, que había tenido notables conflictos con la elite dirigente de Hincha encabezada por José Guzmán, el Barón de La Atalaya, fundador de la localidad del mismo nombre, propuso al Rey fundar una población en ese territorio. En su argumentación declara que su objetivo era contener a los franceses en sus límites con la fundación de esa villa. El vecindario de la población debía de componerse de las familias disponibles y que habitan en los despoblados. Se ofrece a darles una suerte de tierra de labor, unas herramientas y granos para ella y un prado común de crianza .
.
El Gobernador Azlor secunda la proposición de quién era uno de sus más estrechos colaboradores. Señala que era sumamente necesaria para impedir la ocupación de los terrenos que “por tolerancia ocupa la nación francesa y asimismo los sumos costos que ha tenido hasta aquí la Real Hacienda las otras poblaciones que se han fundado de familias isleñas, viendo que esta nueva población no traía ni ocasionaba estipendio alguno al Real Erario”. Lo avala lo considera merecedor de la concesión de un hábito en una de las órdenes militares y el grado y sueldo de teniente coronel de caballería[19].
.
Debemos de tener en cuenta que Azlor hasta ese año siguió recibiendo familias procedentes de Canarias para su establecimiento en la región de frontera, como había acontecido con San Rafael de la Angostura. Pero la creciente prosperidad de la región con el tráfico ganadero hacía más factible su constitución por personas acomodadas como Espinosa o Guzmán, quienes por sus intereses personales ejecutaban las nuevas poblaciones, reclutando a las familias de isleños y a sus descendientes.
.
No es de extrañar que la elite de Hincha recurriera contra ella. En 1771 obtuvo una provisión de la Audiencia, enfrentada con los Gobernadores, por la que se le concedía “dar comisión a la persona de más integridad, celo que imparcialidad que hubiese en la villa de Hincha y sea de su agrado, para que, haciendo información de testigos fidedignos”, se investigue el cumplimiento efectivo de su fundación. Resultaba irónico que la designación recayese en José Guzmán[20].
.
Las Caobas nacieron a partir de las 80 o 90 nuevas familias que dieron pie a ese nuevo pueblo que nació como ayuda de parroquia con el notable crecimiento vegetativo antes apuntado. En 1778 tuvo 46 bautismos frente a 22 entierros. Al año siguiente 60 frente a 25. En 1780, 45 frente a 22. En 1781 61 frente a 10 y finalmente en 1782 la proporción era de 74 frente a 14.
.
En el mismo 1768 sería precisamente ese oligarca de Hincha José Guzmán quien erigía el nuevo pueblo de San Miguel de la Atalaya en territorio hoy haitiano. Por su fundación solicitaría de la Corona el pomposo título de Barón de la Atalaya, único de carácter nobiliario obtenido por la elite dominicana, que le sería otorgado una década después. Su objetivo era al mismo tiempo de propiciar un nuevo establecimiento de colonos consolidar en su entorno bajo su control jurisdiccional una hacienda ganadera de su propiedad. Alcanzó los 1.131 habitantes en 1782. Como los anteriores era todavía pequeño y pobre en extremo. Su crecimiento vegetativo era notable. En 1779 44 bautizos frente a 20 entierros, cifras que mantiene en 1780 y 1781 hasta alcanzar 44 frente a 0 entierros[21].
.
En la colonización de la frontera una parte decisiva de la riqueza se originó con los intercambios con el Santo Domingo francés practicado con total impunidad, a pesar de las prohibiciones, por parte de los pobladores de esas localidades, cuyos alcaldes ordinarios eran a la vez de ejecutores de la justicia los primeros interesados en su tolerancia y estímulo. Frente a esa obvia e incontrolable realidad de los hechos los gobernadores como Pedro Zorrilla en 1741 o Azlor en 1760 estaban interesados en que el tráfico de ganado redundase en un beneficio para la Hacienda pública a la par que redundase en el control efectivo de las autoridades militares directamente dependientes de él. El choque de jurisdicciones entre éstas y los alcaldes ordinarios del conjunto de la región fronteriza fue una constante a lo largo de la centuria. Difícilmente podían controlar los Gobernadores de Armas el paso del ganado efectuado por unas localidades que veían en él no sólo su principal negocio, sino su propia supervivencia.
.
Azlor obtuvo la concesión de la Real Cédula de 20 de julio de 1765 que convertía a éstos en Tenientes de Gobernador, Justicia Mayor y Jueces de comisos de Banica, Hincha y la nueva población de San Rafael de la Angostura, con lo que detentaban también la jurisdicción ordinaria. De ahí que los conflictos entre ambas jurisdicciones se reavivasen, como lo demuestra la jefatura de ese personaje clave que fue Fernando Espinosa, el fundador de Las Caobas, que, con intereses en la zona y amparado en los beneficios del poder que ostentaba, tratará de modificar la situación en su provecho. No era tampoco ajena la disputa entre el Capitán General y la Audiencia, al vincular la autoridad judicial civil en un cargo militar directamente dependiente del Gobierno, por lo que los conflictos jurisdiccionales serían una constante.
.
En 1768 tiene lugar en el sur, en las proximidades de la bahía de Ocoa la villa de Nuestra Señora de Regla de Baní. Constituido a partir de su colonización por hateros canarios, se convertiría con el tiempo en lo que Hostos denominó un auténtico paréntesis étnico en un sur dominicano de predominio mulato. El 80% de la población en torno a 1870 era blanca. Lescallier en 1764 lo describe como erigido a partir de una sabana muy buena comprada por la comunidad a un particular. Dice que él que sus habitantes “no conocen otra cosa que el ganado y de éste tienen mucho. Sin embargo allí se da el tipo de hombre más laborioso de toda la colonia española y el más blanco, aunque fuesen mestizados al principio.
.
Son altos y bien proporcionados y tienen a buena honra no casarse más que con blancas o “mistives”. Muy pocos descienden de los antiguos castellanos. La mayoría procede de las Islas Canarias”[22].
.
Tenía sobre 1.081 habitantes en 1782. De forma paralela se frustra por la oposición regia otro nuevo enclave en la próxima bahía de Ocoa impulsado por el ingeniero Álvarez Barba.Las dificultades por parte de las autoridades gubernativas de asentar a los numerosos contingentes familiares canarios que arribaban a Santo Domingo a comienzos de los 60, que había que alimentar hasta que se procediese a poner en marcha la fundación, lo que era un gravoso coste para el erario público, girado desde México, llevó al Gobernador Azlor a solicitar al Rey la paralización de la recluta en 1764, que secundó La Corona. Tras haberse distribuido los arribados tres años antes en la fundación de San Rafael de la Atalaya y la consolidación de Azua, quedaban en 1763 todavía 292 a la espera de colocación. Una parte de ellos se distribuyeron por el este para reforzar el poblamiento de ese territorio en buena medida vacío. Debemos de tener en cuenta que su lejanía de la frontera francesa era un serio obstáculo para la comercialización de sus producciones. Sólo tímidamente se iniciaría a finales de siglo la extracción de sus valiosas maderas[23]. De ahí que hasta el Tratado de Basilea la población prácticamente permaneciera estancada o tuviera sólo ligeros incrementos.
.
Higüey pasó de los 435 habitantes en 1760 a los 508 de 1782, mientras que en El Seibo se incrementaría de 1.757 a 2.209.La decisión de Azlor no fue casual. Coincidió con la consolidación definitiva del dominio español sobre el este de la isla y con la irrupción de una política de liberalización mercantil en el ámbito antillano evidenciada en la instrucción de 1765 que permitía a las tres islas caribeñas españolas el comercio sin limitaciones con varios puertos españoles.
.
El extraordinario impacto de la migración canaria se puede apreciar en el vertiginoso crecimiento de Santo Domingo entre 1740 y 1760 que llega a doblar su población, que pasa de los 25-30.000 habitantes a los 52-55.000, con un mayor énfasis en las áreas de colonización canaria. La media de miembros por familia era de 6´25, valor elevado, pero llega a un incremento aún mayor en las isleñas con 8´69 en Banica como máxima. Ello explica que tales áreas tuvieran un crecimiento de un 34 por mil. La migración familiar canaria, con su espectacular tasa de natalidad, fue el factor decisivo que explica que Santo Domingo creciese de tal forma y que alcanzase los 100.000 habitantes a comienzos de la década de los 90 del siglo XVIII. No todos los canarios emigrantes eran blancos, los hubo mulatos e incluso negros, como denunciaban las autoridades. En 1732, el Gobernador de Trinidad y Guayana, Bartolomé de Adornate, diría que en esas familias estaban incluidas “mulatas y mujeres rameras, cuya perjudicial y gravosa circunstancia embarazó mucho a la nueva población, por estar a la vista de indios recién convertidos, en los cuales causó el mayor escándalo, no obstante su rusticidad”.
.
Otro tanto diría la Corona sobre Santo Domingo, que criticaba que en 1737 fuese “la mayor parte de gente vagabunda y delincuente y de mujeres viciosas y solteras sin formalidad de familias “. Téngase en cuenta que en Canarias había a finales del siglo XVII una cierta población esclava y los libertos y mestizos eran numerosos en algunas islas, como Gran Canaria[24]. Esta emigración trajo consigo un notable crecimiento de la población blanca o mulata clara, que pasó de ser una ínfima minoría a superar el 30%. Aunque la emigración financiada por la Corona se paralizó, la no regulada continuó, favorecida por la expansión económica y por los vínculos familiares con los ya arraigados.
.
EL LENTO CRECIMIENTO DE LA CAPITAL Y SU ZONA DE INFLUENCIA.
.
Las estadísticas disponibles sobre la capital y la zona de los ingenios, donde se concentraba el grueso de la población esclava del Santo Domingo español nos hablan de un serio estancamiento e incluso de recesión. La capital, sede de la Capitanía General de la isla, del obispado, de las instituciones universitarias, de la mayor parte del clero regular y secular y de la Audiencia caribeña y puerto único de su tráfico legal con la metrópoli hasta el libre comercio, sólo pasó de 8.384 habitantes en 1740 a 10.702 en 1782. Otro tanto ocurría con los Ingenios, que contaban con 1.800 en 1772 y se redujo a 952 en 1782. La vieja elite dominicana estaba anquilosada, descapitalizada, con unos ingenios que sólo servían para el abasto interno y con un núcleo de esclavos muy bajo. Un testigo de 1765 diría que la ciudad “a la verdad es de las más fértiles de todas las de Barlovento, sólo la pereza y la desidia de sus moradores la mantienen en pobreza. Reina la Jamaca y el juego sin inclusión de sexos (...). Está muy poblada, hay muchos caballeros, al menos todos lo quieren parecer, los caudales son cortos, hay muchos mayorazgos, pero pobres; todos se sirven de negros y negras, que le exceden en más de la mitad al número de los blancos”[25]. En 1780 sólo había 9 ingenios y 11 trapiches. Su fuerza de trabajo era menor de 600 hombres. Como se había demostrado en las pugnas sobre las tierras enclavadas en la jurisdicción de San Carlos, su excesivo control por la oligarquía era un serio obstáculo para la expansión de la agricultura. Ya lo preciso Lescalier en 1764: en sus entornos sólo prospera el cacao en plantaciones “recientemente establecidas por algunos fugitivos franceses” dentro de los hatos de tales hacendados”.
.
Frente a ellos “en los alrededores se encuentran algunos ingenios languidecientes y de los cuales salen muy pocas exportaciones”. El obstáculo más notable es que “esta vasta tierra está repartida entre los principales señores de la capital que las explotan y son propietarias de ellas. De esta manera un particular que quiere establecerse aquí tiene la obligación de comprar un terreno que le será vendido muy caro o de alquilar el que sea, haciéndose así el rentero un puro granjero del dueño o señor”[26]
.
La Corona a través de la Compañía de Barcelona y de la instrucción de libre comercio de 1765 trató de desarrollar el tráfico mercantil entre Santo Domingo y la metrópoli, pero era poco viable. La realidad de los hechos se superponía. Ni el sur dominicano podía ofrecerle una oferta de producciones, ni la reducida elite local podía permitirse el lujo de comprar los elevados precios de las importaciones foráneas transportadas desde Cádiz. Frente a ello la libre circulación de contrabando era evidente hasta en la misma capital. Ramos es bien nítido al comparar las diferentes estrategias comerciales: “la Compañía de catalanes vende papel y muy bueno a cinco pesos la resma y que el francés era introducido de mala, pero lo venden a dos pesos y medio y sólo me había arrastrado inconsiderablemente lo barato y que en las tiendas compra uno sólo el papel que necesita, pero en los catalanes ha de comprar precisamente la resma entera (...). Aumentábaseme el temor de verme todo vestido de pies a cabeza de géneros franceses, de aquellos que traen del Guarico de mala, como ellos dicen, y después de ciertas composiciones con los soldados de las puertas de San Lázaro y del Conde los introducen en la Ciudad y los venden públicamente en las Tiendas (...). No habiendo otros géneros en Santo Domingo que franceses, no había otro recurso para no andar desnudo, sino era el vestirse de ellos; además que, vendiéndolos en Tiendas públicas persuaden algún tácito consentimiento de los Superiores y más al ver que con la misma publicidad toman dinero a premio para ir por ellos y los traen y los venden sin la menor reserva, hasta los negritos los introducen como ellos saben”[27].
.
Sin embargo, la elite capitalina siguió creyendo que su problema era la escasez de suministro de esclavos. Se miró en la imagen de prosperidad del Santo Domingo francés y quiso trasladar ese mismo modelo hacia el sur dominicano, que veía perder su peso en un país en el que las áreas expansivas eran la frontera y El Cibao, totalmente desvinculados de su mando hegemónico. De ahí que no fuera casual que esa oligarquía sureña fuera la portaestandarte del Código negro y viese en el renacimiento de la economía de plantación azucarera su panacea. Precisamente fue su cabildo el que propuso la regulación del trabajo esclavo por primera vez en 1768, tratando de sujetarlos y reprimir el cimarronaje, que era mayormente procedente del Santo Domingo francés. Esa actitud se vio reafirmada por una nueva propuesta en 1784. Se creía que la liberalización de la trata abriría una nueva era en Santo Domingo, por lo que era esencial preparar la llegada masiva de esclavos y al mismo tiempo obligar a los negros libres a trabajar en esa agricultura de plantación[28]. Pero obviamente la situación cubana nada tenía que ver con la dominicana. El único cambio significativo en la composición de su elite fue el asentamiento de familias de la burguesía comercial canaria como los Saviñón, los Lousell, los Núñez Loysell, los Monteverde o los Pitaluga.
.
SEDE DE LA AUDIENCIA, DEL REGIMIENTO FIJO, DEL OBISPADO Y DE LA UNIVERSIDAD.
.
La capital fue antes que nada sede de la Capitanía General, del regimiento fijo sostenido con los fondos del situado, de la Audiencia y de la mayor parte del clero. Pocos oidores enlazaron con familias dominicanas. Era siempre una Audiencia de paso, punta de lanza hacia su promoción en otras de mayor peso. Muchos estuvieron en ella el mínimo tiempo que les fue posible. Pero la mejora económica del área caribeña, con el auge de Cuba y Venezuela y la cierta recuperación de Santo Domingo contribuyó a ampliar los abogados capitalinos, que vivían de la defensa de tales pleitos.
.
Esa mejoría se puede apreciar en “el renacimiento” de la misma Universidad de Santo Tomás, la única tras la supresión en 1767 de la de Gorjón con la expulsión de los jesuitas. Sus primeros documentos conservados eran en 1782 de 1718, lo que era demostrativo de la profunda decadencia y de la pésima gestión interna hasta ese momento. La contraposición entre la orientación ideológica de la Universidad dominica y el clero secular, se dio también en Santo Domingo. Testimonio de esas controversias entre el clero secular y los dominicos fue el rectorado del cura de la Catedral de Santo Domingo Nicolás Antonio Valenzuela, apoyado y estimulado por el Arzobispo Rodríguez Lorenzo.
.
El control de las cátedras considerada como claves por los dominicos y las limitaciones a la libertad de pensamiento en la de Filosofía desempeñada por un secular llevaron a éste y a sus sucesores seculares a promover la reforma. La instauración de un seminario conciliarse materializó mucho más tardíamente en el último lustro del dominio colonial español. El arzobispo Rodríguez Lorenzo, tras comprobar que la mayoría de los candidatos a recibir las órdenes sagradas no habían pasado el examen de latín, se había negado a ordenarlos. En 1774 había propuesto al Rey la prohibición de su enseñanza al clero regular, si bien su petición no fue aceptada. Era un hecho sintomático de esa nueva mentalidad. En 1778 se permitió el establecimiento del Seminario Conciliar en los edificios y con los fondos de los jesuitas expulsos. Aunque sólo se abrió en 1792, facilitó la apertura de una clase de gramática en 1786 bajo la regencia de Juan Ramón Franco[29].
.
Con todo el clero era escaso y estaba abrumadoramente concentrado en la capital. Aunque las rentas del arzobispado habían aumentado, pasando de 1.800 pesos anuales a los 10.000 del gobierno de Rodríguez Lorenzo, seguía siendo poco apetecible. Su cabildo catedralicio de 5 dignidades, 5 canonjías de merced y tres raciones cobraba sueldos muy bajos comparados con otras regiones, aunque muy superiores a los de los curas. Mientras que era de 1.043 pesos anuales, el promedio de los curas oscilaba entre 100 y 180 pesos. En 1739 de 247 clérigos, 192 residían en la capital. A pesar del crecimiento de los seculares predominaban los regulares, 126 hombres y 48 mujeres frente a sólo 73. la escasez de sacerdotes en el campo era una constante[30].
.
Exponente de esa realidad capitalina era el batallón fijo de infantería financiado por el situado Creado en 1738, vio aumentar su número de plazas a 847. Sin embargo nunca estuvo completo. A diferencia de otras guarniciones, que suponían una vía migratoria de varones procedentes de la Península y Canarias, la mayoría de sus soldados eran autóctonos. Así en 1777, 293 eran de ese origen, el 43´2% frente a 283 españoles, el 39´68, 182 americanos (20´5) y 45 extranjeros. No cabe duda que no era un destino cotizado para las tropas regulares españolas por depender de unos situados que no llegaban a tiempo.
.
------

[1] . RODRÍGUEZ DEMORIZI, E. Relaciones históricas de Santo Domingo. Santo Domingo, 1957. tomo III, pp.20-25.

[2] . Archivo General de Indias (A.G.I) Santo Domingo (SD), 303. Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, Real Audiencia, Libro III de Reales Órdenes. Real Provisión de 28 de marzo de 1672. Archivo General de la Nación. Higuey. Actas de Cabildo abierto de 22 de agosto de 1672, reprod. en POLANCO BRITO, Hugo. Historia de Salvaleón de Higüey. Santo Domingo, 1994. pp.64-66.

[3] . Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife (A.H.P.T. ) Protocolos. GUTIÉRREZ ESCUDERO, A. “Nuevas consideraciones sobre la inmigración canaria en Santo Domingo en el siglo XVIII”. X Coloquio de Historia canario-americana. Las Palmas, 1994. Tomo I, pp.455-466.[4] . DEIVE, C.E. Los guerrilleros negros. Esclavos fugitivos y cimarrones en Santo Domingo. Santo Domingo, 1989.

[5] . RODRÍGUEZ DEMORIZI, E. La Era de Francia en Santo Domingo. Contribución a su estudio. Santo Domingo, 1955. p.188.

[6] . RODRÍGUEZ DEMORIZI, E. Relaciones históricas de Santo Domingo. Santo Domingo, 1957. Tomo III, p.16. Un estudio detallado de la colonización fronteriza en HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M. La colonización de la frontera dominicana (1680-1795). Tenerife, 2005 (en prensa 2ª ed. En Santo Domingo, por el Archivo General de la Nación y la Academia de la Historia.

[7] . Cit en “Colección Lugo”. Boletín del Archivo General de la Nación VIII. Santo Domingo, 1945. p.23.

[8] . A.G.I., SD 65. Villa de la Concepción de Banica, 25 de abril de 1688. Estaba compuesto por Pedro Familias, Pedro Arias, Juan Méndez, Bartolomé de los Reyes, Esteban Francisco, Juan Moreno, Pedro de los Reyes, Blas de los Reyes, Francisco Martín, Juan Matías, Gabriel García y Pedro Simeón.

[9] . A.G.I. SD 65. Carta de Andrés Robles, 15 de mayo de 1687.

[10] . A.G.I. SD 65. 21 de mayo de 1691.

[11] . CHARLEVOIX, P.F.X. Historia de la isla Española o de Santo Domingo. Santo Domingo, 1977. tomo II, p.384.

[12] . DOMÍNGUEZ, J. “Religiosidad y esclavitud en una comunidad canaria”. XII Coloquio de Historia canario-americana (1996). Las Palmas, 1998. Tomo II, pp. 465-480.

[13] . A.G.I. SD 314.

[14] . A.G.I. SD 988. Sobre la demografía del siglo XVIII dominicano, véase, GUTIÉRREZ ESCUDERO, A. Población y economía en Santo Domingo (1700-1746). Sevilla, 1985 y SEVILLA SOLER, M.R. Santo Domingo, tierra de frontera (1750-1795). Sevilla, 1980.

[15] . MACKENZIE, C. Notes on Haiti made during a residence in that republic. Londres, 1971. Vol. 1. pp.213-214.

CASSA, R. Historia social y económica de la República Dominicana. Santo Domingo, 1989. TomoI.RODRÍGUEZ DEMORIZI, E. La Era de Francia... p. 171.

BAUD, M. “El surgimiento de un campesinado criollo. La producción tabacalera en la Española, 1500-1870”. Ecos nº5. Santo Domingo, 1996. pp.9-40.

GUTIÉRREZ ESCUDERO, A. “El tabaco en Santo Domingo y su exportación a Sevilla (época colonial)”.

En VILA VILLAR, E. KUETHE, A. J. Relaciones de poder y comercio colonial. Nuevas perspectivas. Sevilla, 1999. pp.117-142.

[16] . Sobre la refundación de Puerto Plata véase, RODRÍGUEZ DEMORIZI, E. Nueva fundación de Puerto Plata. Santo Domingo, 1975.

[17] . A.G.I. SD 988.

[18]. RODRÍGUEZ DEMORIZI, E. Viajeros franceses en Santo Domingo. Santo Domingo, 1979. pp. 29 y 83.16. A.G.I. SD 979. 31 de mayo de 1768.

[20] . Archivo Nacional de Cuba (A.N.C.). Audiencia de Santo Domingo. Leg. 56 nº8.

[21] . A.G.I. SD 988.

[22] . RODRÍGUEZ DEMORIZI, E. Viajeros... pp.24-25.

[23]. HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M. “La vida cotidiana en un pueblo de bohíos: Higüey en los siglos XVII yXVIII”. Clío. Santo Domingo, 2003.

WIDMER SENNHAUSER, R. “El Higuey en el siglo XVIII. Los inicios de la industria maderera en Santo Domingo (1780-1800)”. Estudios Sociales. Santo Domingo, 2001. Pp. 62-78.

[24] . A.G.I., Santo Domingo, 648 y 1020.

HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M. “La otra emigración canaria a América: negros y mulatos, libres y esclavos (1670-1820)”. Revista de Historia Canaria nº184. La Laguna, 2002. Pp.181-198.

En 1677 Las Palmas creó una compañía de milicias de negros y mulatos libres, “de los que hay muchos en esta isla”, bajo el mando de “un negro libre y cristiano viejo, Juan Felipe Liria”, originario de Tirajana, donde, “desde la conquista de la isla se conservan negros libres de mucha verdad y fidelidad”. Se hallaron 648 negros, que “con los mulatos esclavos, criollos y advenedizos eran un total de 6.478”.

[25] . RAMOS MARRERO, M.A. Viaje a las Antillas. Edición y estudio crítico de Manuel Hernández González (en prensa).

[26] . RODRÍGUEZ DEMORIZI, E. Viajeros... pp. 15-16.

[27]. RAMOS MARRERO, M.A. Op. Cit.25.

LUCENA SALMORAL, M. Los códigos negros de la América española. Alcalá, 1996.

MALAGÓN BARCELÓ, J. Código negro carolino (1784. Código de legislación para el gobierno moral, político y económico de los negros de La Española. Santo Domingo, 1974.

[29] . Cipriano de UTRERA. Universidades de Santiago de la Paz y de Santo Tomás de Aquino. Santo Domingo, 1932. Pp. 448-449.

HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M. “Ilustración y Universidad en Santo Domingo durante la segunda mitad del siglo XVIII”. En VERA DE FLACHS, M.C. Universidad e Ilustración en América. Nuevas perspectivas. Córdoba (Argentina), 2002. pp.57-72.

30. PÉREZ MEMÉN, F. La Iglesia y el Estado en Santo Domingo (1700-1853). Santo Domingo, 1997. pp.33, 36 y 50-51.

.

------

Ir a la portada de Vetas Digital:

Free Counter
hit Counter BloGalaxia